Música

Una yegua blanca y una buena suegra

- 26 de diciembre de 2016 - 00:00

Cada año, durante la última semana de diciembre, donde quiera que nos encontremos (en casa, en la oficina, en el auto o en la calle) escuchamos, desde hace ya muchos años, una canción que tiene un ritmo y una letra que penetran sutilmente el pensamiento, el cuerpo y el alma. Se trata de una melodía que provoca alegría, pero, al mismo tiempo, también nos causa tristeza y melancolía. Cuando está sonando, algunos quisiéramos escapar, escondernos, tal vez porque nos recuerda que se está acababando un año más de nuestra existencia. Y esto no es cualquier cosa.

Las emisoras de radio la hacen sonar varias veces durante el 31 de diciembre y, cuando las manecillas del reloj se acercan a las 12:00 de la noche, esta canción se vuelve melancolía, tristeza y quejido. Reímos y cantamos pero el alma suspira y llora.

Yo no olvido el año viejo,
porque me ha dejado
cosas muy buenas.
Me dejo una chiva,
una burra negra,
una yegua blanca
y una buena suegra…

Para las abuelas y abuelos de la casa, esta canción es una reliquia y la tienen muy bien guardada en el viejo baúl. En el polvoroso disco de acetato apenas se puede leer su título, ‘El año viejo’.

El compositor de ‘El año viejo’ fue un agricultor indígena que no sabía leer ni escribir, pero que sabía expresar sus sentimientos mediante la palabra y de la música que arrancaba a las flautas que él mismo solía fabricarse. Caminaba con la pata al suelo porque decía que necesitaba sentir el sabor de la tierra. En ese tiempo no había calles pavimentadas, menos aún en el campo donde vivía.

Desde que vio la luz, esta canción se ha convertido en el himno legítimo y necesario para despedir al año viejo. Esto sucede en nuestro medio y en la mayoría de países de América Latina. Pero en Colombia y México esta canción tiene un significado especial porque el compositor es colombiano y el cantante que ha tenido éxito con esta melodía, mexicano.

Yo siempre tuve curiosidad por saber quién escribió esta canción y quién la cantaba. Hay muchas versiones pero una es la que se escucha con total preferencia.

‘El año viejo’  fue creada hace aproximadamente 65 años. La versión que escuchamos fue grabada en 1953. El compositor colombiano se crió en el monte y sus padres eran agricultores. En cambio, el cantante mexicano nació entre luces de neón, escenarios y música: sus padres eran artistas itinerantes de teatro.

El autor de ‘El año viejo’ se llamaba Crescencio Salcedo Monroy. Nació en un pueblito del estado de Bolívar llamado Palomino, el 27 de agosto de 1913. Cuando le preguntaban si él era compositor, respondía que no, que era un recogedor de sonidos. «Mi escuela es el campo y mis profesores son los pájaros. El turpial, ese pajarito bello que usted lo encuentra aquí en muchas partes, no estudió música y, sin embargo, nos hace escuchar hermosos sonidos».

Crescencio Salcedo tenía en su garganta una orquesta completa. Imitaba los sonidos de la trompeta, el saxofón, la gaita, los tambores… Decía que no inventaba nada, que solo contaba lo que miraba todos los días. «En mi casa tengo una chiva, una yegua blanca, una burra negra y una suegra con la que me llevo bien».

Patrimonio nacional

‘El año viejo’ es considerado en su patria, Colombia, patrimonio nacional.

A Crescencio Salcedo, lo llamaban el ‘Compai Mochila’, seguramente porque en una mochila de cabuya que cargaba en su espalda metía las flautas que fabricaba y vendía en el parque del pueblo.

Salcedo es también el autor de ‘La múcura’, canción que recorrió el mundo alrededor del año de 1950. Se dice que existen 350 versiones de este tema, y ha sido interpretada por las más prestigiosas orquestas del mundo. La entonaron los más prestigiosos cantantes no solo de nuestro continente sino también de Europa. La vedete cubana Ninón Sevilla la cantó en una película mexicana, acompañada por la orquesta de Dámaso Pérez Prado.

La múcura está en el suelo,
mamá no puedo con ella,
me la llevo a la cabeza,
mamá, no puedo con ella…

Como si fuera poco, Crescencio Salcedo es también el autor de ‘Mi cafetal’, otra canción que se popularizó y se prendió como pólvora para iluminar los más grandes escenarios musicales del mundo.

Porque la gente vive criticando,
me paso la vida sin pensar en na’.
Porque la gente vive criticando,
me paso la vida sin pensar en na’.
Pero no sabiendo,
que yo soy un hombre,
Que tengo la vida,
bien asegura…

¿Se acuerda de esta que dice:

Se va el caimán,
se va el caimán,
se va para Barranquilla.
Se va el caimán,
se va el caimán...?

Unos meses antes de su muerte (3 de marzo de 1976), a Crescencio Salcedo Monroy se lo encontraba en la calle Junín, de Medellín, vendiendo sus flautas. Se sentaba en la banca del parque y colocaba un letrero que decía: «Aquí no se pide limosna. Se vende flautas a cien pesos». Murió como mueren los grandes hombres: solo y abandonado.

Quién es el cantante

Posiblemente la versión cantada más escuchada de ‘El año viejo’ es la de Tony Camargo. Camargo es considerado en su patria, México, un ícono de la música tropical. Vive aún. Tiene 90 años y todavía se presenta a cantar en algunos escenarios de su país. La voz de Camargo interpretando ‘El año viejo’ es muy familiar para nosotros.

Este cantante nació en Guadalajara, México, en 1926. Su vida artística es fascinante, a tal punto que ha sido comparado con Beny Moré. Hay grabaciones en las que Moré le hace la segunda voz, como en el bolero ‘Esta noche corazón’ o ‘Sin razón ni justicia’. En otras canciones, Beny Moré le hace el coro.

Camargo cantó con grandes orquestas de México y Cuba, y con la Billos Caracas Boys de Venezuela. Cuenta que grabó mil canciones para la RCA Víctor y que solo sacaron al mercado cincuenta. Dice que no sabe por qué las 950 restantes están embodegadas.

La historia de cómo esta canción de ‘El año viejo’ llegó a sus manos es así: Siendo aún muy joven, estaba de gira artística por Caracas, en 1952. Aquí, en esta tierra venezolana, escuchó ‘El año viejo’, y otras canciones de la autoría de José Barros y de Pacho Galán, y se las llevó a México.

Ya en su patria hizo su primer larga duración (LP), en el que incluyó ‘El año viejo’. Era 1953. La orquesta que lo acompaña es nada más y nada menos que la del pianista mexicano Rafael de Paz. Los coros de la canción son de Refugio ‘Cuca’ Hernández y las hermanas Gudelia y Laura Rodríguez, integrantes del trío Las tres Conchitas.

Un día le peguntaron a Camargo de qué se lamentaba en la vida y él respondió: «De no haber ido a Colombia conocer a Crescencio Salcedo y darle un abrazo».

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