Lunes, 21 Noviembre 2016 00:00 Cartón Piedra

Poesía

Tyrone Maridueña: Para la poesía quiero el mismo respeto que se le tiene a la novela

Tyrone Maridueña: Para la poesía quiero el mismo respeto que se le tiene a la novela
Jéssica Zambrano Alvarado, Periodista

Una tarde, en el barrio guayaquileño San Pedro, guarecidos del sol en el pequeño tejado de una casa que congrega a amigos a beber cerca de la Universidad Católica, Tyrone Maridueña (Guayaquil, 1986) le entregó al poeta Vladimir Zambrano un largo texto llamado ‘El secreto de las viudas’. «El poema solo está en dos versos», dijo Zambrano. «El buscar un hombre que limpie la selva de lo inexistente implica esconderse en los últimos desvaríos de las bestias», dice Maridueña en un borrador de ese primer texto que ahora reside en una pila de papeles, junto a tantos otros que esperan su evolución o perderse definitivamente.

Tyrone Maridueña es un tipo que vive desconcentrado. Tiene en su mano un rosario (regalo de su hermana) que aprieta cada vez que necesita enfocarse. Se pierde fácilmente, y lo prefiere así. Cuando empezó a trabajar en Introducción al pánico (Premio de Poesía Emergente Desembarco Poético 2016), el personaje central estaba aún oculto. Cuando lo creyó terminado, volvió a leerlo y supo que uno de los personajes secundarios era el que debía entrar a escena como el central. El libro que quería escribir se escondía en dos páginas (de treinta), como había dicho Zambrano. Volvió a buscar la columna vertebral del texto y empezó de nuevo.

Maridueña empezó a escribir pequeños versos en la adolescencia. Cuando se los mostró a sus padres, ellos se entusiasmaron y quisieron que no parara de escribir. Su papá había escuchado que un grupo de poetas se reunía en una cafetería de Urdesa que ya no existe. Un día fueron a conocer a los chicos del colectivo Buseta de Papel, que iban leyendo versos por las escalinatas del Cerro del Carmen. El papá de Tyrone los alcanzó. Les dijo que su hijo también escribía y les invitó una cerveza. De ahí salió una serie de lecturas y comentarios que poco a poco han ido definiendo su trabajo.

El texto con el que ha sido premiado está en prosa, tiene personajes y se entreteje con una pequeña tragicomedia. Quiere contar una historia, que la poesía no se piense solo como palabras mayores que deben leerse en fragmentos. Su intención es calar profundo.

¿Cómo ha ido mutando tu escritura desde que fuiste parte de Buseta de Papel?

Ha sido un trabajo de búsqueda, de interpretar la ciudad, mi trabajo. En un primer momento sí leía los textos que hacía, ahora estoy tratando de alcanzarlos.

¿En qué sentido?

Con Introducción al pánico, hasta el último día que mi novia Diana me ayudó a corregir comas y tildes, pensamos que algo faltaba. No sabía qué. Corregí dos líneas y ahí estaba marcado que el personaje que quería que todos vean no era el central. El secundario era el real. El texto me enseñó el ejercicio que debía aplicar para poder entenderlo. Se me fue de las manos.

Desde el inicio, sentía que mis lecturas no bastaban. El libro me exigió que mi cuerpo se expandiera y aprendiera. Fui a lugares como El Cangrejo Cultural, La Culata, y hablaba con actores sobre danza y expresión corporal. También me ayudaron músicos, sobre la frecuencia interna del texto. Tuve que expandirme para escribir, la simple lectura no bastaba para lo que quería.

¿Y qué querías decir?

Creo que es un momento en que la poesía está en un letargo. Volvimos a pensar que la poesía está por encima de otras formas de pensamiento y con todo lo que recopilé pienso ahora que la poesía es aún adolescente. Desde que comencé a escribir fui a recitales, sentía que había una efervescencia, pero hay una reivindicación poética y política que debe ser puesta en escena. Ahí viene la parte en que me dediqué a investigar para la poesía. Quería que el texto poético se expandiera a otras personas y que no lo vieran lejano; que los temas que manejan los poetas vayan más allá del amor/odio o de las palabras fuertes que tienen un ritmo. Quería atravesar todo eso. Tuve que ir solo por ese sendero. La expresión corporal, el performance que apliqué me ayudó a entender un poco más al ser humano, me ayudó a comprender que la condición humana era muy importante para la poesía.

¿La condición física del ser?

Del cuerpo y la mente.

¿Esa sintonía?

Más que sintonía, relación. Introducción al pánico habla de esa complicada relación que tiene el humano como ser social y como individuo. El cuerpo está por un lado, la mente por otro. No hay armonía y no quiere decir que haya caos, sino otro lenguaje.

¿Cuál es el sentido del pánico en tu planteamiento del cuerpo?

Quería aproximar el texto a cualquier persona y que se sintiera bien, pero entendí que eso no bastaba, que no quería la comodidad de las personas, ni siquiera mi propia comodidad, y el libro me lo señaló. No es cómodo escribir a veces. Entendí que el pánico es una forma de alerta para mucha gente, y que a la vez puede ser tierna, como cuando alguien te hace cosquillas: una persona no se puede hacer cosquillas a sí misma, cuando otra persona lo hace quien las siente se ríe pero es una reacción de pánico. Para entrar al pánico las personas deben reír para asimilar ciertas cosas, más que imponerlas o  hablar en un lenguaje elevado. El humor y estas cosquillas de pánico me resultan mejor para contextualizar el porqué del pánico.

¿La primera vez que terminaste el libro te sentías cómodo?

