Jueves, 17 Agosto 2017 00:00 Columnistas

Historias de la vida y del ajedrez

¿Matar? ¿Y a mi propio hermano?

¿Matar? ¿Y a mi propio hermano?
Foto: Internet
Ramiro Díez

Sucedió en Soacha, Colombia. Una oficina de empleos solicitaba administrador de finca. No se necesitaba experiencia. Sueldo 600 dólares, libre de alojamiento y alimentación. Llovieron solicitudes. Primera sorpresa: para administrar una finca eligieron a la vez a 19 jóvenes vigorosos, ninguno con experiencia. Los montaron en el mismo bus, para llevarlos al lugar de trabajo, y de ellos nunca se supo más.

Al día siguiente, la oficina de reclutamiento estaba desocupada. Se comprobó que la habían alquilado personas con identidades falsas. Tras unos meses, los jóvenes empezaron a aparecer. Uno o dos en una montaña, tres o cuatro en un bosque. Todos, vestidos de guerrilleros, al lado de un arma, muertos en supuestos combates contra el ejército. Otra curiosidad: los disparos en sus cuerpos no coincidían con los que aparecían en sus uniformes de combatientes, como si hubieran peleado desnudos,  y luego vestidos con traje de campaña.

La fiscalía colombiana ha comprobado cerca de 3.000 casos como estos. “Muerticos, quiero más muerticos”, decía un coronel a sus subordinados. Con “más muerticos” justificaba el cargo, aspiraba a ascensos, y recibía ingresos especiales. Y como los guerrilleros eran difíciles de matar, lo mejor era buscar civiles y, en un acto de magia, hacerlos aparecer como rebeldes muertos en combate. Recibía un bono de 500 dólares por cada “muertico” y hoy está condenado a cincuenta años de cárcel. No es ficción.

Se dio el caso de un soldado que desertó cuando descubrió que al civil que tenía que matar, era su propio hermano, al que no había visto durante dos años. O el caso del Sargento Raúl Carvajal que se negó a matar civiles para hacerlos aparecer como guerrilleros, y fue fusilado por el mismo ejército. Cuando entregaron su cuerpo a su padre, Raúl Carvajal Pérez, dejó el ataúd a las puertas del Palacio Presidencial. “Ahí le queda mi hijo, Señor Presidente” dijo el padre, y se marchó. Días después, la esposa y el bebé del soldado fueron desaparecidos. Así aumentaron la cifra de desapariciones forzadas que superan las de Argentina y Chile en épocas de dictadura.

No. No es ficción. Son algunas de los testimonios documentados del libro Colombia, Deuda con la Humanidad: 23 años de Falsos Positivos, publicado por el Banco de Datos de Derechos Humanos y Violencia Política, respaldado por Programa por la Paz de los Jesuitas.

Todas las violencias del mundo del ajedrez, se quedan pálidas ante algunas realidades.

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