El hogar para niños de Cotopaxi está ubicado en la parroquia B. Quevedo

30 chicos buscan otra oportunidad en Cotopaxi

- 21 de Enero de 2017 - 00:00
Los beneficiados tienen alguna discapacidad y su edad está entre los 0 y 5 años. Ellos reciben terapias físicas.
Foto: Silvia Osorio / para EL TELÉGRAFO

Treinta y siete ‘tías’ trabajan en el cuidado de los niños. El MIES se encarga de los trámites de adopción.

Latacunga.-

Lourdes sostiene a Luis con cuidado y mucha paciencia para evitar que resbale en la mesa. Este pequeño de 2 años no tiene buen equilibrio. Ella está ahí para cuidar de él y de otros 29 niños y adolescentes que se encuentran asilados en el Hogar para Niños de Cotopaxi.

Lourdes Yánez ha dedicado 12 de sus 50 años a trabajar en esta institución ubicada en la parroquia Belisario Quevedo. Las historias de maltrato, abandono y sufrimiento de los menores calaron en su alma y le dieron la sensibilidad para ofrecerles el cariño que sus propias familias les negaron.

Lourdes es una de las 37 ‘tías’ que trabajan en el cuidado de los chicos y el mantenimiento de la casa que cuenta con dormitorios, aulas, cocinas, baños, duchas, salas lúdicas, áreas verdes, patios y terraza.

Los niños y niñas que ingresan lo hacen a través de la Dirección Nacional de Policía Especializada Para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapen), pues son rescatados de situaciones de riesgo. Tienen edades entre 0 y 5 años. Allí se los evalúa y, de acuerdo con esto, se los envía a la Casa Abordo, si no presentan ninguna dificultad física ni mental, o a la Casa Esperanza si tienen alguna discapacidad.

Según Verónica Caiza, comunicadora de la casa, actualmente en el primero están 17 menores de modo temporal y en el segundo 13 de forma permanente.

“En Casa Esperanza trabajamos para que la sociedad no los rechace ni vulneren sus derechos”, explicó Caiza quien recordó que la institución necesita un presupuesto anual de $ 650 mil. Cada mes requieren   $ 5.500. Este dinero se obtiene a través del apoyo de una organización no gubernamental de EE.UU. que aporta con el 70%. El resto proviene de la autogestión y donaciones.

El voluntariado que arriba gracias a la información que se difunde en las redes sociales es importante. Son mayores de edad y reciben una charla de conocimiento de las políticas del lugar.

Una de las voluntarias es Anahis Travez, de 16 años, quien llegó por un programa de vinculación de la U.E. Sagrado Corazón de Jesús. “Es una gran experiencia. Aprendí que hay realidades muy duras en las que nos debemos fijar como sociedad”.

Los procesos de adopción se realizan en el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES). Esta casa realiza los seguimientos con la trabajadora social. (I)