La mayoría de estos negocios inicia su trabajo luego de las 17:00 y se extiende hasta la medianoche

El buen sabor se cocina también en la calle con los 'agachaditos' y las 'huecas'

- 11 de febrero de 2017 - 00:00
Lucia Carchi vende los tradicionales chuzos de carne y embutidos desde las 17:00 en la Av. Loja.
Foto: Fernando Machado / EL TELÉGRAFO

Estos sitios se levantan en diferentes sectores de Cuenca, pero los que se asientan en la avenida de las Américas casi han quebrado, sus clientes ya no llegan por las obras del tranvía.

Todos tienen una ‘hueca’ o un ‘agachadito’ preferido. Estos sitios tan particulares, no tienen propiedad exclusiva, están en los lugares que menos se espera de la ciudad.

Muchos de ellos aparecen luego de las 17:00 y desaparecen después de la medianoche. Detrás de estos pequeños puestos de comida hay familias en busca de sacar a flote la economía de su hogar. Con una sonrisa a pesar del cansancio, el cabello bien recogido con una gorra encima, un delantal descolorido y un torso bien erguido, las señoras de los agachaditos y sus familiares realizan sus labores.

En el país hay diferentes nombres para aquellos lugares de comida donde se puede conversar abiertamente, donde uno hace nuevas amistades mientras come ‘agachadito’ dentro de la carpa —más aún cuando llueve—, donde la sencillez y la humildad de la gente son las características principales.

El nombre ‘agachaditos’ proviene, justamente, de la acción de comer agachado en pequeños puestos o carretillas, y sentados en unas bancas improvisadas dentro de una carpa, si es que aún hay lugar. Para los cuencanos, dice Siomara Pacheco “la ‘hueca’ es más grande” que un ‘agachadito’. “Los agachaditos son pequeños negocios”, añade Juan Huiracocha.

Pero otros añaden más características: “[Comer] en la hueca es mejor porque es más limpio y tiene mesas”, opina Cecilia Lozano. “Yo entiendo que un agachadito es un lugar donde se puede comer rápido”, concluye Freddy Yánez.

Normalmente las huecas son negocios de comida muy conocidos por la ciudadanía; tienen espacios donde los clientes pueden sentarse y comer en una mesa. Por ejemplo: “las humitas en la Av. Loja”, “las empanadas en la calle Las herrerías”, “los sánduches de pernil de doña Piedad”, “los secos del Chino”, entre otros.

Pero los agachaditos no se quedan detrás. Cuenca, en sus diferentes barrios, esconde estos sitios sabrosos y bien conocidos por su sazón, que hacen de su comida muy especial y única.

A 4 cuadras del estadio de La Liga, en el sector de Cazhapata, se encuentran, por ejemplo, los chuzos de Puertas del Sol, atendidos por un matrimonio que lleva más de 9 años en el mismo lugar. “No hay en qué más trabajar y con la habilidad de cocinar hay que sobrevivir”, dicen sus propietarios.

Con su pequeña carpa roja, sus 4 bancos, un pequeño televisor y un ánimo inquebrantable, atienden de lunes a domingo desde las 17:00 hasta las 23:00.

En la Isauro Rodríguez y Daniel Fernández de Córdova, en el sector del barrio Puertas del Sol, se encuentran los asados de Katy. Quienes llegan a este sitio, alaban la sazón. “Siempre vengo acá después del trabajo, la conozco de años”, dice Ángel Pesántez, cliente fiel.

En la calle del Tejar y los Cerezos se encuentra don Froy, quien cada noche y cada fin se semana recibe al menos una 100 personas. Lo que parece ser una pequeña vivienda en un espacio verde, con 5 mesas, es el mejor lugar para comer en este barrio. Los clientes se deleitan con los chuzos paisas, de pollo, carne, papas asadas, maduros fritos y mollejas. Los costos están entre $ 1,50 y $ 2.

El tranvía y sus efectos

No todo es color de rosa. La construcción del tranvía en la av. de las Américas ‘asustó’ a las ventas, las cuales han ido en “picada” porque los clientes no llegan al sector.

A lo largo de esta arteria se podían encontrar encocados, lengua, seco de chivo o de pollo, pescado frito y pollo broaster. “Cuando comenzó el tranvía hace 2 años ahí sí bajaron bastante las ventas porque no podían transitar los carros y no se podían parquear aquí. Llegaban los de la EMOV y comenzaron a multar a los conductores”, señala doña Joha, la propietaria del local.

Otra que sufrió este problema fue Nancy Quiñonez y su “coche nocturno”. Este sitio se caracteriza por estar ya 20 años sirviendo y regalando sabor y sazón a su clientela. Con tan solo $ 2,50, las personas deleitan su paladar con una variedad de platos. El coche nocturno atiende de domingo a domingo, desde las 18:00 hasta las 02:00.

Con 20 años en el mismo lugar, el negocio se vio afectado con la construcción del tranvía. Nancy dice que antes de que comiencen estos trabajos vendían entre 500 a 600 platos en una sola noche de fin de semana; sin embargo, ahora y en el transcurso de 2 años que lleva la obra ha bajado a 250 platos vendidos un fin de semana.

Cualquier calificativo que pongan los clientes, ya sea agachadito, hueca, restaurante o comedor, esto no es lo más importante, sino el sabor que se pone en cada plato, el cual sirve para atraer clientela y ganar unos dólares.

Cada persona, cada lugar de comida tiene su historia. Los clientes regresan, según ellos, cuando hay buen trato, cuando hay buena sazón y, sobre todo, donde hay higiene, según ellos es lo más importante para poder comer. (I)

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