Sábado, 15 Octubre 2016 00:00 Regional Centro

ESTE AÑO LA DRAMATIZACIÓN DE LA GUERRA SE HARÁ EL LUNES 17 DE OCTUBRE

El Inga Palla recuerda el coraje del cacique Tisaleo

Tras la ‘batalla’, los niños del pueblo son llevados en andas al templo a fin de consagrarlos a Santa Lucía.
Tras la ‘batalla’, los niños del pueblo son llevados en andas al templo a fin de consagrarlos a Santa Lucía. Foto: Roberto Chávez / El Telégrafo

El 1534, este guerrero panzaleo peleó contra los invasores ibéricos. En su honor y por la fe se celebra la fiesta.

Carlos Novoa

El penetrante olor a sangre, columnas de humo blanco y gritos desesperados, alertan de una encarnizada batalla. La aterradora escena es observada desde lo alto de una colina por un joven del pueblo Panzaleo.

Él no es guerrero, es un atalaya. Es 9 de junio de 1534 y las tropas españolas provenientes del nudo de Tiocajas, al sur del país, llegan a una explanada en lo que hoy es el cantón Tisaleo, en Tungurahua.

En su intento por llegar a Quito los ibéricos, al mando de Sebastián de Benalcázar, se encontraron con  12 mil feroces panzaleos, liderados por el cacique Tisaleo, aliado de Rumiñahui.

Al tercer día de la confrontación, mientras el vigía llora impotente al ver a muchos de sus hermanos caer a fuego de arcabuz, un ensordecedor estruendo detiene a ambos bandos. La inesperada erupción del volcán Tungurahua hace huir a los indígenas quienes atribuyen el fenómeno natural al enojo de sus dioses, dando la victoria a los invasores.

Pese a que este capítulo de la historia nacional no tuvo el final esperado, y a que casi han transcurrido 5 siglos desde entonces, este relato permanece fresco en la memoria de los habitantes de Tisaleo, cantón ubicado a 17 kilómetros de Ambato.

La batalla pudo ser contada gracias a la transmisión oral del vigía, la cual se mantiene hasta hoy a través de la narración de padres a hijos.Aunque poco se conoce sobre el atalaya, su relato es parte fundamental de cultura de esta población mayoritariamente agrícola.

Origen del Inga Palla

Hoy, 482 años después, la gesta del cacique del cual toma nombre el cantón se recuerda con gran entusiasmo y alegría. Con este motivo nació el Inga Palla, la fiesta más importante de Tisaleo y que cada año convoca a 20 mil visitantes.

Según el historiador tisaleño Víctor Hugo Navas, la fiesta además incluye la fe de la población a Santa Lucía, patrona de la urbe. “La conquista ibérica fue inevitable, pese a que se hicieron varios intentos por impedirla. Los colonos trajeron varias vírgenes y santos europeos, entre ellos Santa Lucía, que es venerada al sur de España, y que llegó al cantón la mañana del 13 de diciembre de 1584”, dijo.

Aquel día, 50 años después de la batalla, el sacerdote Benito de Gutiérrez fue quien ofició la primera misa a Santa Lucía, que incluía recitaciones y loas a la Virgen. Por la tarde, la fiesta fue complementada con la primera dramatización del combate, pero de forma separada por parte de criollos e indígenas.

De acuerdo con Francisco Buenaño, octogenario profesor tisaleño, este acto tuvo un tinte racista, pues “los hijos de colonos nacidos en Tisaleo hicieron su propia representación de la guerra, pregonando a galope y con orgullo su triunfo, y a la par la población autóctona celebraba su valentía contra los invasores”. Esta separación de clases se ahondó más aún con el pasar de los años. No fue sino hasta inicios del siglo XIX que el accionar de un grupo de religiosos y laicos, quienes veían cómo el racismo ganaba terreno, unificó la celebración.

A decir de Juan Carlos Sánchez, académico e historiador tungurahuense, esto se logró gracias a la fe indiscutible de todos los tisaleños en la patrona del pueblo. “Tras más de 3 siglos celebrando la misma fiesta por separado, y con tintes provocativos, un párroco resolvió reunir a los cabecillas de ambos bandos y solicitar, en honor a la fe a Santa Lucía, terminar con el separatismo y hacer una sola conmemoración. Tras la unificación del Inga Palla, entre 1900 y 1905, aún se representaba la batalla con violencia, pero poco a poco la agresividad fue desapareciendo”, dijo.

Turismo

En 1976 se logró unificar aún más la celebración con la visita de medios de comunicación al cantón. “Hace 40 años varios canales de televisión llegaron y esto motivó a mostrar nuestra mejor imagen. La ingesta de licor también descendió y desde 2011 logramos posicionar al Inga Palla como Patrimonio Cultural Intangible del país”, destacó Rodrigo Garcés, alcalde de Tisaleo.

El burgomaestre además explicó que este año la representación de la batalla tendrá lugar en el sector El Relleno, el lunes 17 de octubre. Tras este acto los devotos de Santa Lucía recitarán loas y poemas a su patrona en la puerta del templo, donde los niños son llevados en urnas para su consagración. (I)

DATOS

Además de la representación de la batalla, los turistas acuden a Tisaleo cada octubre para presenciar el desfile en el que toman parte ambos bandos y la misa a Santa Lucía.

Antes del acto religioso, al que acuden además tisaleños residentes en Estados Unidos, España y grandes ciudades del país, niños y jóvenes recitan loas a la Virgen, en la puerta del templo.

Tanto el bando de los conquistadores como el de los indígenas, tienen un capitán. Estos 2 personajes tienen la obligación de dar comida, bebida y descanso a sus guerreros, que generalmente pasan de 100 personas.

Cada año los capitanes gastan cerca de $ 30 mil en los 3 días de fiesta. La palabra Tisaleo viene de la lengua Panzaleo, no kichwa, que significa ‘tierra del cacique’, e Inga Palla, hace referencia a los príncipes y princesas indígenas, respectivamente. (I)

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