Sábado, 12 Noviembre 2016 00:00 Regional Centro

La efigie del santo llegó a esta jurisdicción hace 2 siglos

Buenaventura vive de la fe y de la buena gastronomía

Mercy Martínez ofrece llapingachos en los alrededores de la plaza Central. Aguarda a que la misa concluya.
Mercy Martínez ofrece llapingachos en los alrededores de la plaza Central. Aguarda a que la misa concluya. Foto: Silvia Osorio / para El Telégrafo

Una imagen de 40 centímetros de alto ayuda a dinamizar el turismo y la economía de miles de personas cada domingo.

Silvia Osorio

“Mi doctorcito es bien milagroso y le sanó de una enfermedad a mi nietita”, son las emocionadas palabras de Marcelina Sinchiguano. De este modo se refiere al dr. san Buenaventura, patrono de la parroquia latacungueña del mismo nombre, que supuestamente curó a una niña que padecía asma.

Por eso, esta mujer de 68 años y otros cientos de devotos concurren cada domingo a la misa de las 11:00. Allí oyen el sermón, rezan y colocan veladoras al costado derecho del pie de la imagen.

La historia cuenta que Juan de Fidanza (san Buenaventura) nació en Italia en 1221. Fue un niño enfermizo cuyos padres pidieron a san Francisco de Asís que lo sanara y a cambio él tomaría los hábitos franciscanos. Así fue y adoptó el nombre de Buenaventura.

La imagen llegó de la parroquia Aláquez hace 200 años. El 22 de abril de 1953, Buenaventura fue declarada parroquia urbana, pero la festividad se transfirió al 14 de julio, que, según el calendario católico, es el Día de san Buenaventura. La efigie del santo no supera los 40 centímetros de altura.

Según el párroco Óscar Tapia, los domingos se celebran 2 eucaristías a las 07:00 y a las 11:00. En ambas el templo se llena, pues la popularidad del santo traspasó las fronteras.

Para corroborar esto hay 2 mil placas de todos los tamaños que fueron colocadas a lo largo y ancho del templo por fieles agradecidos.

Once barrios forman la parroquia que está situada a 10 minutos de Latacunga. Con el tiempo, el arribo de creyentes generó la necesidad de ofertar comida típica.

Gladys Panchi cuenta que “hace 25 años, 2 familias lo único que vendían eran tortillas de maíz y de papa. Hoy lo hacen casi todas las familias que rodean la plaza central de la iglesia”.

Se vende caldo de gallina, fritada, mote, chochos, yaguarlocro, ají de cuy, cariucho, chicha de jora, estofados de pollo y res; además, choclos con queso, habas con ají e incluso colada morada con guaguas de pan todo el año.

De esta variopinta gastronomía sobresalen las tortillas de maíz, opina la comensal Claudia Proaño. Para ella el éxito radica en la porción de queso y la cocción en leña. Las 5 unidades cuestan $ 1”.  

Según la comerciante Mercy Martínez los domingos llegan más de 3 mil fieles que contribuyen con miles de dólares a la economía local. (I)

ENLACE CORTO

Google Adsense

Google Adsense