Jueves, 17 Noviembre 2016 00:00 Guayaquil

El vendedor trilingüe que trabaja en San Francisco

En su local alguna vez le vendió un diario al expresidente Jaime Roldós Aguilera y conoció a Julio Jaramillo.
En su local alguna vez le vendió un diario al expresidente Jaime Roldós Aguilera y conoció a Julio Jaramillo. Foto: cortesía:Stéfany Zavala

Sus estadías por 3 países, más la autoeducación que tiene, le han permitido aprender los idiomas.

Stefanny Zavala. Estudiante de la UIDE

Sentir la calidez humana no tiene precio, la amabilidad y la educación son dos de las características de este guayaquileño de corazón. Así es Rómulo Betancourth, un comerciante de 54 años que en 1970 se inició como vendedor de periódicos junto con su mamá y 9 hermanos en 9 de Octubre y Córdova (atrás de la iglesia de San Francisco). Recuerda que a los 8 años, a las 05:00, empezaba el recorrido con  sus hermanos. Subían el Cerro del Carmen, recorrían la Cervecería Nacional, la planta de leche Indulac, y la Piladora. Allí vendían periódicos y al terminar las ventas se iban rumbo a la escuela.

Desde mayo de 2003, por trabajos de regeneración urbana, fue reubicado en la Av. 9 de Octubre y Pedro Carbo, junto con su hermano Fernando que también es comerciante. A pesar de que su jornada de trabajo inicia a las 05:00 y se extiende hasta las 19:00, Rómulo asegura sentirse bien en su negocio. Cuenta  que antes  pedía 300 ejemplares y ahora solo 10, porque las empresas periodísticas hacen suscripciones o distribuyen directamente el diario. “Eso nos ha quitado protagonismo a quienes vendemos en las calles y demuestra que la venta de los diarios ha tenido un sensible decrecimiento”.

Recuerdos del parque

Betancourth con alegría recuerda que en su antiguo puesto de trabajo tuvo la oportunidad de conocer al expresidente Jaime Roldós Aguilera, quien se acercó para comprarle un periódico. En otra ocasión conoció a Julio Jaramillo y a su hermano Pepe. A los 32 años salió del país y visitó por 100 días Alemania, donde trabajó un mes y aprendió algo del idioma. Además pasó por Miami, Londres, Ámsterdam, pero asegura que no dejaría Guayaquil, tierra que ama y siente felicidad al verla cada vez más renovada, “Mi ciudad es bella, no la cambiaría por nada”.

Dice que en 1999 conoció a un amigo  quien le incentivó a aprender francés e inglés. Fue su profesor, Rómulo le dedicaba  2 horas diarias al estudio de lenguas extranjeras. Él considera que para aprender un idioma hay que dedicarse mucho”. Gracias a esas clases puedo dialogar con los turistas que no hablan español y lo hace con frases básicas.

Aunque las ventas de periódicos han disminuido, él ha buscado cómo cubrir ese faltante económico, vendiendo desde sobres manila,  golosinas, aguas o gaseosas. (I)

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