El abandono del campo en Cotopaxi es continuo para probar suerte

"Los migrantes indígenas viven una división cultural"

- 04 de febrero de 2017 - 00:00
Las jóvenes que deciden conservar sus atuendos, como parte de su identidad, incluso incursionan en la moda.
Foto: Roberto Chávez / EL TELÉGRAFO

En algunos casos dejan sus rituales, vestimentas e idioma. Otros los conservan con la idea de un beneficio futuro.

Latacunga.-

Daniel Ugsha vivió 15 de sus 21 años  en su tierra natal Zumbahua, en el cantón Pujilí, antes de mudarse definitivamente a la capital. Dejó de hablar kichwa y tampoco utiliza el sombrero oscuro que distingue a su etnia en Cotopaxi.  

Ahora vive en el sur de Quito y es DJ del discomóvil de un primo. En ese mundo de luces y algarabía olvidó el sonido del bombo y el pingullo, 2 instrumentos de uso ancestral del páramo.

Como Daniel, la mayoría de hijos de migrantes rurales que buscaron  trabajo en Latacunga, Ambato, Quito u otras urbes dejaron sus costumbres. “Es una conducta común, pues el ser humano siente la necesidad de verse como el otro para ser aceptado”, dice Mery Guijarro, socióloga. Y añade: “Los jóvenes indígenas no asumen esto como algo negativo. Para ellos es como evolucionar, pues al no haber desarrollado un amor genuino por sus lugares de origen, abandonar todo aquello que los liga a su pasado es un avance en su imaginario personal”.

Sobre este tema opina también Norma Toaquiza, reportera de una radio comunitaria en Latacunga. Según ella, no todos dejan atrás sus raíces. “Hay quienes conservan sus  tradiciones y vestimentas. Ellos  tuvieron la oportunidad de educarse y aceptar su pasado con orgullo y beneficiarse así de los privilegios que conlleva ser de una minoría étnica”.

Norma mantiene su lengua de la zona rural de Pujilí al igual que su ajuar. Esto le permitió ser parte del proyecto radial que incluye a los kichwa-hablantes. Su audiencia la conoce y la anima a seguir sin esconder quién es. Tiene 24 años y es titulada en Comunicación Social en la Universidad Técnica de Cotopaxi (UTC). Ahora busca una beca.

Comenta que al principio fue duro mantenerse firme. “Veía cómo otras chicas se vestían y hablaban como los mestizos”. La alimentación andina también se está perdiendo.  Marcelino Pillaguaso, de la comuna Tigua, recuerda las habas, papas, quesos y arvejas. Hoy tiene a la mano comida chatarra.  

En la calle 10 de Agosto (San Felipe) se asientan unas 100 familias de migrantes. Según su expresidente, Fabián Chiluisa, el 95% de ellos es pobre y se alimenta mal.  Poco se ha hecho en Cotopaxi para evitar este desapego. El Cabildo de Saquisilí acordó con la UTC dar cursos gratuitos de kichwa. Para el alcalde, Juan Alomoto, es impostergable revalorizar lo ancestral. (I)

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