Jueves, 22 Septiembre 2016 00:00 Quito

Crónica a pie

El ciclopaseo: un instante, unas horas, una vida

El ciclopaseo: un instante, unas horas, una vida
Foto: Marco Salgado / El Telégrafo
Raúl Daste. Periodista de la Sección Economía

Participar en el ciclopaseo dominical de Quito es asumir un reto, estar dispuesto a ‘sudar la gota gorda’ y efectuar un recorrido de alrededor de 27 kilómetros que te obliga a esforzarte en cada pedaleo, pero que te desestresa, te llena de energía, te relaja. Al mismo tiempo, reconoces rincones que durante la vida cotidiana, por el trabajo,  las preocupaciones, pasas por alto.

Ir en bicicleta con un amigo, pedalear al mismo ritmo, conversar, contarse la vida, alivia las tensiones del trabajo acumulado en la semana.

Esta actividad nació de la necesidad de la gente por recuperar sus espacios públicos y el Municipio con varias organizaciones implementaron varios kilómetros de ciclovía en el área comercial o hipercentro de Quito, lo que provocó las críticas de los conductores de autos, pero el apoyo de quienes encuentran en la bicicleta una nueva forma de movilizarse.

Durante 5 años que participo del ciclopaseo he conocido, sentido y disfrutado cruzar la ciudad bien temprano, alejado del tiempo y del estrés. La ‘Carita de Dios’ es una urbe con diversas formas arquitectónicas. Pasas de unas modernas construcciones en el extremo norte a barrios que conservan una arquitectura de las décadas del 40 y 50, como son San Juan, el barrio América, el sector de la Basílica, para luego llegar al casco colonial más grande de América.

Del Quito moderno relativamente plano pasas a un Quito con subidas y bajadas que te obliga a esforzarte en diferentes tramos. El esfuerzo físico por mantener en movimiento a la bicicleta implica un compromiso con uno mismo para no quedar mal. Sacas fuerzas de flaqueza y coronas la pequeña cima de la Basílica, que no está contemplada en esta atractiva actividad ciclística, pero es mi ruta.

Enseguida tomas la calle Venezuela a buena velocidad y cruzas como una flecha    todo el Centro Histórico, gracias a que son horas con un mínimo de circulación  vehicular. Hallas gran cantidad de gente a pie y un montón de bicicleteros llegando a la Plaza Grande. Luego viene un recorrido suave y corto por toda la calle Venezuela, convertida en un pequeño bulevar, donde pasean, trotan, cruzan personas de la tercera edad para oír misa en las iglesias de La Merced, El Sagrario, La Compañía; suben a San Francisco, Santa Catalina de Siena.

Finalmente llegas al Arco de la Reina, para bajar a la Ronda. Cruzas la 24 de Mayo y empiezas a subir la calle Venezuela para tomar la av. 5 de Junio, donde la ‘cuestita’ prueba nuevamente tus piernas y tu resistencia.

La gente que vive en esta larga y tradicional ‘avenida’, que bordea El Panecillo, ha tenido un cambio respecto al ciclopaseo; cuando se inició hace 13 años, llamaba la atención, tal  vez molestaba a los moradores de esos sectores que llegara gente extraña a invadir su espacio familiar y social y que gente del norte, disfrazada con cascos, licras, guantes, audífonos (para no escucharse ni ellos mismos), vestida de colores chillones y montando bicicletas de último modelo circularan por sus calles,  donde antes jugaban fútbol, ecuavoley o se tomaban un trago.

Aquello afectó las relaciones, volvió escaso el “buenos días, veci”; costumbre que en el norte y en gran parte de la ciudad se va perdiendo, pero que en el  centro y sur de la urbe se mantiene por familiaridad, cercanía e integración.

En todo el  tiempo que participo voluntariamente de estos paseos he visto cómo se han desarrollado emprendimientos a lo largo de esta vía; estos mininegocios han permitido fortalecer la economía de la  zona que, hasta hace poco, era considerada  conflictiva; ciudadanos emprendedores le cambian la cara los domingos y existen pequeños pero pujantes negocios de ensalada de frutas, cevichochos, granolas, empanadas, reparadores de bicicletas, jugos de naranja, los cuales atienden al conglomerado humano que busca, aparte de hacer ejercicio, refrescarse, tener un servicio emergente de mecánica rápida para inflar la llanta de su liviano vehículo y continuar con su paseo.

El trayecto distrae tanto que, sin darte cuenta, ya has llegado al límite del  Centro Histórico y bajas por el corredor suroccidental para dirigirte a la Villa Flora, la  Magdalena, los Dos Puentes, Hno. Miguel, El Recreo; pasas por el Calzado y se empieza a subir hacia el sector de Santa Rita, para llegar a Turubamba y Solanda. Todo este trayecto, acompañado de turistas, trotadores, amas de casa con sus bicicletas ‘Chopper’, niños haciendo sus primeras ‘pedaleadas’; adolescentes con  sus enamorados(as) y más ciclistas que no entienden que no deben ir con audífonos por el riesgo de no oír por dónde viene una  bicicleta y accidentarse.

Recorrer el trayecto toma 2 horas y media entre ida y vuelta, pero el esfuerzo vale la pena. (I)

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