Familias orenses mantienen la tradición de elaborar cometas

| 16 de Septiembre de 2017 - 00:00
Los niños de Machala en estos meses se dedican a volar cometas. Estas artesanías son fabricadas desde hace décadas por varios grupos de familias.
FOTO: Foto: Fabricio Cruz/ El Telégrafo

Los artesanos utilizan caña guadúa, papel de seda, periódico o plástico para construir los armazones.

Elevar cometas es el sueño de muchos niños y la ciudad de Machala no es la excepción. Años atrás la tradición, era reunir a toda la familia para confeccionar estos artefactos.

Por ejemplo, la familia Ramos lleva 33 años elaborando cometas para la venta. Junto a su taller está el de la familia Solano que también, durante 20 años, se ha dedicado a esta  actividad.

“La tradición de hacer los armazones es una herencia de mi padre. Ahora yo hago los diseños que me piden todos los meses, en especial agosto y septiembre”, indica Antonio Solano Ramos.

El artesano agrega que esta actividad no ha pasado de moda. “Mis clientes todavía me visitan, ya sea por los diseños tradicionales o por los modernos”.

El hombre además de realizar estos trabajos se dedica a elaborar monigotes cada fin de año. Los talleres se encuentran ubicados en la tradicional calle Arízaga, de Machala.

Para Solano es importante mantener un variado modelo de cometas, ya que de esta forma logra captar clientes de todos lados. Contó que antes elaboraba solo unas que tenían forma de gavilanes. “Desde el año pasado las hacemos en plástico estampado, lo cual llama la atención de los niños”.

Una apasionada por las artesanías

Aurelia Ramos es madre de ocho hijos y viene de una familia que ha elaborado monigotes toda la vida.   Hace tiempo ella tuvo la idea de hacer también cometas. Según ella, existen varios tipos, como las tradicionales, tipo rombo que son elaboradas con plástico, las chasqueras que son en forma hexagonal y las circulares.

Las estructuras se elaboran en base de tela —indica— y llevan impresos personajes animados como Gokú, Peppa Pig, Frozen, Hello Kitty, Bob Esponja, además superhéroes como Batman, Superman y la Mujer Maravilla.

Pero no deja de hacer las tradicionales en base de papel de seda, periódico o plástico, “de esas que los abuelos, padres y algunos jóvenes pueden recordar”.

Ramos considera que la tecnología ha quitado espacio a este tipo de labor, “ahora los niños buscan las cometas modernas”.

Cuenta que para elaborar una de ellas, los artesanos utilizan caña guadúa, pero más allá de eso, se necesita creatividad y mucha paciencia, pues deben tener un buen acabado para que el cliente logre elevarlas lo más alto posible.

“Volar una cometa es volver a la niñez”, dice Carlos Jesús Cañar, de 29 años. “En mi tiempo sí vendían, pero era mejor volar una cometa hecha por nosotros mismos”.

Recuerda que de niño se reunía con toda la familia. “Unos íbamos a comprar la goma, otros la caña y nuestros padres eran los que armaban la cometa”.

Cañar estaba en el taller de los Ramos, preguntando el valor de una cometa para regalarle a su sobrina. Indicó que ahora por falta de tiempo acude a comprar.

“Ella disfruta mucho, trato de que se lleve también ese bonito recuerdo y que cuando tengan sus hijos, sigan haciendo volar cometas”.

Llevó una de $ 5, aunque hay de variados precios que van desde los $ 2 hasta los $ 20, estas últimas tienen un diseño especial y de muchas horas de trabajo. 

Cañar recordó que en 2013 asistió al exaeropuerto de Machala, donde se desarrolló el festival familiar de cometas, organizado por el Ministerio de Inclusión Económico y Social (MIES).

Ese encuentro apuntaba a sensibilizar a la familia en tareas de cuidado, afecto y comunicación entre padres e hijos para prevenir el abuso sexual y cualquier forma de violencia. (I)