Los hijos de la isla Costa Rica regresan a su tierra para quedarse

- 12 de Noviembre de 2016 - 00:00
Los habitantes de la Isla Costa Rica, que migraron para trabajar en Puerto Bolívar, ahora están de regreso.
Fernando Machado/ El Telégrafo

El retorno de los antiguos pobladores se debe a que el Municipio de Santa Rosa, al cual le pertenece todo el Archipiélago, está delimitando los terrenos.

Por los años sesenta y setenta, Costa Rica era una de las 5 islas más pobladas del Archipiélago de Jambelí, provincia de El Oro. Todo el islote estaba ocupado por caseríos de comuneros que vivían de lo que el mar y el manglar les ofrecían.

La recolección de concha y cangrejo y la faena de pesca en alta mar eran las actividades a las que se dedicaban los primeros habitantes de la isla. Sin embargo, por 1980, los comuneros comenzaron a salir de su tierra para mejorar su futuro.

El destino de la mayoría de sus habitantes fue Puerto Bolívar, en Machala, debido a que por esos años se vivía el boom bananero, pues daba muchas fuentes de trabajo en Autoridad Portuaria, así lo recuerda Pablo De La Cruz, de 83 años, quien a sus 36 salió de la isla y ahora tiene su hogar en el puerto machaleño.

“Yo me dedicaba a la pesca con mis hijos. Fue el mayor, que en esa época tenía 18 años, quien decidió salir a trabajar en embarque de banano. Decidimos seguirlo y plantar nuestra casita en Puerto Bolívar, estoy hablando de los años setenta, cuando el puerto era puro mangle”, dijo el adulto mayor, quien a pesar de estar en una silla de ruedas, aún recuerda aquella época en su tierra Costa Rica.

Similar historia tiene Isidro y Luz María, esposos que sobrepasan los 80 años. Ellos también se dedicaron al embarque de banano. “Fueron cientos de personas que dejaron la isla, por lo que esta quedó prácticamente vacía. Le decían pueblo fantasma”, recuerda. Según ella, los pocos que se quedaron en la isla procrearon y no permitieron que desapareciera el sector, que ahora cuenta con alrededor de 300 habitantes.

Desde septiembre, de este año, quienes dejaron la isla comenzaron a regresar a la tierra que los vio nacer. Cada fin de semana en este sitio se puede ver cómo decenas de familias llegan a rozar el monte en el terreno baldío, que algún momento fue su morada. Son alrededor de 30 sitios que ahora vuelven a ser tomados por sus dueños.

“Costa Rica ya no es lo que era antes. Cuando yo vivía aquí (1960), había más de mil personas en la isla, todo era hermandad, nos proveíamos de la pesca, concha y cangrejo. Ahora vengo a mi terrenito, con el fin de pasar en calma mis últimos años de vida”, manifestó Luz María.

Todavía se puede observar antiguas casas deshabitadas, debido al éxodo de los comuneros que ahora ya se encuentran construyendo sus cabañas.

La llegada de los antiguos pobladores se debe a que el Municipio de Santa Rosa, al que pertenece el Archipiélago, está delimitando los terrenos. Son familias enteras que llegan a acampar en el lugar.

“Yo no había conocido Costa Rica, pese a que me hablaron mucho. Mis abuelos salieron desde muy jóvenes de aquí y ahora yo vengo con ellos para conocer. Me pareció un lugar tranquilo, donde se respira aire puro”, comentó Gilbert Reyes.

Los recuerdos de los antiguos habitantes de Costa Rica fluyen y cuentan las historias que vivieron en la isla durante muchos años. Las familias que ahora han vuelto a ocupar sus terrenos aseguran que han decidido regresar para pasar sus últimos años en la tierra que los vio nacer y crecer.

Costa Rica cuenta con un Centro Infantil del Buen Vivir (CIBV). Veinte menores son atendidos de manera gratuita. Está ubicada a 60 minutos del puerto Hualtaco (Cantón Huaquillas).

La isla está rodeada por manglares y tiene diversidad de flora y fauna, donde se planea un proyecto  ecoturístico, con senderos en medio de los manglares que los propios comuneros van a custodiar. (I)