Viernes, 14 Octubre 2016 00:00 Justicia

El primer juicio de odio racial en Ecuador concluyó con sentencia contra militar

El primer juicio de odio racial en Ecuador concluyó con sentencia contra militar

El fallo obligó a las Fuerzas Armadas a pedir disculpas públicas en una ceremonia al excadete Michael Arce Méndez y publicar el documento en su portal web y demás medios electrónicos.

Redacción Justicia

El sueño de llegar a convertirse en el primer general negro del Ejército Ecuatoriano, acunado por muchos años, terminó abruptamente en tres meses para Michael Andrés Arce Méndez, de 20 años. Un oficial a cargo de su entrenamiento lo maltrató física y psicológicamente, lo discriminó y humilló delante de sus compañeros.

Después de incorporarse de bachiller en el colegio Mejía, el joven Arce, entonces de 19 años, pasó los exámenes superando a unos 1.800 aspirantes en rigurosas pruebas físicas, psicológicas y académicas, e ingresó en octubre de 2011 a la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro (Esmil), que se hizo famosa porque mucho tiempo entrenó allí la Selección Ecuatoriana de Fútbol, especialmente en sus clasificaciones a los mundiales de 2002 y 2006.

En Ecuador, el delito de odio racial no tenía sentencia como antecedente, a pesar de que se lo incluyó en el Código Penal en 1979 para cumplir los compromisos internacionales al adoptar la Convención de Naciones Unidas para la Eliminación de todas las formas de discriminación racial, y ahora está en el artículo 177 del Código Orgánico Integral Penal (COIP).

Durante 37 años no se condenó a nadie por este delito y lo más cercano fue el caso del policía César Mina Bonilla, tratado por un teniente coronel como “negro de m...”. Las batallas legales pasaron por la Corte Provincial de Justicia de Santo Domingo de los Tsáchilas, que declaró sobreseído al acusado, la Corte Constitucional dispuso que el proceso regrese a la Corte Provincial para que enmiende su error, pero el caso se declaró prescrito.

Arce estuvo tres meses en la fuerza terrestre, pero los malos tratos, físicos y psicológicos dados por el teniente Fernando Encalada lo empujaron a renunciar. Las agresiones descritas que sufrió entre el 2 de octubre y el 26 de noviembre de 2011, fecha en que tuvo que retirarse de la Esmil.

Las agresiones no eran parte de los ‘teques’, como se conoce en el argot castrense ciertos castigos, algunos habituales que son impuestos a los cadetes en el marco de su dura formación militar y aún no se ajustaban a la reglamentación de las Fuerzas Armadas, sino que fueron ejecutados arbitrariamente por el instructor, contra Arce.

Siempre hacía alusión a su raza e instigaba a sus compañeros a adoptar una actitud de discriminación y maltrato frente a él, incluso con sanciones al grupo para que esta circunstancia sea generadora de odio contra el joven negro.

Angustiado, Arce pidió la baja y presentó su caso en la Defensoría del Pueblo sumido en gran decepción. La Fiscalía respondió e inició la indagación previa el 21 de mayo de 2012, tomando como base el informe de la Defensoría del Pueblo, el cual relataba que Arce fue obligado a realizar “actividades extenuantes y que iban contra su propia dignidad por el simple hecho de ser afrodescendiente”.

Entre tantos maltratos mencionados, indicaba el documento que un grupo de compañeros de Arce  formó un círculo y lo pusieron en el centro mientras los cadetes le rociaban gas lacrimógeno en los ojos, o participaba en peleas de box contra cinco cadetes a la vez. En otras ocasiones, lo obligaban a comer en el piso o parado; le daban 30 segundos para el almuerzo o lo dejaban sin alimento. En el informe sociológico se definió la posición de la institución castrense en relación a los grupos afroecuatorianos, que apoyaba el no ingreso de ellos a esta institución.

Tres años duró la lucha jurídica

Y surgió una larga lucha judicial de tres años y con cuatro instancias (juicio penal, apelación, nulidad constitucional y nueva apelación), hasta que el martes 5 de julio de 2016, la justicia de Ecuador volvió a escuchar los fundamentos del recurso de casación, el último jurídicamente posible, presentado por la Esmil contra la sentencia que declaró en marzo de 2016 que Michael Arce Méndez fue víctima de odio racial por su oficial instructor.

El 27 de diciembre de 2013, el Tribunal Séptimo de Garantías Penales de Pichincha declaró la inocencia de Encalada. No obstante, la Fiscalía presentó la prueba testimonial y las pericias de dos expertos que realizaron estudios psicosociales, donde se resaltaron estereotipos y prejuicios contra el pueblo afroecuatoriano que incluye expresiones como “vago, sucio y pobre” y sus significados como delitos de odio racial.

En audiencia de apelación y nulidad a la sentencia, la fiscal Gina Gómez de la Torre explicó que los jueces que sobreseyeron al militar no valoraron las pruebas, entre las que se encontraban el informe de la Defensoría del Pueblo, testimonios de cadetes que presenciaron el odio racial hacia Arce, más los informes de varios psicólogos.

Además, detalló que la víctima tenía más horas de guardia que el resto de sus compañeros, tampoco le proporcionaban los mismos alimentos que recibían los otros cadetes, sin contar los insultos permanentes que hacían alusión a su origen étnico.

La sentencia histórica

El 19 de noviembre de 2015 llegó la nueva sentencia, en la que el teniente de la Escuela Superior Militar, Encalada, fue declarado culpable de odio racial y el castigo se fijó en 5 meses y 4 días de pena privativa de libertad, más la cancelación de daños, perjuicios y costas procesales. Además, como reparación integral a la víctima, la Esmil tuvo que pedir disculpas públicas en el marco de una ceremonia militar a Michael Arce; mientras que las Fuerzas Armadas tuvieron que publicar la sentencia en su portal electrónico y en todos sus medios de difusión oficial.

En el fallo, ratificado el 5 de julio de 2016 en audiencia de casación, también se determinó que Arce y Encalada reciban tratamiento psicológico. El joven Michael Arce Méndez aceptó las disculpas y espera que este tipo de casos no se vuelvan a repetir y continuó sus estudios, con una beca académica completa que ganó para estudiar la carrera de Educación. (I)

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