Sábado, 11 Febrero 2017 00:00 Guayaquil

Madera fina para retratar en alto relieve la vida del dauleño

El artista, de 56 años, tiene docenas de trabajos sobre las actividades de sus coterráneos.
El artista, de 56 años, tiene docenas de trabajos sobre las actividades de sus coterráneos. Foto: Karly Torres / El Telégrafo
Edward Lara Ponce

El olor a madera se percibe en el barrio Banife, del cantón Daule. Ahí César Martínez Magallanes, desde hace más de 30 años, retrata a sus coterráneos y sus tradiciones.

Martínez se detiene en el tiempo para crear imágenes en cuadros  bien trabajados. Une con sus manos, sin pinceles ni artefactos modernos, trozos más pequeños de madera tallada.  

La taracea, técnica de origen sumerio que los españoles trajeron a Ecuador, es la que utiliza este dauleño de 56 años en las calles Malecón y Molina Arroyo, sitio donde está su casa y su taller.

La figura artística referencial fue  su padre César Martínez (+), quien como ebanista colocaba figuras o letras sobre las obras (muebles, camas o sillas). Eso le pedían los clientes. Además, fue su mentor.

Con el paso de los años, los recuerdos se han guardado. No olvida a su padre y, sobre la misma mesa en la que él trabajó, sigue con sus proyectos de carpintería.     

Vender cuadros no es su objetivo, aunque le hacen algunos encargos durante el año y con ello sustenta la economía de su familia conformada por su esposa y 4 hijos.

“Cada obra tiene algo de mi corazón y de mi espíritu, por eso me es difícil desprenderme de alguna obra. Solo por los nacimientos de mis sobrinos he regalado cuadros”.

Martínez asegura ser un ebanista ‘ocasional’ que hace pocos años dejó otro tipo de arte, la enseñanza, tras alejarse de las aulas en el cantón Salitre, donde fue maestro y formó a decenas de niños y jóvenes.

Logros alcanzados

El arte no se debe ocultar, comenta el ‘Tío Marciano’, como llaman los amigos y familiares a César, quien para 2010 participó en un taller de taracea que organizó el Ministerio de Cultura. “En ese curso conocí que lo que había aprendido y practicado durante años era una técnica árabe”, refiere Martínez.

De aquel evento pasaron pocos meses y para 2011 el ebanista expuso 15 cuadros en el parque central de Daule. Fue su primera presentación en la que destacó la cotidianidad de los dauleños, en especial en su cuadro sobre la peregrinación de la santa Narcisa de Jesús y la procesión fluvial del Cristo Negro.

Con los años, algunas personas buscaron ser parte de este arte a quienes Martínez no se negó a enseñar. “Puedo indicarles la técnica, pero el talento lo pone cada persona, es decir, este es un aprendizaje que dura toda la vida”.

En 2013 el Ministerio de Relaciones Exteriores lo llevó hasta Quito para hacer una muestra de sus trabajos en un encuentro nacional de montuvios.

Martínez no descarta que en este 2017 se abran las puertas para una nueva edición con el fin de  presentar sus cuadros con su propio estilo y forma.

La selección de la madera no es cualquier cosa. Martínez busca en casas viejas maderas que con los años adquieren tonalidades. Únicas y especiales que permiten tener variedad a la hora de trabajar.

“Busco madera que no sea suave, en ocasiones hay viviendas que por su vetustez o modernidad han sido derribadas por sus dueños, entonces ahí seguro me encontrarán rebuscando. En otras ocasiones, amigos llevan al taller el material que saben que me va a servir para lo que hago”.

Este proceso se completa con la confección de planos, que luego usa para realizar sus obras temáticas en las que usa los distintos colores de las maderas recolectadas. Muchas las mantiene al natural.  

Martínez, en su taller en el que el  olor a madera abunda (laurel, guayacán, amarillo, bálsamo, pechiche y roble), continúa construyendo las historias de los dauleños, quienes tienen a un testigo silencioso, dueño de un arte milenario y que aspira a crear un museo que trascienda las fronteras. (I)

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