Sábado, 24 Diciembre 2016 00:00 Regional Centro

El solsticio es celebrado como la fiesta de la cosecha

Los kamaris se entregan el 21 de diciembre

Las familias forman un vínculo directo con la tierra, los sembrados y los cuatro elementos de la naturaleza.
Las familias forman un vínculo directo con la tierra, los sembrados y los cuatro elementos de la naturaleza. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

Por segundo año consecutivo, Pelileo y su parroquia Salasaca volvieron a practicar los rituales del Pawkar Raymi, un equivalente a la natividad de Jesús del mundo occidental. Los adultos mayores tienen protagonismo.

José Miguel Castillo

Ambato.-

Con los brazos levantados al cielo, el yachak (hombre sabio) invoca la armonía de los 4 elementos que integran la unidad de la vida: fuego, agua, aire y tierra. Luego murmura oraciones casi ininteligibles para pedir la protección de los volcanes Tungurahua y Chimborazo.

A su alrededor decenas de indígenas salasacas le demuestran veneración y se esfuerzan por mantenerse quietos y con los miembros superiores erguidos. El sol ilumina y calienta este escenario andino situado a 14 kilómetros de Ambato.

Entre ellos hay ancianos, niños, adolescentes y adultos que visten impecables indumentarias ancestrales. Utilizan ponchos largos y anacos negros; pantalones y blusas bordadas blancas; wallcas multicolores, tupos de metal y sombreros de lana de borrego de ala ancha en tonalidades claras y oscuras.

Solo entonces Feliciano Masaquiza guarda silencio y crea un momento de expectación y solemnidad. Apenas las risas mal contenidas de unos 20 chiquillos que bromean entre ellos agita la calma casi total en la plaza Llakikama de la parroquia Salasaca en el cantón Pelileo.

Cerca de 500 personas se concentran allí para participar en la celebración del Pawkar Raymi. Esta es una de las 4 festividades anuales más importantes para los descendientes del Tahuantinsuyo y se realiza el 21 de diciembre por el solsticio de verano.

Solo que en Salasaca esta fiesta tiene un valor sincrético que la asemeja con la Navidad del mundo occidental. En esta temporada, mientras los mestizos intercambian regalos, los indígenas de esta parroquia, en la que viven más de 12 mil individuos en 18 comunidades, comparten los kamaris (obsequios en kichwa).

Estos presentes pueden ser herramientas de labranza, instrumentos musicales u otros objetos considerados útiles para la subsistencia de estas familias tradicionales que veneran a la tierra, la agricultura, los animales domésticos y a cada ser vivo e inerte que les rodea.

El cerro sagrado del Teligote, por ejemplo, es un lugar de peregrinación y colecta de materiales naturales que luego se emplean para tinturan las artesanías en más de un centenar de pequeños y medianos talleres diseminados por comunas como Manzanapamba, Cuchapamba, Patuloma, Huasalata, Chilcapamba, Ramosloma y otras.

La Navidad indígena

Luego de este ritual que ocurre en la plaza dentro de un altar circular trazado con flores, frutos y pan cocido en hornos de leña, el yachak permite que intervengan los adultos mayores. A esta ceremonia asistieron agricultores, artesanos, carpinteros, albañiles y expertos en otros oficios que por su forma de vida, considerada virtuosa, fueron seleccionados para entregar las herramientas o kamaris a chicos cuyas edades van entre 7 y 13 años.

“Este es el tiempo del año en el que las plantas germinan. Por eso agradecemos con mucho amor a los elementos y a la Pachamama. Los yachaks y los ancianos lideramos estas ceremonias para que los jóvenes puedan continuar con las siembras y asegurar las cosechas para el próximo año”, dice Ángel Masaquiza, otro yachak comunitario.

Niños y adolescentes hacen fila para recibir azadones, sogas, hoces, palas y la bendición de los abuelos que no dejan de sonreír al ver el rostro asustado y nervioso de los muchachos.

Martha Chango es concejala y una de las organizadoras de esta conmemoración que esta vez se realizó por segundo año consecutivo en el mismo escenario. “Escogimos a 20 apuks (líderes comunitarios) y yachaks, hombres y mujeres, y 20 niños, niñas y adolescentes. Estos últimos se beneficiaron con la transmisión de los conocimientos guardados por sus mayores”.