Lo había trabajado un año ocho meses y lo dejé por un período de cuatro meses. El aprendizaje siguió, lo volví a leer y me di cuenta de que el ego cubrió ese libro. Mi ego de querer escribir mejor, de querer ser mejor antes de querer ser sincero. En algún punto, la etapa por la que pasaba se impregnó en el libro. Me sentía bien. Lo terminé y sentía que estaba bien. Luego de meses de seguir aprendiendo, me di cuenta de que no. Que debía darle la vuelta.

¿Cómo llegaste a esa nueva búsqueda?

Porque quería usar un lenguaje que se entendiera para todos.

¿Y no era así?

No. El libro debe sobrevivir solo; los personajes, buscarse la vida. Y le di más libertad para que fluya. Traté de reescribirlo, dejarlo reposar y ver cómo se mueven las historias en el texto para volver a revisarlo. Fue un baño de humildad: no estaba preparado.

Mientras el lenguaje revela la perversión de la libertad;/ cualquier intención puede perturbar las circunstancias de la alegría./ Reconozco que este eclipse/ (entre historias, niños y futuros)/ puede ser de otro/ totalmente ajeno.

¿Eso te llevó a las artes escénicas?

Desde entonces estaba latente que había algo que debía aprender y que el libro me exigía, y hablo del libro como un ente. Me parece muy importante que el autor y el texto se separen, el libro sobrevive solo en la calle y eso lo decide el tiempo.

¿Cómo defines tus personajes?

En noviembre de 2015 entrevisté a un esquizofrénico y un adolescente depresivo, como parte del trabajo del libro. Además, había una persona que se había recuperado de ataques de pánico. Traté de acercarme como a quince personas, pero fue un proceso difícil. Al final entrevisté solo a tres.

¿Por qué necesitabas estas entrevistas?

Quería ver los alcances de la condición humana. Quería ver de cerca los alcances de la mente humana para autodestruirse o conservarse. Tres no me creyeron que era para un texto poético, otros me pidieron dinero y otros accedieron. Con ellos conversé y poco a poco detonaban cosas que, luego, amigos psicólogos me ayudaron a comprender.

¿Cómo influyeron estos diálogos en ti y en la relación con lo que escribías?

Tuve que pasar solo diciembre, esas fechas de fin de año. Sentía que podía afectar a otras personas por la carga que tenía. Mi cabeza explotaba. Me desesperé. Siento que no hice de la mejor forma esta investigación porque no tenía un método. Poco a poco absorbes... Mi autoestima descendió porque luego de escribirlo tanto, solo tres hojas servían. Reescribí. Reescribí. Fue un proceso de crecimiento. Me expandí un poco. Comprendí el valor de la observación, del diálogo, de la humildad. Me refiero a una humildad de poder escuchar a los otros, mirarlos y sonreír.

¿Usaste esos diálogos para construir tus personajes, hay alguno textual?

Al principio lo intenté, pero no era correcto. Lo que hice fue tomar la forma en que funcionaban sus impulsos. En mi anterior trabajo me pidieron grabar unas defensas de tesis, y algunas eran de Psicología, y escuché todos los casos. Uno de estos era sobre el sinthome, aquello que haces y te enlaza a la realidad. Lo analicé, lo traté de anexar a las historias y me ayudó a crear. Tuve que darle una línea narrativa. Más allá del texto poético y la tragicomedia que va a lo largo del libro, necesitaba una narración interna que respondiera a las condiciones que quería marcar del ser humano: los diferentes trastornos, el miedo a estar solo y responder a las entrevistas que tuve con estas tres personas.

¿Por qué crees que necesitas un método de investigación para escribir?

Yo soy superdesordenado para investigar. Me da coraje que cuando escribo el libro y se lo entrego a amigos, lean solo unos pocos textos. Quiero el mismo respeto para la poesía que se le tiene a la novela, al microcuento, más allá del ritmo, la poesía puede contar algo, lo hace desde la poesía épica. Quiero a la poesía atravesada por el teatro, el microcuento. La poesía tiene unidad en la universalidad, hay una condición política, filosófica y social.

El segundo alcance es que Introducción al pánico forma parte de tres libros. Quiero que el segundo sea parte de mi tesis de maestría. Escribir y publicar está bien, pero reivindicar una postura de la poesía, desde la poesía, es más importante. Creo que ese es mi fin.

¿Crees que el libro puede sobrevivir solo?

Sí, porque va a ser incómodo para mucha gente. Yo tampoco puedo verlo mucho. Me demoré en corregir porque me metí a pensar en todo eso. Creo que es un libro que trata de ser muy cercano a todos, pero tiene pequeñas cicatrices. Pero, sobre todo, quiero pensar que hay honestidad en el libro. Creo en el momento en el que ganó el texto: sé que es un momento para que se meta en las cicatrices que tenemos todos y se calle un rato. Creo que esa es una forma de sobrevivir.

Guayaquil... ¿qué significa para ti escribir este libro en esta ciudad?

Traté de situar el libro en un lugar que ni siquiera yo podría reconocer fácilmente. Pero Guayaquil me ha ensañado, a pesar de todos los problemas que la rodean, es una ciudad humilde y lo digo por la gente con la que me relaciono. Tengo la fortuna de juntarme con personas buenas entre las que no hay egoísmo sobre lo que el uno sabe y el otro no. A Guayaquil la traduzco en un aleph humilde porque no termina en lo bueno, en lo malo. Desde mi percepción está tratando de empujar eso. Que sean varios puntos de relaciones fuertes. Me daría más coraje que de aquí a seis años no pase nada.

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