Lunes, 31 Octubre 2016 00:00 De7en7

Planeta

¿Por qué resulta tan difícil aterrizar en Marte?

La primera complicación es la distancia. Las misiones que fracasaron fueron lanzadas por potencias mundiales.
La primera complicación es la distancia. Las misiones que fracasaron fueron lanzadas por potencias mundiales.

Las ventanas de lanzamiento al Planeta Rojo se abren únicamente cada 2 años.

Redacción de7en7

La idea de viajar a Marte es para muchos un sueño que, en realidad, esconde grandes retos.

Sobre este tema ha publicado un interesante artículo Eduardo García Llama, físico e ingeniero aeroespacial en la NASA, en el que cuenta algunos de los principales problemas que debería enfrentar el ser humano de cara a enviar una misión tripulada a nuestro vecino rojo.

La primera complicación es la distancia. En los ciclos de mayor cercanía la distancia entre Marte y la Tierra es de 55 millones de kilómetros (km), mientras que en los de mayor separación llega a los 400 millones de km.

Comparada con la distancia a la Luna, unos 380 mil km, es posible constatar que hablamos de distancias enormes, pero esto es solo la punta del iceberg, ya que habría que tener en cuenta el tiempo necesario para toda la operación, que con la espera hasta la posición óptima entre Marte y la Tierra supondría unos 2 años y medio.

Además, las ventanas de lanzamiento hacia Marte se abren aproximadamente una vez cada 2 años. Tanto Estados Unidos como Rusia intentaron aprovechar la oportunidad de 1969 para enviar cada uno 2 vehículos gemelos: los americanos serían naves de sobrevuelo; los rusos, orbitadores. Los 2 primeros transmitieron una docena de fotografías justo pocos días después de la llegada del Apollo 11 a la Luna; los 2 Mars soviéticos ni siquiera pudieron empezar la carrera: sus cohetes portadores —los nuevos Protón— fallaron en el despegue.

Japón también ha sufrido decepciones en sus programas de exploración de Marte.

Su primera sonda, Nozomi, sufrió un cortocircuito en el sistema calefactor, con lo que se congeló la hidracina que utilizaba como combustible. Ante la imposibilidad de completar la misión, se ajustó su trayectoria para asegurar que no impactara en Marte y así evitar cualquier posible contaminación biológica.

En 2003, Europa lanzó su primera sonda marciana, la Beagle 2, diseñada y construida por alumnos de la Open University británica. Aunque llegó intacta a tierra, uno de los paneles impidió que desplegase su antena, y nunca más volvió a saberse de ella.

Y, por último, hay que mencionar el Phobos-Grunt, otra sonda rusa que ambicionaba depositar una cápsula de recogida de muestras en el satélite Phobos.

Según algunos comunicados de prensa, la nave llevaba a bordo como pasajero al Ying-Huo 1, destinado a convertirse en el primer satélite de Marte construido en China.

Pero esta vez tampoco hubo suerte. La nave no consiguió encender su motor para escapar de la órbita terrestre.

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