Análisis

100 días después: acuerdos casa afuera, fracturas casa adentro

- 30 de Agosto de 2017 - 19:40

El representante de uno de los bancos privados más grandes del país se inclina ante el Presidente de la República. El banquero de oficio y de larga data hace una revelación: no le dio su voto, pero saluda su gestión.

El Primer Mandatario devuelve la gentileza con cierta ironía y, enseguida, lanza una feroz saeta política, cuyos destinatarios están dentro y fuera del Ecuador. Se trata de un hecho político que registra una imagen notable; imagen apacible en apariencia, pero nada banal ni casual. Sin sobresalto, en el Palacio de Carondelet, en la misma sede del Gobierno, el acto arriba descrito es una muestra icónica de cómo van los nuevos tiempos políticos del país. Son tiempos de transición y choques; de ajustes y reajustes; de cambios y recambios; de acomodos y reacomodos... Son tiempos móviles.

En este trance histórico, Lenín Moreno sigue cruzando umbrales. El 24 de mayo pasado dejó atrás una intensa década de poder correísta y comenzó un período político -al inicio poco perceptible- que se caracteriza por algo muy cierto: lo incierto. Los primeros damnificados de semejante desplazamiento estratégico se encuentran al interior de Alianza PAIS, movimiento gobernante que no acaba de comprender qué pasó exactamente en los primeros cien días de gobierno (no necesariamente de “su” gobierno).

Para descifrar este escenario, lo primero es comprender la naturaleza íntima de la crisis interna de AP, a la sazón, “el secreto peor guardado” de la política nacional.

En primer lugar, el país mira una crisis en la cúpula, lo que lleva el problema a nivel de líderes políticos. El extravío social radica en creer que solo estamos frente a un asunto de estilo, cuando lo de fondo son las visiones crecientemente distintas -a ratos antagónicas- sobre el manejo del poder; sobre las formas de gobernar; sobre la urgencia económica para enfrentar la crisis luego de la época dorada de vacas gordas e ingresos abundantes (...).

Moreno, de todos modos, ha trazado su derrotero en medio de la crisis interna de su partido. Y todo indica que la aceptación popular avala su estrategia política. La mayoría de la sociedad cree en su palabra y los actores económicos y sociales, en general, refrendan el grueso de sus políticas inclusivas y dialogantes, de sus acciones, de sus acuerdos. Esto hace que se amplíe fuertemente el eco social de su discurso de conciliación y apertura hacia afuera. Pero al mismo tiempo muestra un correlato difícil casa adentro: la línea dura de AP ve en esta conducta de Moreno un fatal alejamiento de sus filas, y no pocos se han puesto en el extremo de la cuerda para levantar la voz y gritar contra el “traidor”.

Así, mientras más se acerca a la sociedad, con una agenda de diálogo y resultados que, básicamente, los grandes y pequeños actores aplauden, el Presidente de la República también debe mirar cómo se abren nuevas fisuras dentro del movimiento que le llevó al poder.

Si esta intensa dinámica se mantiene, la abierta dicotomía política entre el pragmatismo y la ideología dentro de AP pronto será insostenible, quizá insalvable. Los caminos podrían bifurcarse. Y si eso ocurre, los escenarios políticos cambiarán dramáticamente, mucho más de lo que ya han cambiado hasta el momento.

La política ecuatoriana, se ha demostrado en otros capítulos no muy lejanos, cuando aprieta el acelerador, reduce el largo plazo a menos de un año; el mediano plazo, a menos de 6 meses. Imaginemos lo que representan 100 días. (O