Jueves, 13 Octubre 2016 00:00 Guayaquil

Agustín 'Chicho' Perlaza heredó de su abuela el negocio de las manzanas acarameladas

“Chicho” lleva en su cabeza las manzanas que ofrece los fines de semana en el malecón Simón Bolívar.
“Chicho” lleva en su cabeza las manzanas que ofrece los fines de semana en el malecón Simón Bolívar. Foto: cortesía de Andrea Munizaga

El joven de 26 años vive en Durán. Los fines de semana recorre el malecón Simón Bolívar de Guayaquil, junto con 7 ayudantes para comercializar los productos. Los mejores días son los sábados.

Andrea Munizaga, estudiante de la ULVR

En Barrio Lindo, en el norte del cantón Durán, habita Agustín Geovanni Perlaza Palma, conocido como ‘Chicho’. Tiene 26 años y  ha crecido con un oficio entre ceja y ceja: la venta de manzanas acarameladas por todo el cantón.

Toda su familia se dedica a la manufactura y venta de este producto. Es un legado que Maruja Minda, su abuela, dejó a sus 8 hijos. Ella  fue la pionera y se convirtió en una experta, lo que le permitió mantener a su familia.

Perlaza asegura que desde que tiene memoria recuerda las manzanas acarameladas. Él ayudaba a su madre con la venta y observaba la elaboración de este producto. “Al inicio es difícil, pero la práctica hace al maestro. A mis 11 años hice mi primera manzana”, cuenta ‘Chicho’.

El joven, quien suele trabajar los fines de semana, vende 600 manzanas los sábados y otras 500 los domingos. Saca un fogón al pie de su casa, coloca una olla, donde caben 4 kilos de azúcar y pone un toque de colorante rojo y una pizca de ácido, lo que le da el efecto cristal a la fruta.

Luego se revuelve todo con la cantidad justa de agua para que la mezcla quede espesa. Se agarra el extremo del palo que sujeta la manzana y se sumerge suavemente en la mezcla rojiza. Entonces se desliza hacia delante y hacia atrás para lograr una buena cobertura.

“Mi truco para que la miel quede perfecta es echar un poco de la mezcla espesa en agua fría, comerla y comprobar que se pegue en los dientes”. Al extraer la manzana de la olla es recomendable moverla para que se retiren los excesos.   

‘Chicho’ invierte $ 100 en 5 cajas de esta fruta, aunque la cantidad que contenga depende del tamaño y de la temporada. Con un total de 600 manzanas, Perlaza se dirige al Malecón 2000 de Guayaquil a ofrecerlas con 7 ayudantes, quienes ganan el 20% del total de manzanas vendidas.

Cerca del lugar se encuentra el tío de Perlaza, Jorge Palma ‘Tumba’, de 32 años, quien inició con este negocio a sus 12. Detalla el proceso de acaramelar la manzana: “Las personas creen que este negocio es fácil, pero no es así, si no sabes hacerlo bien lo único que tendrás es pérdida”. Palma tiene cicatrices en sus muñecas por las quemaduras con la ‘miel’ (caramelo derretido). A pesar de esto, ‘Tumba’ asegura que no cambiaría su oficio por ningún otro debido a la independencia que este le proporciona.

Comenta, además, que ha trabajado por ciudades de todo el Ecuador. “Guayaquil es la única ciudad en donde los municipales no dejan trabajar”. También cuenta las dificultades que  afronta en el malecón de Guayaquil, mientras labora: “cuando vemos a los municipales nos toca correr y las manzanas se caen, eso es pérdida”.

Sabe que hay ordenanzas que regulan la venta informal en la ciudad, pero argumenta que es necesario que se les dé facilidades para trabajar.

Como familia de comerciantes, aprovecha las fiestas de los pueblos para vender. Tiene un cuaderno en el que ha anotado cada una de las festividades.

“Cuando salgo de la ciudad también vendo huevitos chilenos”. Cuando hace eso sus ganancias aumentan entre 1.000 y 2.000 dólares, todo dependiendo de la acogida que tenga el festejo de la ciudad y de los días que se trabajen.

Perlaza carga el tablero con las manzanas en el hombro y cuando estas se agotan usa la cabeza para sujetarlo. El recorrido  depende de la rapidez con que las venda. Su familia no se queda en un solo sitio. El éxito es recorrer al menos 50 cuadras. Esta familia de manzaneros está dispersa por todo el Ecuador; la única región a la que no viajan es al Oriente porque el clima húmedo dificulta el negocio.

‘Chicho’ conoce que hay normativas en cada ciudad que prohíben la venta ambulante, pero con este trabajo  sustenta a su familia. Además es lo que mejor sabe hacer.

Con 4 hijos menores de edad, es cabeza de familia, trabaja de lunes a viernes en la compra y venta de ‘chatarra’ y los fines de semana los dedica a las manzanas.

En uno de los parques que tiene Durán, siempre se lo puede ver cargando un charol repleto de manzanas. Cuenta que aunque muchas veces se cansa de estar de pie, sabe que con el dinero que gana mantiene a su familia. Pocas veces ha tenido problemas con los policías municipales de Guayaquil. “Yo siempre hablo con ellos. Les explico que necesito trabajar porque tengo hijos pequeños y que esta actividad es muy dura. Al final me dejan vender”. (I)

Datos

‘Chicho’ invierte $ 100 en 5 cajas de esta fruta. La cantidad que contenga depende del tamaño y de la temporada.

Con al menos 600 manzanas, Perlaza se dirige al malecón Simón Bolívar de Guayaquil para venderlas con 7 ayudantes.

Sus acompañantes ganan el 20% del total de manzanas vendidas.

Cuando “Chicho” deja Durán también vende huevitos chilenos. Cuando hace eso sus ganancias aumentan entre $ 1.000 y $ 2.000, todo dependiendo de la acogida que tenga el festejo en la ciudad y de los días que se trabajen.

Cada manzana acaramelada se vende a 1 dólar.

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