Sábado, 28 Enero 2017 00:00 Quito

No todas las bibliotecas y archivos de la ciudad cuentan con las condiciones técnicas adecuadas

El clima quiteño ayuda en la conservación de libros antiguos

Con los años, en el papel se acumulan microorganismos que se observan en forma de un polvillo que afecta a las obras y a las personas.
Con los años, en el papel se acumulan microorganismos que se observan en forma de un polvillo que afecta a las obras y a las personas. Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

El ambiente para que las obras mantengan sus características originales debe tener entre 40% y 50% de humedad y una temperatura promedio de 20 °C.

Verónica Endara

El acta de fundación de la ciudad de Quito firmada en 1534; el libro Piissima Erga Dei Genetricem Devotio, de san Buenaventura, el primer texto impreso en Ecuador, editado en Ambato en 1755; los primeros ejemplares impresos en Quito de La Hidra de Muchas Cabezas (1766) e incunables que datan del siglo XV son algunos ejemplos de obras y documentos históricos que atesoran bibliotecas y archivos capitalinos.      

El primero se encuentra, por ejemplo, en el Archivo Histórico Metropolitano; el segundo, en el Fondo de Ciencias Humanas del Ministerio de Cultura y Patrimonio; el tercero está en la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit y los últimos en la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo.

Las características de estas obras son únicas. Por ejemplo, los incunables de la Aurelio Espinosa Pólit tienen tapas de madera forradas con cuero de becerro y repujado en oro. En tanto que el primer libro impreso en Ecuador es pequeño con tapas de cuero. Varios de esos textos están escritos en latín y castellano antiguo.

Natasha Sanmartín, analista del Archivo Histórico Metropolitano, asegura que para que esos libros y documentos se conserven requieren de cuidado y acciones preventivas.

La especialista explica que deben ser guardados en ambientes con una temperatura máxima de 20 grados Celsius y de 40% a 50% de humedad. Por ello, los expertos consultados opinan que las condiciones climáticas capitalinas ayudan a que libros y documentos se conserven, incluso sin acciones especializadas.

Las variaciones afectan. Por ejemplo, los encuadernados hechos con piel de animal absorben la humedad, lo que causa que el cuerpo del volumen se deforme, se debilite el papel o se vuelva rígido.

Además, los depósitos de obras antiguas necesitan de un sistema de circulación de aire para que los flujos que ingresan y salen sean puros. Para eso se utilizan filtros especiales que evitan la proliferación de microorganismos. También se debe realizar limpiezas periódicas porque, además de la humedad, la concentración de polvo también causa la aparición de microorganismos.

Según Sanmartín, pocas instituciones en Ecuador logran mantener en buen estado su documentación. Esto se debe principalmente a la falta de recursos para invertir en los cuidados preventivos.

La especialista considera fundamental la prevención para no tener que utilizar procesos de restauración que resultan más costosos y requieren de personal especializado para su ejecución.  

Para la restauradora Gabriela Salazar, coordinadora del museo de la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, gran parte del estado de conservación de los libros antiguos depende de cómo se los manipula.

De ahí que considera fundamental el uso permanente de guantes para que la grasa acumulada en los dedos no deteriore las páginas.

Pese a los años, de acuerdo con Patricio Carvajal, jefe de la Hemeroteca de la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, muchos de los libros antiguos tienen mejores características que las de las obras del siglo XX. Esto se debe a que el papel es de mejor calidad. Antes, por ejemplo, se usaba lino, conocido como papel de trapo. En tanto que el papel que se utiliza actualmente es más ácido.

“Hay papel que ha aguantado 500 años y posiblemente soporte 500 más”, afirma Salazar mientras hojea un incunable. (I)

Para que libros y documentos no se deterioren con los años se requiere la aplicación de procesos de conservación de tipo preventivo. Foto: Miguel Jiménez / EL TELÉGRAFO

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