Los puruháes se volvieron expertos en este tipo de construcciones

60 chozas están en pie en el cantón Riobamba

| 28 de Enero de 2017 - 00:00
La cubierta se formaba con varias capas de paja colocadas alternadamente de manera horizontal y vertical.
FOTO: Foto: Roberto Chávez / EL TELÉGRAFO

Los que aún poseen estas viviendas les atribuyen cualidades inmejorables para secar y cocinar granos.

Manuel Caucal, de 83 años, agarra con esfuerzo un canasto lleno de maíz para ponerlo a secar al sol. El mote que obtendrá de este proceso le servirá para acompañar el almuerzo de su familia.

El secado se realiza dentro de una choza de 36 metros cuadrados que fue construida por él hace más de 60 años en el barrio Central de la parroquia San Gerardo en Guano.

En aquel tiempo el uso de este tipo de viviendas era todavía frecuente en el pueblo kichwa puruhá y en otros grupos indígenas de la Sierra central. En las últimas décadas fue desapareciendo.  

Las chozas se fabricaban con una mezcla de barro y paja. Las paredes, sin ventanas, tenían hasta 80 centímetros de ancho, para darle firmeza a la construcción.

Por eso, Caucal considera que su choza es el mejor lugar para secar granos porque el techado de paja distribuye bien el calor. “Tengo 2 viviendas más de hormigón y cemento con todo lo necesario, pero jamás derrumbaría mi choza que es tan vieja, pero igual de útil. Allí mismo cocinamos el mote con leña y el humo se queda en la paja y la refuerza. No lo cambiaría por nada, es mi lugar preferido para mis actividades”, asegura Manuel.

Según el libro Culturas Ecuatorianas, los puruháes se asentaron en Chimborazo y Tungurahua desde el año 1.200 d.C. Eran conocidos por su bravura y su lucha constante contra los incas y españoles.

En la arquitectura de sus viviendas empleaban materiales que había en su entorno. Aplicaban métodos matemáticos, como el jeme, unidad de medida que corresponde a la apertura del dedo pulgar con el índice (17 centímetros).

Este tipo de medición permitía que la infraestructura soportara vientos, fríos, calor e incluso se pensaba en posibles desastres naturales. Los puruháes también se preocuparon por el confort.

Ximena Idrobo, arquitecta e investigadora de las chozas puruháes, cifró en 60 las que aún están en pie en la zona rural de Riobamba. “Solo algunas son habitadas, otras están en proceso de destrucción. Están hechas con la planta denominada chaguarquero o penca verde, que sirve de base y cuyo tallo se levanta  5 o 6 metros de altura”.

Las chozas solían tener 2 áreas. Una para el fogón en donde se desgranaban y cocinaban los granos y el lugar de descanso. La otra era el soberado o bodega. (I)

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