Lunes, 19 Septiembre 2016 00:00 Cartón Piedra

De las palabras a los hechos

Elecciones lingüísticas e identidad

Elecciones lingüísticas e identidad
María del Pilar Cobo, Correctora de textos y lexicógrafa

Nuestras vidas son lo que son debido, sobre todo, a las elecciones que tomamos. Siempre tenemos ante nosotros varios caminos por los que optar, y el hecho de que entre todas las opciones elijamos una marca el rumbo de nuestra existencia. A veces estamos marcados por elecciones que otros hicieron antes de que existiéramos o cuando aún no éramos capaces de tomar decisiones trascendentes, pero la cuestión es que esas elecciones han configurado lo que somos.

En la lengua sucede lo mismo. El que hablemos de una u otra manera, que elijamos un tono y no otro, que escojamos una palabra entre varias con sentidos similares, y muchas otras opciones, va marcando nuestra manera particular de comunicarnos con el mundo y de mirarlo. Muchas veces se discute acerca de dónde se habla el mejor español, es más, de vez en cuando salen noticias en los medios en las que cierta comunidad se jacta de la proeza, e incluso se tiende a rechazar o menospreciar a aquellas personas o grupos que ‘no hablan bien’ (‘bien’ desde nuestra perspectiva, por supuesto). El hecho es que no existe eso de que unos hablen mejor y otros peor, solamente existen opciones de los hablantes en relación con su lengua; formas en las que nos resulta más cómodo comunicarnos y que por eso privilegiamos sobre otras.

Si por un momento hacemos un ejercicio metalingüístico y pensamos en cómo está configurada nuestra lengua personal, nos daremos cuenta de las opciones que hemos tomado, y también de esas opciones milenarias que han ido transformando nuestra forma de hablar y de elegir. Pensemos, por ejemplo, en las palabras que escogemos para escribir un mensaje; los términos que usemos dependerán de a quién nos dirigimos; serán más serias si se trata de alguien del trabajo o con quien tenemos una relación lejana, más coloquiales si nos dirigimos a nuestros amigos, más técnicas si damos una instrucción, menos complicadas si el interlocutor habla otro idioma, en fin, la elección siempre está en juego.

Lo mismo sucede cuando hablamos. Por ejemplo, si estamos en un lugar en el que no se habla nuestra variedad, trataremos de usar palabras de un español más ‘estándar’, más convencional, sin que eso signifique perder nuestra identidad.

En ciertos momentos, las opciones que tomamos no son las más adecuadas o las que nos permiten comunicarnos mejor. Cuando nos damos cuenta de que eso sucede, generalmente buscamos adecuar nuestra lengua para que nos comprendan, pero siempre se trata de una elección. También —como en la vida— hay elecciones tomadas por otros que marcan nuestra forma de comunicarnos. Estas elecciones están determinadas por el sitio de donde venimos, la educación que hemos recibido, las variantes que nos resultan más familiares, entre otros factores.

Sin embargo, decidir usar aquella lengua que otros nos han inculcado también es una elección personal; podemos, como usuarios inteligentes del idioma, crear nuestra propia identidad. Como vemos, las decisiones son importantes porque configuran nuestro estar en el mundo; nuestras opciones lingüísticas también son importantes, pues configuran nuestra manera de comunicarnos, de acercarnos y hacernos entender.

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