Sábado, 15 Octubre 2016 00:00 Regional Centro

100 mil personas la visitan anualmente para pasear por el complejo, ver la flora y la fauna

Kulta Kucha se proyecta con inversión y emprendimientos

Los yates cuentan con guías expertos en primeros auxilios y que manejan planes de contingencia.
Los yates cuentan con guías expertos en primeros auxilios y que manejan planes de contingencia. Foto: Elizabeth Maggi / para El Telégrafo

Asociaciones comunitarias ofrecen servicios gastronómicos y artesanales. Los yates modernos permiten adentrarse entre los islotes móviles.

Elizabeth Maggi

Riobamba.-

Emocionada por apartarse de la bulla de Quito, Carla Toapanta alquiló una bicicleta en $ 2 para pasear por el entorno de la laguna de Colta, en Chimborazo. Unos amigos suyos le hablaron de los paisajes, las aves, el aire libre de contaminación y otros atractivos en el cantón del mismo nombre, provincia de Chimborazo.

Toapanta encontró eso y además senderos señalizados que cruzaban  en medio de inmensos árboles de pino y ciprés. Fue imposible no detenerse para fotografiar al imponente nevado que el fin de semana estuvo despejado.

Mientras enfocaba su cámara un ruido llamó su atención: en el lago varias aves negras volaban casi tocando el agua. “Nunca vi algo igual. Se hallaban en fila como en una competencia y a su paso dejaban largas estelas. Fue un espectáculo encantador”, dijo Toapanta.

Luego supo que se trataba de patos con extremidades largas, originarios del lugar, que dan el nombre en kichwa a esta laguna: Kulta Kucha que significa “laguna del pato”.

Los patos son parte de 46 tipos de aves (entre ellas 26 acuáticas y 15 terrestres) que habitan en los 2,5 kilómetros de ancho y un kilómetro de largo que tiene el espejo de agua. Su profundidad es variable. Cerca de la orilla alcanza 8 metros, mientras que en el medio 15.

Está situada a 20 km de Riobamba y a 3 km de Cajabamba. Los pobladores cuentan a los turistas historias que se desarrollan supuestamente a la medianoche. Es el caso de la “mujer de blanco” que ronda por las orillas. “Es parte de la experiencia de llegar acá. Los cuentos son parte del atractivo general”, comentó Carlos Cepeda, técnico de turismo del Municipio.

La riqueza floral está a la vista. Hay tonos morados, amarillos y verdes. Los totorales son la materia prima para los indígenas que elaboran los ‘caballitos de totora’ que sirven para navegar y  son parte de una competencia en Carnaval. Hace 5 años el Cabildo empezó a construir un complejo turístico que ya está terminado a un costo de $ 3 millones. Cuenta con senderos, canchas de fútbol, señalización, juegos infantiles, bicicletas de alquiler, zonas verdes y yates. Según datos municipales, alrededor de 100 mil visitantes arriban anualmente a este lugar y eso impulsó la organización y emprendimiento de microproyectos productivos en 11 comunas y 2 barrios de la zona.

La Asociación Majipamaba, que agrupa a 35 personas, ofrece gastronomía serrana en puestos dentro del complejo. La Asociación Santiago de Quito elabora artesanías. “Antes nos dedicábamos solo a la agricultura, pero ahora el turismo nos abrió otra forma de ingresos”, dijo Aída Llagsha, comerciante.

La seguridad en la navegación se reforzó. “Los guías y pilotos se capacitan en primeros auxilios y planes de contingencia”, aseguró Miriam Bagua, guía.

El viaje en yate cuesta $ 1,50 y permite observar también a las gaviotas en septiembre y octubre y el insólito movimiento de los islotes. En el agua hay carpas y tilapias que no se ven, pues las 14 quebradas de los entornos arrastran con las lluvias gran cantidad de sedimentos. $ 1 millón costará el dragado que facilitará el acceso al orquideario. “Es una tierra bendita llena de historia, cultura y tradición. Visítennos”, invitó el alcalde  Hermel Tayupanda. (I)

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