Análisis

La consulta popular recuerda el espíritu de Montecristi

- 27 de septiembre de 2017 - 00:00

La Carta Magna cumplirá mañana 9 años de vida jurídica. Su elaboración fue un verdadero proceso participativo: la instalación de la Constituyente, aprobada en un referendo, al igual que el documento surgido de allí.   

Ríos de gente acudían con sus propuestas todos los días hasta Ciudad Alfaro, en la cima del cerro que corona Montecristi. En esas largas caminatas se ponían en escena las esperanzas para el reconocimiento de los pueblos originarios, la defensa de la naturaleza y el medio ambiente, el fin de la partidocracia, una justicia más expedita, una función pública más transparente, la igualdad de la mujer, las oportunidades para los jóvenes y una serie de demandas históricas acumuladas durante décadas.

El presidente Lenín Moreno quiere recuperar ese espíritu. Un cuadro parecido, tomando las distancias del caso, ha vivido el país en los últimos días. Colectivos, partidos políticos, grupos sociales, etnias, jóvenes, funciones del Estado, gobiernos locales y autoridades han acudido al Palacio de Carondelet con su carpeta. Allí, bajo el brazo, llevaban las preguntas que ellos creían deben estar en la consulta popular.

Se ha abierto un clima extraordinario para el país. Como en 2008 existe un consenso general de que se requiere una reforma. Eso ha sido canalizado correctamente por el presidente Moreno. De allí la importancia de acudir a las urnas para que no haya un solo ciudadano que no decida.

Si así nace la consulta, el país va por buen camino. Un proceso participativo tiene que ser amplio, sin vetos, sin discriminaciones de ningún tipo. Las elecciones ya quedaron atrás, por lo que no hay rivales. Todos quienes acudieron a la Plaza Grande son ecuatorianos y por lo tanto tienen el derecho de incidir en los destinos del país, que es lo que se decidirá en la consulta.

Es muy sano para la democracia ecuatoriana ver a la Conaie, al FUT, a Alianza PAIS, a los afroecuatorianos, a los asambleístas de SUMA y CREO, ingresando por igual a la sede del Ejecutivo.

Ahora viene una labor titánica. En apenas una semana habrá que sistematizar las propuestas y elaborar un texto final. La tarea no solo es difícil por el alto número de iniciativas, sino porque hay que redactar un documento que logre el mayor consenso nacional. Si eso falla, entonces vendrán nuevamente las disputas que tanto daño han hecho. (O)   

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