Jueves, 27 Abril 2017 00:00 Columnistas

Historias de la vida y del ajedrez

La historia del Moisés negro

Izq: El Moisés blanco, de Hollywood. Centro, Nathaniel Turner, autoproclamado el Moisés Negro antiesclavista. Der: Servicio religioso en las afueras de la iglesia de South Hampton, lugar de la historia.
Izq: El Moisés blanco, de Hollywood. Centro, Nathaniel Turner, autoproclamado el Moisés Negro antiesclavista. Der: Servicio religioso en las afueras de la iglesia de South Hampton, lugar de la historia. Fotos: Internet
Ramiro Díez

Dicen que la historia es la muestra, poco grata, de la locura humana. Y es que hay más de una persona que se cree algún dios o, por lo menos, representante de alguno de ellos en la tierra. Ha sucedido siempre, a veces con consecuencias terribles para aquel que sufre el delirio y siempre para aquellos que están bajo su influencia.

En EE.UU. del siglo XIX, nació Nathaniel Turner, un muchacho inteligente, esclavo negro. En ese entonces a los negros se les castigaba con la muerte si sabían leer y escribir y la misma pena la sufría aquel que le hubiera enseñado, sin importar que hubiera sido su propio amo blanco.

No se sabe cómo, pero Nathaniel aprendió a leer y a escribir y conoció lo que decía la Biblia, que era el único libro que había en casa de su amo. Allí, en alguna página, tropezó con las hazañas de un hombre que había liberado a su pueblo y que se llamaba Moisés. Víctima de la locura religiosa, Nat empezó a creer que él era el Moisés de los negros para liberarlos de los blancos.

“Antes -les dijo a sus seguidores-, solo nos quedaba la desidia, la huida o el suicidio. En este país que dice predicar la libertad, el ejemplo lo tenemos que dar sus esclavos: Acabemos con los que son enemigos de su propia palabra y de la dignidad humana. Ahora tenemos la razón y la esperanza. Que no quede ningún blanco con vida.”

Y logró que algunos se sublevaran. Entraban en las noches a las casas y, para no alarmar con disparos, solo llevaban cuchillos. Así lograron matar a 57 blancos en esa nueva guerra alimentada por la fe religiosa. Pero, sin fusiles, la pelea estaba perdida. Los blancos también organizaron milicias implacables y en 48 horas los derrotaron.

Así capturaron a cien rebeldes negros. Después de un solemne y multitudinario servicio religioso, todos fueron torturados en público y ahorcados en el atrio de una pequeña iglesia llamada, qué ironía, “Nueva Jerusalén”. Turner, en principio, había logrado escapar, pero al final fue capturado. Aplazaron su ejecución a la espera de que llegaran visitantes de comarcas cercanas y subió al patíbulo un 11 de noviembre de 1831.

Después de un servicio religioso en la plaza pública al pie de la iglesia Nueva Jerusalén, Nathaniel Turner fue torturado, desollado, ahorcado y descuartizado. Y se hizo una subasta pública para que los granjeros pudieran adquirir trocitos de su cuerpo, como recuerdo de aquella victoria.

Aquí también, el final, es fatal para el negro.  (O)

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