Sábado, 05 Noviembre 2016 00:00 Guayaquil

Las 'costuras mágicas' de Vicente Merchán

Los esposos Vicente Merchán y Elizabeth Jiménez laboran desde las 07:00 hasta las 22:00.
Los esposos Vicente Merchán y Elizabeth Jiménez laboran desde las 07:00 hasta las 22:00. Foto: Eduardo Escobar / El Telégrafo

La actividad artesanal la heredó de su padre y abuelo. Dos de sus hijos también ejercen el antiguo oficio.

Redacción País Adentro

Antes de que los cantos de los gallos inunden este barrio, el Cisne 2, al suroeste de Guayaquil, Vicente Merchán y Elizabeth Jiménez ya están de pie. Desde las 06:00 se alistan para salir al mercado a realizar las compras y dejar todo listo para empezar una jornada de trabajo. A Merchán, de 51 años, el oficio le viene por las venas. Hijo de padre sastre y madre costurera, creció en medio de telas, botones, máquinas y agujas.

Recuerda que cuando arribó de su natal Paján, provincia de Manabí junto a su familia llegó con deseos de estudiar, pero poco a poco se interesó por la costura.

Primero aprendió a pegar botones y a hacer bastas de pantalones.

Un día un primo de su padre llegó a su casa para aprender el oficio. “Se iba a acuartelar y quería llegar con conocimientos de sastrería. Ese día decidí seguir la tradición de mi padre y de mi abuelo”.

La tradición sigue

Trabajó con su padre durante muchos años pero luego se independizó. Empezó con una máquina casera pero su constancia hizo que antes de cumplir un año compre 4 máquinas industriales con las que trabaja junto a su esposa, Elizabeth Jiménez. Aunque ambos vienen de compromisos anteriores no han perdido el deseo de superación.

Hace 5 años compraron un terreno en la Ch y la Octava en donde viven en compañía de su hija de 3 años. Aunque tiene una vista privilegiada del estero Salado, Merchán asegura que esos terrenos están próximos a ser desalojados y que por ello no ha invertido en su casa. “Pensé hacerla de cemento, pero nadie desea invertir porque se rumora que toda la cuadra saldrá para dar paso a un malecón”.

Merchán está acostumbrado a trabajar bajo presión. En 2 horas puede hacer un pantalón sin problema. Cuenta que trabaja bajo pedido con algunas empresas. “Me gusta que me den las telas y yo armo. Otras empresas dan la tela cortada para facilitar el trabajo”.

Tanto Merchán como su esposa reconocen que la situación económica no es la mejor, pero son optimistas. “Hemos vividos tiempos complicados en décadas pasadas”.

En su barriada todos reconocen el trabajo de esta pareja. Los califican como buenos obreros. Ellos no se envanecen de aquello y prefieren seguir cosiendo. Saben que no deben detenerse. (I)

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