Lunes, 03 Octubre 2016 00:00 Cartón Piedra

De las palabras a os hechos

Evitemos la plaga de erratas

Evitemos la plaga de erratas
María del Pilar Cobo, Correctora de textos y lexicógrafa

Busco en el diccionario la palabra errata. El Diccionario de la Lengua Española dice lo siguiente: «equivocación material cometida en lo impreso o manuscrito», muy similar a la definición que da María Moliner en su Diccionario del uso del español: «error material en un texto, atribuible al proceso de impresión o a la equivocación del copista, cuando se trata de un manuscrito». En ambas definiciones me llama la atención el adjetivo ‘material’, que se refiere a aquello que se ve, que es evidente en el texto. Una errata, por lo tanto, es aquel error que se evidencia en un escrito, puede tratarse de una tilde mal puesta u omitida, un signo de puntuación ubicado en un lugar inexacto, una letra de más, etc.

Hay erratas ortográficas y también erratas tipográficas, que son aquellas en las que se nota que el error no fue producto de la ignorancia de las reglas sino del descuido de quien escribió. Y hay también errores graves de contenido. Lo cierto es que todos, a lo largo de nuestras vidas como lectores, hemos visto a una errata saltar impune desde algún texto.

Las erratas, sin importar el tipo, siempre están en el texto como una mancha que lo afea, que nos habla del poco cuidado que ha puesto en él la persona que lo ha escrito o quien lo ha revisado (si alguien lo ha hecho). Nos producen desconfianza en lo que leemos, pues, cuando encontramos una, no podemos evitar seguir buscando más. También nos hacen desconfiar del autor del documento; aunque se trate de alguien de renombre, encontrar una errata es imperdonable. Asimismo, dudamos de la institución que se encuentra detrás del texto.

Las erratas son la ruptura de un contrato, por eso es tan importante que quienes se dedican a la tarea de escribir y cuidar los textos tengan mucho cuidado para que no se cuele una. Lamentablemente, casi siempre se cuelan, por más cuidadosos que seamos. Las erratas, además de generar desconfianza, también son tercas y entran, como las polillas, hasta en las casas más limpias.

La cuestión es que, dada la proliferación de erratas en los textos escritos, es muy importante entrenar los ojos para fijarnos en ellas, para evitar que se propaguen y se naturalicen. Porque puede suceder que de tanto verlas pensemos que son correctas, y, ahí sí, no habrá nadie que las extermine.

Los correctores son, entre todos quienes se dedican a la lengua y al cuidado de los textos, los más expertos en detectar erratas. Un buen corrector está siempre atento para evitar que se deslice algo que pueda ensuciar un texto, a veces la tarea es placentera porque el escritor es también muy cuidadoso, y a veces es entrar en un campo minado.

A veces las correcciones son mínimas y en otras ocasiones el texto corregido evidencia una verdadera cacería. Sin embargo, no son solo los correctores quienes deben fijarse en las erratas, todos nosotros debemos hacerlo. Por esta razón, precisamente, la Asociación de Correctores de Textos del Ecuador (Acorte) organiza desde hace cuatro años el concurso Caza de Erratas.

Este concurso es un llamado a todas las personas para fijarse en las erratas que se deslizan en los textos publicitarios y de señalética que pueblan las ciudades. Es un llamado a estar atentos, cámara en mano, para captar a las erratas in fraganti y denunciarlas. Si bien todas las erratas tienen su grado de gravedad, son peores aquellas que llegan a una mayor cantidad de gente, y aquellas que proceden de instituciones que tienen la gran responsabilidad de informar y de educar. La de la Acorte es una invitación a recorrer las calles con ojo avizor, y a cazar erratas y eliminarlas con tiros certeros. No dejen pasar esta oportunidad, tal vez si todos nos unimos, podemos evitar que la plaga se propague.

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Lunes, 03 Octubre 2016 11:21

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