Sábado, 26 Agosto 2017 00:00 Guayaquil

El personaje

"Trabajo por este país que me acogió"

"Trabajo por este país  que me acogió"

Juan Antonio Zarramero, comerciante de arepas

Redacción País Adentro

Todos los días lleva su gorra y una chompa con los colores de la bandera de Venezuela para trabajar.

Juan Antonio Zarramero Infante, de 67 años, se dedica a la venta de las famosas arepas venezolanas. Se ubica en las afueras de la  Universidad Estatal de Milagro, (Unemi) en el cantón Milagro, provincia del Guayas.

Vive junto a su esposa, Betty Leonor López, de 60 años, y su hija, Cristina Zarramero, de 35 años, en Naranjito.

Llegaron a Ecuador hace dos meses y la situación ha sido difícil porque su otra hija, Leonor Zarramero, de 33 años, está en Venezuela.

“Me llena de tristeza saber que mi hija está sola en casa, y no con nosotros”.

De lunes a viernes  se levanta a las 04:00  junto a su esposa para preparar las arepas de pollo, carne o mixta que contienen huevo revuelto, salchicha y jamón. Las vende a $ 1.

Betty ayuda a cubrir las arepas con papel aluminio y a meterlas en el “carrito” como le dice Juan, para salir a trabajar a Milagro.

“El nieto de mi esposa me dijo que venda las arepas en las afueras de la universidad, y doy gracias a Dios porque me ha ido bien. Los estudiantes vienen a probar mis arepas”.

Vende 20 arepas al día, y aunque no gana lo suficiente, no es un impedimento para seguir luchando por su familia.

Cuenta que hace 12 años trabajaba junto a su esposa en el comercio de champú, acondicionador y maquillaje.

Sin embargo, debido a la escasez de mercadería, tuvieron que dedicarse a la venta de comida rápida en Venezuela.

Betty también se dedica a vender arepas y donas en el cantón Naranjito. Dice que seguirá luchando por la vida de su esposo e hijas.

Asimismo Solange Rondón Rodríguez, de 27 años, y Luis Alberto López Navarro de 56 años, quienes laboran también fuera de la universidad comentan que Zarramero es un hombre humilde y que siempre atiende bien a los clientes que desean probar arepas.

Para Rondón, Zamarredo es como un hermano. Ambos vivieron en la parroquia 23 de Enero, en Caracas, y aunque no se conocieron en Venezuela, lo hicieron en Ecuador.

Yolanda Aguilera, una estudiante de la Unemi, asegura que más allá de la buena sazón que tienen las arepas. El trato que reciben del venezolano la hace regresar en busca de más arepas.

“Es un hombre de buenos modales. Que trata bien a sus clientes. Eso, sumado al buen sabor, ha hecho que las arepas sean las favoritas de los comensales”.

Lorena Ronquillo también se declara cliente. Dice que compra todos los días porque le gustan a su familia”. (I)

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