Mientras ocurrían estos acontecimientos en la plaza, en las casas situadas en los alrededores un grupo de mujeres se afanaba en la preparación de las comidas típicas. Esta vez se preparó, a fuego de leña, mazamorra de arveja (tipo colada) con carne de chancho desmenuzada, papas con cuy asado, chicha de pondo, mote, frutas y otros bocados.

Estos platos serían parte de la conocida pampamesa o mesa comunitaria en la que participan los agasajados, invitados especiales como el alcalde de Pelileo, Manuel Caizabanda, y decenas de turistas locales y de otros países que no dejaron de fotografiar los rituales.

Harold Smith, visitante estadounidense, disfrutaba mucho con cada acto y se mostraba sorprendido con los tupos que utilizaban las mujeres de esta comunidad. Estos objetos son alfileres de gran tamaño, generalmente de plata, que se emplean para sujetar mantos y ponchos.

“Me explicaron que en Chilcapamba hay un taller donde los fabrican artesanalmente siguiendo las tradiciones orales de hace 500 años. Iré por allá más tarde y pienso llevarme unos ejemplares a Norteamérica”, asegura Smith, esforzándose por hacerse entender.

Cerca de las 14:00, los rituales continúan. Esta vez se organizó la peregrinación hacia las chacras (terrenos cultivados) para utilizar los kamaris.

La banda local encabeza el desfile con tambores y pingullos (flautas pequeñas de carrizo). Entonan melodías alegres con las que acompañan al grupo hacia los terrenos situados a pocas cuadras de la feria.

El singular cortejo atrae las miradas de decenas de residentes que salen a observarlos desde el interior de pequeñas casas elaboradas con paredes de bloque. Este material de construcción reemplazó por completo al bahareque y a la paja.

Muchos de los caminos son estrechos y de tierra que luego se conectan con vías angostas y asfaltadas. Una vez en las chacras los jóvenes usan las herramientas tras observar cómo lo hacen los mayores que les dan instrucciones cortas con palabras y acciones.

Con el azadón desbrozan la tierra, con la hoz cortan los tallos y con las sogas agrupan la cosecha de maíz para cargarla sobre las espaldas. En los llanos áridos es común observar a gente mayor con cargas abultadas en la zaga. “Esto es parte importante de nuestra cultura vinculada estrechamente con la tierra. Nadie debe avergonzarse de sus raíces”, comenta el yachak Feliciano.

Las madres de los adolescentes no pierden detalles, enternecidas y sonrientes. A muchas se les llenan los ojos de lágrimas porque saben que sus guaguas se están volviendo hombres y mujeres. Son más altos y vigorosos y pronto las dejarán para formar sus hogares y familias.

Una hora después empieza el acelerado retorno a la plaza.

La mazamorra y la pampamesa

El hambre se deja sentir en los presentes como un calambre que recorre el estómago. La gente se agrupa para recibir las tarrinas plásticas en las que se repartió el caldo espeso y delicioso.

Fueron momentos de convivencia, de plática e incluso de confidencias. “Esta es una fiesta del nacimiento, producción y florecimiento de nuestros campos. El Municipio, la Junta Parroquial y las comunidades se unieron para volver a mostrar a la sociedad estas costumbres que se estaban perdiendo. Se celebraba en diciembre y coincide con la Navidad”, explica el alcalde Caisabanda, mientras saborea una porción de cuy asado con papas cocidas con salsa de maní.

En Tungurahua el pueblo salasaca es el que más impulsa estas tradiciones. En el año festejan los equinoccios del 21 de marzo y del 21 de septiembre con el Pawkar Raymi y el Kuya Raymi. También los solsticios del 21 de junio y del 21 de diciembre, que es cuando se efectúan el Inti Raymi y el Kapak Raymi.

La música vuelve a sonar sobre los adoquines multicolores, las tiendas de tejidos siguen abiertas pero casi nadie las atiende. Los yachaks y apuks se preparan para la ceremonia del corte de las uñas a dos recién nacidos. “Es una tradición cargada de simbolismos para asegurar los buenos pasos de nuestros hijos”, comenta Chango.

La noche cae en Salasaca pero pronto se presentarán grupos de música. (I)

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