Jueves, 22 Septiembre 2016 00:00 Columnistas

Historias de la vida y del ajedrez

¿Qué haría usted si fuera invisible?

¿Qué haría usted si fuera invisible?
Ramiro Díez

Esta pregunta se la han hecho a millares, y quizás a millones de personas en el mundo. No importa la edad, sexo, cultura, o religión: en la intimidad, de la manera más sincera, la abrumadora mayoría coincide en dos puntos: o robaría, o mataría.

Ahora, responda usted: ¿Qué haría si pudiera hacerse invisible a voluntad?  Esta pregunta no es nueva. Ya se la hizo Platón con sus amigos en uno de los banquetes, hace ya 2.500 años. El sabio griego dijo: “Aquel que tuviese ese poder y no se apropiara de riquezas ajenas, sería un idiota. Y aquellos que conociendo su comportamiento lo elogiaran en público, serían unos hipócritas.”

Así que le recomiendo responder qué haría usted si pudiera hacerse invisible a voluntad, porque esta es la fórmula hallada en un manual de magia de la Edad Media:

“Necesítase un espejo nuevo. En la noche de San Juan, meter a un gato negro en el caldero con agua y encender la leña. Debe hervir durante 24 horas. La persona no debe moverse del lugar, sin importar ni ruidos ni visiones que le distraigan. Terminado el proceso, tomará los huesos uno por uno, mordiéndolos y repitiendo la oración del final, mientras se mira en el espejo. Habrá un hueso milagroso. Al morderlo, la persona se hará invisible y dirá: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Ese hueso es el que debe conservar para hacerse invisible a voluntad.”

Otras fórmulas incluían serpientes, murciélagos y bichos repulsivos para preparar una sopa incomible con la que la persona debía refregar su cuerpo para hacerse invisible. Ella podía verse a sí misma, pero era invisible para los demás. No obstante, la magia no funcionaba para la ropa y la persona debía entonces desnudarse por completo. Y eso fue lo que hizo un español llamado Bernardo. Preparó el menjunje, se lo frotó en el cuerpo, se desnudó, y pretendió, ya que era invisible, asesinar al Príncipe de Orange, estrangulándolo con sus propias manos. Cuando intentó cruzar las puertas del palacio, fue capturado por los guardias porque al parecer ¡oh, sorpresa!, el hechizo no había funcionado. Le dieron una tanda de azotes y lo soltaron así, desnudo, despedido a las carcajadas.

Dicen que en los tiempos que corren, ese gran sueño de hacernos invisibles puede desvelarnos si nos dedicáramos a fraguar nuestras travesuras. Quizás, desde el fondo de los siglos, Platón no puede ocultar una sonrisa de satisfacción al ver que no hemos cambiado nada.

En ajedrez, a diferencia de la vida, los crímenes se cometen a plena luz del día. Y el que los comete reclama siempre la gloria.

                                                                           1: Dxe7+;  Txe7
                                                                           2: Cg6 ++

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