La prohibición de venta de predios era una de las características comunales

Las comunas luchan por preservar sus tradiciones

- 30 de septiembre de 2017 - 00:00
La toma de la plaza es un evento que se realiza en diciembre y con el que las comunas buscan integrarse.
Foto: Cortesía

La presión del crecimiento urbano y el desinterés de los jóvenes ponen en riesgo el modelo administrativo.

Las calles lucen asfaltadas y los negocios de diverso tipo se suceden de una vivienda a otra. La presencia de vehículos es constante y unidades de transporte circulan por la calle Humberto Albonoz.

A simple vista, podría considerarse como una zona urbana. Sin embargo, el área dividida por la av. Mariscal Sucre y ubicada sobre Pambachupa no es un sector cualquiera de Quito.

No es un barrio, sino la Comuna de Santa Clara de San Millán, conocida tradicionalmente por los vecinos de la capital simplemente como La Comuna.

La denominación va más allá de lo anecdótico y cuenta con reconocimiento constitucional y del gobierno local.

Es una de las 73 zonas administrativas especiales (comunas) que existen en el distrito capitalino y una de las tres ubicadas dentro de la mancha urbana.

Cada una tiene sus propias normas, pero la mayoría se rige a través de un cabildo elegido por sus habitantes y conformado por un presidente, vocales y el síndico. Además, su forma de organización privilegia la colaboración sobre el interés particular. Esto incide en la propiedad de la tierra, cuya venta está restringida para evitar el fraccionamiento del territorio.

En algunas, la comercialización de lotes está totalmente prohibida y si existe una intención en ese sentido, el predio se convierte en propiedad de los comuneros. En esta situación, el comprador pierde su inversión.

No obstante, el desarrollo urbano ha alterado las formas de convivencia en las comunas, aunque las generaciones comprendidas entre los 40 y los 80 años tratan de preservar sus costumbres.

Uno de los efectos del crecimiento de la ciudad es la constante presión que existe sobre los pobladores para cambiar el modelo administrativo de esos sectores, con el fin de que puedan vender sus tierras en favor de desarrolladores inmobiliarios.

Esto ocurre no solo en comunas como Santa Clara o sus similares Chilibulo de Marcopamba y Miraflores, integradas a la ciudad, sino también en lugares como Lumbisí, considerados rurales todavía.

Un ejemplo de los efectos de esto es Mangahuantag, ubicada en la parroquia Puembo (nororiente). Allí, la mayor parte de las personas vendió sus propiedades hace algo más de una década.

Mary Hernández, moradora, comenta que “antes era común ver los huertos de la casa de los vecinos con árboles frutales y con sembríos de maíz, habas, garbanzo” y que ahora pocos cultivan la tierra.

José Quishpe, habitante de Lumbisí, afirma que él y sus vecinos se sienten invadidos por las urbanizaciones aledañas y que la presencia de estas ha sido un factor importante para que el sentido de convivencia de la comuna se modifique sustancialmente.

Otra causa de aquello es el creciente desinterés de los jóvenes por las actividades comunitarias y su preferencia por aquellas derivadas de la vida moderna.

Quihspe comenta que los jóvenes del sector realizan actividades distintas a las tradicionales agropecuarias y artesanales para el autoconsumo.

Es así que los habitantes con poco años prefieren estudiar o trabajar fuera de la zona. A eso se suma que su participación en eventos comunales es baja.

El comunero considera que esta situación obedece a situaciones derivadas de la modernidad y que lo único que cuenta con colaboración son las fiestas, en lo que los jóvenes sí muestran entusiasmo.

Juan Carlos Santo Ortiz, morador del sector Santa Clara de San Millán, coincide en lo dicho por su colega comunero. El hombre afirma que los jóvenes del área no son comuneros en todo el sentido de solidaridad y que el trabajo conjunto ha desaparecido en el tiempo.

Considera que los intereses de sus vecinos de menor edad giran, actualmente, alrededor del deporte y a otras actividades. (I)

DATOS

La toma de la plaza es un encuentro de las comunas quiteñas que se realiza cada diciembre y tiene como objetivo es la visibilización de sus habitantes.

Algunas comunas tienen su origen en la época prehispánica. En la Conquista, los españoles dejaron libres algunas zonas a las que llamaban ‘tierras de indios’, cuya existencia logró respaldo en algunas leyes.

La reforma agraria de la década de 1960 es un punto importante en la conformación de algunos de estos territorios. Varias comunas de la zona de Tumbaco nacieron, por ejemplo, del reclamo de predios.

El Distrito Metropolitano tiene una extensión de 422 mil hectáreas y está conformado por 33 parroquias rurales y 32 urbanas. El 10% del territorio es urbano y el 90% es espacio rural.

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