Sábado, 04 Febrero 2017 00:00 Quito

Algunos negociantes formales optan por dejar los puestos asignados y se ubican en calles y veredas

Ventas alrededor de los mercados continúan

En el mercado de La Ofelia hay unos 64 puestos vacíos. Sus ocupantes prefirieron probar suerte en las calles.
En el mercado de La Ofelia hay unos 64 puestos vacíos. Sus ocupantes prefirieron probar suerte en las calles. Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

Los ocupantes de los centros de abasto municipales se quejan de que los comerciantes autónomos ejercen una competencia desleal y los afectan con la reducción de sus ingresos.

Redacción País Adentro

La imagen que muestran los mercados de Quito es, a simple vista, la de compradores que recorren los pasillos y comerciantes que tratan de llamar su atención y venderles algo.

Una observación más profunda, sin embargo, muestra sectores con los espacios de venta vacíos, abandonados. Y, paralelamente, largos períodos del día en los que nadie, o casi nadie, entra a comprar.

Mercedes Benavides, presidenta de la asociación de comerciantes del mercado de La Ofelia (norte), dice que algunos de sus compañeros se fueron porque sus ventas habían bajado considerablemente.   

Hace años, asegura que ella vendía unos $ 1.000 los domingos, pero en la actualidad, lo que logra comerciar no llega a los $ 400. Y la situación empeora entre semana.

Para la vendedora de mariscos, los clientes dejaron de ir porque hay muchos comerciantes informales en los alrededores y todo lo encuentran en las vías. “El comercio en las calles es una competencia desleal”.

María Caiza, vendedora de verduras y legumbres, atribuye la ausencia de los clientes a la construcción de un supermercado cercano. Dice que desde entonces, las ventas bajaron, por lo que muchos comerciantes dejaron sus puestos para ofrecer los víveres en la vereda de la entrada del supermercado.

Caiza asegura que entre semana logra vender $ 7, “si es un buen día”.

“¿A dónde van a ir a parar los mercados? Todos necesitamos trabajar, pero las autoridades deben organizar mejor todo esto”, opina Caiza.  

Benavides cuenta que había 270 comerciantes en el mercado de La Ofelia y que actualmente son 204.

Víctor Sánchez, representante de los comerciantes minoristas, afirma que en Quito existen alrededor de 80.000 vendedores de este tipo que se agrupan en 11 centros comerciales populares, plataformas (ferias libres), en mercados de la red de comercio minorista y mayorista y en calles y plazas.

Según Sánchez, el 60% de los quiteños iba a comprar en los mercados en los años noventa. Actualmente, solo el 35% lo hace. El dirigente atribuye esta situación al constante aparecimiento de nuevos supermercados.  

Ejemplifica que en el Comité del Pueblo (nororiente de la ciudad) el Municipio construyó un mercado popular de 4 pisos con escaleras eléctricas; se inauguraron 387 puestos en noviembre de 2015, de los cuales están ocupados 120.

Dice que no hubo clientes, los comerciantes no vendían, abandonaron el sitio y hoy se los encuentra en los alrededores. “El Municipio perdió $ 5 millones ahí. Sin embargo, en el Comité del Pueblo funciona el KFC, el Gran Akí y el Santa María. El capital versus el trabajo”, dice Sánchez.

Los vendedores que ocupan veredas y calles aseguran que ocupan espacios en donde obtienen ganancias y no los más bonitos o cómodos, como los mercados. Foto: Mario Egas / EL TELÉGRAFO

Los compradores entran y salen de los supermercados. Si se olvidaron de comprar algo, lo consiguen en las calles o veredas. Y aunque esos vendedores no tienen permisos municipales, eluden los controles y se dan modos para permanecer en las aceras.

Lo confirma Daniel Pullay, vendedor de frutas y verduras. Se ubica todos los domingos a la entrada del supermercado Santa María, junto al mercado de La Ofelia. Antes vendía en la feria libre que funciona los fines de semana en la zona, pero dejó su puesto por disputas con sus colegas.

Para Sánchez, la política municipal debería fortalecer la oferta de productos perecibles y no perecibles en el sistema de mercados minoristas y mayoristas. A su criterio, hay mercados que deberían cerrarse como los de La Vicentina, Toctiuco y Quito Sur. Y en su lugar, fortalecer otros y repotenciarlos con los vendedores que se encuentran en los alrededores.   

“El comerciante va a estar donde vende, no donde va a estar más bonito. Las autoridades no entienden la dinámica del mercado”, afirma Sánchez, quien agrega que las autoridades solo implementan políticas de prevención de presencia de comerciantes en las calles y ordenamientos.

Pero —a su juicio— se requiere un plan maestro para enfrentar esta problemática.

La concejala Soledad Benítez,  presidenta de la Comisión de Comercialización, explica que hace más de 15 días representantes de los mercados expusieron su queja sobre las ventas bajas por la proliferación de comerciantes autónomos.

“No creo que se deba barrer la ciudad de los autónomos, pero sí es responsabilidad del Ejecutivo (Alcalde) ordenar la ciudad”, dice Benítez. De ahí que la Comisión solicitó a Luis Montalvo, coordinador general de la Agencia de Coordinación Distrital de Comercio, un modelo de gestión de mercados que permita dinamizar la economía en estos espacios.

Para Benítez, una opción para solucionar las ventas en las calles es reubicando a los comerciantes autónomos en los mercados donde hay espacio.  

Según afirma la concejala, los comerciantes nunca les han expuesto una queja acerca de la apertura de supermercados junto a los mercados populares. (I)

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