Sábado, 15 Octubre 2016 00:00 La columna de Angello Barahona

La columna de ángelo

Las Brujas de Salem en Guayaquil

Ángelo Barahona

El teatro en Guayaquil se las ha ingeniado para resurgir. Lo ha hecho de mil maneras. Algún día alguien ordenará un monumento a José Miguel Salem, el mismo que desde los 80 lucha contra viento y marea por ofrecer cada año teatro musical. Posiblemente la generación actual ha olvidado a los Varela y Villar. Algunos ya han fallecido, pero mostraron al mundo el teatro guayaco de los 90, en forma de vodevil. Cecil Villar sigue vigente en Nueva York. Paco Varela es un referente en Lima y su hermana Ana María (ahora Ariel) ha regresado a Guayaquil. Juntarlos de nuevo en una temporada sería genial. Queda allí la idea. Hasta hace poco el teatro agonizaba.

Durante los dos últimos años se percibe un resurgimiento. Hay calidad, además. También hay el recurso fácil de hacer reír con groserías y chistes machistas o usar temáticas en contra de los gais. La idea es que sean la excepción de la regla.

El pasado fin de semana, que coincidió con las festividades de Independencia, el Teatro Sánchez Aguilar (que de a poco se está convirtiendo en nuestro Broadway), en convenio con la Universidad Casa Grande, brindó tres días de teatro de alta calidad, que mezcló actores novatos (talentos de pantalla) y experimentados.

Superaron la prueba. Yo tenía mis temores. Tenemos, en primer lugar, a un grupo de maduros alumnos de experiencia televisiva de primer orden, deseosos por alcanzar su licenciatura. Pudieron elegir una comedia actual, algo gracioso y sin mayores pretensiones. Pero se inclinaron por Las Brujas de Salem. Esta gente es de retos mayúsculos, pensé. ¿Lo lograrán? Y como de ingenuos no tienen ni una pizca, llamaron a un director teatral de prestigio, que además es su maestro, Jaime Tamariz. El elenco parecía sacado del panel de jurados de Ecuador Tiene Talento, y por eso tenía dudas. Pero se disiparon apenas inició la historia, donde destacaron Elena Gui y Ana Buljubasich haciendo lo que tanto le gusta, actuar como en los 80, interpretar papeles. No desentonaron, ni su hija Ana Paula Pérez, tampoco el presentador Ronald Farina. Ambos fueron exactos en sus líneas.

El comentarista deportivo Vito Muñoz debutó en teatro y salió bien librado, mientras que el humorista Francisco Pinoargotti lució creíble en un personaje lleno de matices y difícil de interpretar.

Marcelo Cornejo cumplió. Jaime Tamariz, imponente, como en la mayoría de sus trabajos escénicos. Ver a Marina Salvarezza en escena ya garantiza calidad porque ella contagia al resto. Qué nivel el de esta primera actriz.  Me niego a creer que este ícono sea italiana, es más nuestra que muchas.

Punto aparte, sin lugar a dudas, la pareja teatral que formaron Alejandro Fajardo y Carolina Jaume. Ella incluso más exacta que él. Pero suma el hecho de que es más llamativa para el gran público. Fajardo, por momentos, fue más histriónico, altisonante, desgarrador, tuvo un personaje difícil y conmovedor. Las luces se encienden sobre su humanidad, y si tenemos sentido común y al menos básicos conocimientos literarios y teatrales, entenderemos que el mensaje de la obra también se aplica en la actual generación. Carolina tiene oficio para actuar. Respira teatro. La escena final fue hecha a su medida. Y las ‘brujas’, y no de Salem, se quedan sufriendo. (O)

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