Esta actividad da trabajo a muchas familias y complementa la labor agrícola, una de las más importantes en Tungurahua

Valor agregado, un concepto que dinamizó la economía en el cantón Píllaro

| 09 de Septiembre de 2017 - 00:00
Además de la preparación del vino, en la casa de María Álvarez se expenden a diario las botellas del delicioso ‘elixir de la vida’, como se conoce localmente al licor.
FOTO: Foto: Roberto Chávez / EL TELÉGRAFO

La transformación de frutas en vinos, mermeladas y helados, entre otros productos, garantiza la utilización del 100% de las cosechas y su comercialización en ferias locales.

Ambato.-

Un suelo rico en nutrientes, diversidad de fuentes hídricas, abundancia de abono orgánico y condiciones climáticas favorables, entre otros factores, han facilitado por décadas la agricultura en el cantón Píllaro, en la provincia de Tungurahua.

Ubicada a 38 minutos de Ambato y a dos horas y media de la capital, esta ciudad es una de las principales productoras agrícolas del país. Cuenta, además, con lagos y cascadas con el agua más pura de la región.

Desde hace siglos allí se han sembrado maíz, arveja, acelga, haba, lechuga y papa. Este último cultivo es abundante. Las variedades chola, súper chola, putza, María y Catalinas son las que más se siembran.

Esto se debe a que la mayor parte del año rigen temperaturas bajas, requisito indispensable para el desarrollo de este tubérculo, y a que el suelo se nutre con humus y abono de ganado vacuno, ovino y porcino.

No obstante, Píllaro también es reconocido por su excelente producción frutal. Manzanas, peras, tomates de árbol, granadillas, babacos, claudias y duraznos son solo algunos de los frutos que se siembran en los diferentes pisos altitudinales.

Por tal razón a la ciudad se la considera uno de los ‘graneros’ de la provincia y del país. Pese a que el desarrollo agropecuario es la principal fuente de ingresos en el cantón, un innovador concepto financiero ha empezado a ganar terreno desde hace algunos años.

Se trata del valor agregado. En términos económicos este mecanismo hace referencia al costo adicional que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante el proceso productivo.

Encabezando la lista de productos comestibles a los cuales se aplica este concepto están las moras, las frambuesas y las cerezas, frutos ácidos de altísimo valor nutritivo con los que se elaboran vinos, mermeladas, esencias y helados, entre otros derivados.

La mora (negra) y la frambuesa (roja) son dos de las frutas ácidas con mayor valor nutricional.

Vinos María

María Álvarez, pillareña de 55 años, es una emprendedora que innovó la producción agrícola de su finca desde hace un par de años y hoy el valor agregado es su mayor aliado.

En 2015 abrió Vinos María, taller artesanal en el que se elaboran 500 botellas del delicioso ‘elixir de la vida’, como se conoce localmente al vino, y otros derivados frutales. “Mi establecimiento está ubicado en la parroquia San Miguelito de Píllaro, donde tradicionalmente se han sembrado tubérculos, granos y cereales andinos. La idea de diversificar la producción con moras, frambuesas y cerezas nació en los talleres dictados por la dirección de producción del Gobierno Provincial de Tungurahua”, dijo.

En dichas capacitaciones, dirigidas por personal de la entidad desde hace más de 10 años, se refuerzan   los conocimientos de los productores sobre mecanismos de mercadeo, promoción, oferta y demanda de comestibles.

“Uno de nuestros principales problemas a la hora de la venta era la falta de mercados, pues el número de comerciantes crece y los centros de expendio existentes no dan abasto. Esto, sumado a la presencia de tercerizadores y las constantes variaciones de precios, a muchos nos obligaron a voltear la mirada hacia la aplicación del valor agregado, es decir, transformar las cosechas en productos preparados de alta calidad”, agregó la dueña de Vinos María.

Este es un emprendimiento familiar en el que también labora su esposo, Luis Torres. Interviene en los diversos  procesos para convertir la pulpa frutal en delicioso vino. “El más delicado es la siembra, pues depende de la fecha, clima y estado del suelo en que se haga para conseguir productos con mucho sabor. Luego de seis meses, en el caso de la mora, frambuesa y cereza, se realiza la colecta de la fruta, la cual se almacena en recipientes y en un lugar amplio y fresco”, explicó Luis.

Tras esta acción se realiza la selección de las unidades de mayor calidad, seguida del lavado y obtención de la pulpa. Después se deja reposar el producto en utensilios especiales previo al añejado.

“Este tratamiento consiste en verter la médula frutal en barriles de roble y dejarlos por algún tiempo a fin de obtener la textura, aroma y sabor característicos de la bebida. Finalmente se realiza el destilado y embotellado”, agregó María.

El costo de la botella de vino de los tres sabores es $ 6 y $ 7. En su establecimiento además se expenden a diario tortillas dulces de maíz, cuyo precio es $ 1 por las siete unidades.

Al igual que este emprendimiento, otros del cantón Píllaro están empezando a aplicar el valor agregado, un proyecto que además es impulsado por la municipalidad local y otras entidades. (I)

La colecta de mora, frambuesa y cereza se realiza seis meses después de la siembra de las plantas. En esta tarea colabora Luis Torres, esposo de María. fOTO: Roberto Chávez / EL TELÉGRAFO