Jueves, 01 Diciembre 2016 00:00 Columnistas

Historias de la vida y del ajedrez

El espía que, ¡quién lo diría!, inspira lástima

El espía que, ¡quién lo diría!, inspira lástima
Ramiro Díez

Dicen que hay gente a la que se conoce, sin haberla conocido jamás. Inclusive, ni ellos mismos saben qué o quiénes son. Uno de ellos es un inglés llamado Mark Kennedy, aunque conocido por otros como Mark Stone. Tiene a sus espaldas una vida cargada de espionaje, traiciones, mentiras y desengaños.

Se hizo policía a los 19 años. “Yo era un policía moderno. Odiaba el racismo y era ambientalista, por naturaleza. Nunca conocí a un ecologista mala persona. Pero mis superiores pensaron que debía olvidar el uniforme y, si amaba tanto a los ecologistas, infiltrarme entre ellos, como espía, porque eran tipos peligrosos contra el sistema. Y lo hice durante siete años. Recorrí Escocia, Francia, Alemania, EE.UU y 15 países más enfrentando la represión de los gobiernos para defender la causa ambiental. Pero no soy un tipo deshonesto. Mentí y engañé porque ese era mi trabajo.”

“Siempre estuve rodeado de gente maravillosa—dice Kennedy--, tanto, que me enamoré de la mujer con la que tengo dos hijos. Con ella pagué cárcel, salté paredes para sabotear fábricas contaminantes y pelamos contra la policía en duras batallas. En una de de ellas, unos agentes golpeaban a una mujer. Me metí para impedirlo y entre cinco me masacraron. Terminé con la dedos y la cabeza rota, con politraumatismos que me costaron 6 semanas inmovilizado en una cama.”

En un viaje a Italia, su esposa le descubrió un segundo pasaporte, con otro nombre. Mark tartamudeó, inventó otra historia, pero no lo hizo muy bien. A su regreso a Londres, su esposa reunió a todos los ambientalistas amigos y empezó la investigación. Lo descubrieron. Lo citaron a una reunión. Lo sentaron en el medio y Mark se sintió como un bicho acorralado. Le dieron la oportunidad de que saliera corriendo, y lo hizo. “El castigo que recibirá de por vida será mirar siempre a sus espaldas, lleno de vergüenza y de terror”, dice un ambientalista que, como varios cientos, estuvo preso por las denuncias de Mark.

“Me duelen los ambientalistas”, dice Mark. “Son humanos que si tienen hambre y tienen una única moneda, te la entregarán para que tú puedas tomarte una cerveza.”

“Ahora soy un paria. La policía me rechaza y me considera traidor por haber sido descubierto. Y ya estoy desactualizado. No sirvo como policía. Y soy un traidor de la gente que lucha por un mundo mejor.  No sé quién soy.”

En ajedrez no hay dobles caras: el que está al frente siempre es un enemigo. Y viene a matar.

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