Lunes, 03 Octubre 2016 00:00 Editorial Cartón Piedra

La película que retrató nuestro país cumple diez años

Editoriales

En febrero de este año, en CartóNPiedra dedicamos un especial a los diez años de la creación de la Ley de Fomento del Cine Nacional. Ese texto fue la génesis de una etapa de producción cinematográfica que nunca antes había vivido Ecuador. Pero mientras la Ley aguardaba el reglamento que la echaría a andar, había cineastas que se estaban moviendo y que luego marcarían las pautas de la creación audiovisual en el país.

Por ejemplo, hace poco hicimos también una edición sobre Sebastián Cordero, que recientemente lanzó la película Sin muertos no hay carnaval. Cordero es sobre todo conocido porque es el director ecuatoriano más internacional que existe.

Una de las caras más mediáticas del cine nacional, junto a la de Cordero, es la de Tania Hermida. Lo es por varias razones: se ha mantenido vigente en los últimos diez años a través de proyectos tanto cinematográficos como académicos y políticos (fue asambleísta constituyente en 2008), ganó varios premios internacionales por su película En el nombre de la hija (2011), y ahora es la directora de la escuela de Cine de la Universidad de las Artes.

Pero el origen de todo está en su primer largometraje, Qué tan lejos. El 8 de septiembre se cumplieron diez años del estreno de la película, que estuvo 24 semanas en las carteleras del país, y que se ha convertido en una de las más taquilleras de la historia del cine nacional: más de 200 mil personas compraron una entrada para irla a ver.

La película fue rodada en un Ecuador posdolarización, que sobrevivía gracias al fenómeno de la migración y que era políticamente muy inestable. En medio de eso, Qué tan lejos puso a nuestro país en la pantalla grande, nos habló de nosotros, nos enseñó nuestros lugares, nos puso enfrente de nuestra gente, nos hizo palpar la interculturalidad, un concepto que poco después se volvería esencial en el proyecto político del país.

Pero el filme nos mostró también algo más: se trata de un ensayo sobre una paradoja, aquella de la imposibilidad de encontrar una identidad. El lenguaje en que nos habla es una búsqueda —interminable— de sentidos.

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