Lunes, 10 Octubre 2016 00:00 Cartón Piedra

Váyaselaver

El sexo con sentido (auditivo)

El sexo con sentido (auditivo)
Hugo Avilés. En conversación con Luciana Grassi, Ricardo Velasteguí y José Rengifo

Ir a ver Entre tus piernas equivale a vivir tres obras: 1) la que el elenco actúa; 2) la que yo imagino, y 3) la que preparan y disfrutan los artistas. Todo por cinco dólares, es lo que Pop Up Café Teatro nos ofrece de miércoles a sábado en cuatro horarios cada noche. Con textos y dirección de José Rengifo y actuaciones de Luciana Grassi y Ricardo Velástegui, el cartel sugiere un espectáculo erótico al que, después de asistir y conversar con el elenco, coincidimos en llamar «voyerismo teatral». Pero ¿qué espectáculo no tiene esa carga de voyeur que nos vuelve cómplices y encubridores del hecho escénico? Bien, Entre tus piernas no solo lo tiene, sino que lo ofrece como promesa de valor (hablando con argot marketero), por esto «y otras eficiencias más que en un anexo se especifican» —parafraseando a Serrat— es que elegimos opinar sobre ella y compartirlo con vosotros, lectores.

La propuesta empieza sorprendiéndonos con el pedido de entregar los teléfonos celulares, lo que todos acatamos con cierto nerviosismo de desprendimiento; luego ingresamos a un cuarto completamente oscuro, tanto que ni la dilatación de pupilas registra volumen alguno. Voz en off: «Bienvenidos… No se levanten de sus asientos… No intenten tocar a los actores… El espectáculo no es interactivo». Las expectativas aumentan. Me entrego a disfrutar de un tiempo/espacio privado de un sentido y potencio los restantes.

La representación real

Lo que comúnmente sucede en la mayoría de montajes en los que los pies de acción —o acotaciones escénicas— pasan desapercibidos ahora se magnifican, y el silencio comienza a ser escrito por sonidos ordenados con evidente intención descriptiva narrativa. Hay que escuchar todo con percepción periférica; la experiencia me remite a un «ensayo de la ceguera» en el que me están contando la siguiente fábula: una mujer se masturba en la soledad de una habitación a la que de pronto entra un hombre que nerviosamente se disculpa; pero ella no le da importancia. Se conocen. Fueron amantes… El conflicto me atrapa, a pesar de la interrupción por carcajadas de algunos espectadores. Continúa la trama, diálogos pequeños, sin grandes tesis, naturalismo al estilo de Tennessee Williams. Situación de un conflicto cotidiano que adelanta el clímax. El rocío de un perfume me activa el olfato. La obra continúa hacia lo más predecible de la sensorial propuesta: el encuentro sexual, los cuerpos de los protagonistas rozan a los espectadores y descubro el cuidado con que han trabajado el manejo de distancias entre cuerpos y espacio, eso que llamamos proxemia. El momento sexual es largo, quizá demasiado para el sostenimiento de la historia que corre el riesgo de diluirse o de volverse concesiva con el morbo al que inevitablemente nos han conducido. Interjecciones explosivas. Una que otra palabra sucia dicha para provocar. Termina el orgasmo auditivo; tres minutos más tarde, un portazo nos asegura que la pieza ha concluido.

La escena imaginaria

ESCENA 1. INT. DÍA/ HABITACIÓN DE HOTEL ESTILO ART DECO/ CAMA Y SOFÁ DE HIERRO (AMBIENTE Y OBJETOS EN TONOS OCRES, VERDES, MALVAS)

AUDIO

Ohh… Hmmm… Qué rico… Hmmm…

IMAGEN

Una mujer con el corpiño corrido se autocomplace tocándose los pechos…

 Así toma cuerpo en mi imaginación la representación de Entre tus piernas, como una producción cinematográfica de drama romántico neoyorquino. Me sumerjo en el juego sugestivo a pesar de algunas contradicciones que inevitablemente acuso: me encuentro de espaldas a la escena, lo cual —al no ser mi elección— torna irreal mi condición de fisgón escénico. Las voces me dan la referencia del espacio y sus distancias, y no siempre son coherentes con la habitación imaginada.

La atomización de un perfume es un agradable estímulo para el olfato, pero el sexo también tiene aromas que se reprimen, lo que vuelve políticamente incorrecto el hiperrealismo de la escena. Para el fragor con el que se representa el momento climático de la obra, los cuerpos deberían sudar a mares. Obviamente estas apreciaciones no son correcciones, sino la búsqueda de todos los lenguajes sensoriales en una propuesta que me es coherente, aunque no tan verosímil.

Los juegos de preparación escénica

Voy a describir lo que podría llamarse el «para-montaje» de Entre tus piernas. Momentos que el elenco nos revela en la conversación posterior a la función, y que disfrutan en el lapso de una semana a otra con tal intensidad y anecdotismo que vale la pena compartir.

Dice Luciana: «Ricardo y yo, en cada función, intentamos recrear corporalmente el encuentro, pero estamos tan concentrados en producirlo que se nos vuelve difícil».

José añade: «Recreamos el sonido del sexo oral con un pepino. Y cuando voy  al mercado le mando una foto a Luciana y le pregunto: “¿Cuál prefieres?”».

Ricardo agrega: «Las nalgadas son cachetadas en el antebrazo. Entonces yo opino que se me hace inevitable comparar la similitud con la sonorización artesanal del radioteatro».

En esta parte invado la conversación con preguntas: ¿Cómo construyen los personajes? ¿Existe vestuario? ¿La escenografía es virtual? ¿Dramatúrgicamente hablando no es más interesante la relación personal de los personajes que el sexo? ¿El público se incomoda? ¿La oralidad de las escenas de intimidad a veces no son acartonadamente desafiantes? Y las respuestas son interrumpidas porque ha venido tanto público que esta noche habrá una quinta pasada.

Váyasela a ¿ver?... ¡Váyasela a oír! Váyasela a oler. Sea cual sea el sentido con el que la aprecie, se llevará la sensación de novedad, lo que no le viene mal al teatro guayaquileño y sus espectadores, a quienes en esta ocasión les tocará ver —a través de los sonidos— Entre tus piernas.

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Lunes, 10 Octubre 2016 01:06

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