Miércoles, 16 Noviembre 2016 00:00 Justicia

Brandon: "La libertad tiene forma; huele y sabe a pan"

La actividad en el taller de panificación es incesante. Los internos que trabajan allí elaboran pan para el consumo interno y reciben un sueldo básico unificado.
La actividad en el taller de panificación es incesante. Los internos que trabajan allí elaboran pan para el consumo interno y reciben un sueldo básico unificado. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

En los talleres productivos de panadería, textil y maquila, en el centro de rehabilitación social de Cotopaxi, sus integrantes reciben remuneración.

Carlos Novoa

Pese al sofocante calor, penetrante olor a levadura y fuerte ruido de máquinas, Brandon luce una sonrisa ‘de oreja a oreja’. Con sus manos impregnadas de harina y bailando al son de una cumbia que apenas se filtra por las gruesas paredes de su amplio taller, abre presuroso la puerta.

Una fría ráfaga de viento refresca su sudoroso rostro, no así su cuerpo, pues lo esconde tras el portón a fin de evitar una descompensación térmica. “Adelante. Bienvenidos a mi refugio escondido, al lugar donde los sueños no tienen final y la libertad tiene forma; huele y sabe a pan”, menciona sin desdibujar su sonrisa.

El ruido de los hornos y de la  fricción de bandejas de metal parece no afectarle, mientras que sus visitantes se tapan los oídos y ventilan sus rostros como pueden.

Otros tres hombres de diferentes edades ayudan a Brandon, quien tiene 21 años en las labores de este particular taller de panificación. Ellos también sonríen  y hasta cantan, mientras dan diferentes formas  a una gran masa de harina que reposa sobre una mesa de metal.

A simple vista esta es la descripción de una panadería común y corriente, pero no es así. Se trata del taller de panificación del centro de rehabilitación social (CRS) de Cotopaxi, ubicado a 10 minutos del centro de Latacunga.  

Pero, ¿qué hace de este lugar uno de los más alegres y animados del centro penitenciario? “El trabajo, amigo mío, el trabajo”, responde Brandon.

Recorrido por el centro

Al igual que en la panadería, en los demás talleres productivos del penal, como el textil, de carpintería o agricultura, el ambiente es similar.

Estas actividades se desarrollan desde 2014, año en que los internos de varios penales de la región empezaron a llegar al CRS Cotopaxi. El objetivo es fomentar entre las personas privadas de la libertad (PPL) el valor del trabajo diario y capacitarlas para una reinserción efectiva.

Para Luis Granda, encargado del área laboral del penal, cuando ellos salgan del centro podrán desempeñarse como panaderos, carpinteros, maquiladores o en otras ocupaciones.

Incluso -dijo-, antes de recuperar la libertad, Brandon ya se beneficia de la instrucción que recibe en el taller de panadería. Por sus labores él recibe un salario básico unificado, es decir $ 366 cada mes, 14 pagos al año, y afiliación al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.

Talleres variados

La costura es uno de los oficios en el que las mujeres no solo distraen su mente, sino que además trabajan por una remuneración. Alis, interna de 40 años, aprendió corte y confección en el penal. “El taller textil siempre está lleno de internas de todas las edades. Trabajamos con empresas de Pelileo, cantón especializado en fabricación de prendas de vestir, especialmente de jeans, gracias a lo cual percibimos una pequeña remuneración que nos ayuda a vivir dignamente”.

Precisamente, este material es el que más se usa en el curso de maquila de la etapa de mujeres.

Norma, de 49 años, es otra de las internas a las que la reclusión no le ha impedido desarrollarse en varias áreas. “Entre ellas la emocional. Si bien la gran mayoría de quienes estamos aquí hemos llegado por errores de  nuestro pasado, hoy, gracias a la ayuda psicológica, hemos superado conflictos internos y mejorado las relaciones entre compañeras”.

Desarrollo de la locución

La radio es la herramienta de comunicación de las personas privadas de la libertad con el público, y eso es lo que se impulsa en el centro regional Cotopaxi.  

Cristina, privada de la libertad de 33 años, es la promotora del proyecto radial. La producción de los segmentos le ha ayudado -al igual que a los 4 integrantes del proyecto- a desarrollar su creatividad. “El único requisito para hacer radio es buena voluntad, característica que los integrantes del grupo tenemos. Gracias a las ondas radiofónicas llegamos a varios puntos del país y expresamos inquietudes, ideas y puntos de vista sobre temas variados y de entretenimiento”. (I)

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