Sábado, 02 Septiembre 2017 00:00 Regional Sur

Chuquipata dinamiza su economía con los estudiantes de la UNAE

El centro parroquial ahora permanece con poca afluencia, pero todo cambia con el inicio de clases de la UNAE.
El centro parroquial ahora permanece con poca afluencia, pero todo cambia con el inicio de clases de la UNAE. Foto: Fernando Machado / El Telégrafo

Este territorio de 9.500 habitantes, situado al sur de Azogues, es cuna de artesanos que dan vida a la piedra. En los últimos 2 años el turismo ha crecido.

Rodrigo Matute Torres

A 9 km al sur de Azogues, se levanta la parroquia Javier Loyola, también conocida como Chuquipata.

Hasta hace dos años, este lugar, que pertenece a la provincia del Cañar, era considerado un sitio vacacional, pero muy poco ocupado. Sin embargo, en la actualidad se expande a los cuatro costados y se establece como una comunidad no solo de descanso, sino apta para el comercio.

Sus habitantes reconocen que Chuquipata tiene un clima adecuado para sembrar maíz, papas, legumbres y frutas, en especial, claudias, capulí y peras.
“No dejo este lugar por nada del mundo”, señala Luis Fárez, morador de la zona.

El nombre Javier Loyola se debe a uno de los precursores de la independencia tanto de Cuenca como de Azogues en 1820. Según la historia, este sacerdote azogueño estuvo al mando de un grupo de independistas que fue a reforzar el grito libertario en Cuenca y al día siguiente se dirigió a Azogues.

El crecimiento de esta parroquia se dio de manera paulatina, sobre todo a partir de la construcción de la Universidad de la Educación (UNAE) en la que más de 3 mil estudiantes se han constituido en el pilar del ascenso económico.

La moradora Carmen Quezada, de 63 años, recuerda que con la edificación de la vía Cuenca-Azogues-Biblián los viajeros dejaron de entrar a los comedores y ya no llegaban a los campos, y que incluso la gente de la localidad se fue al exterior en busca de trabajo.  “Pensábamos que nos íbamos a quedar sin nada al construirse la carretera. Sin embargo, la universidad nos devolvió la vida”.

En 1993, este sitio —recuerda Jorge Tamay, otro habitante de la parroquia— fue afectado en parte por el deslave que ocurrió durante el invierno de ese año en la Josefina.

El hombre indica que las aguas de los ríos Cuenca y Burgay llegaron hasta casi la cancha (centro) de esta comuna. “Allí aterrizaba el helicóptero, porque unos metros más abajo estaba el agua. Allí una lancha que compró el Cuerpo de Bomberos se movilizaba con el personal de ayuda”.

La antigua vía Panamericana pasa por la parroquia Javier Loyola y los pocos vehículos de transporte público también son parte del progreso.

Cuna de artesanos que le dan vida a la piedra

Este poblado todavía conserva a los tradicionales picapedreros que con sus hábiles manos elaboran artículos decorativos en base de piedra.

El sonido del combo y del cincel, herramientas empleadas por estos artesanos, se escucha a medida que la gente se acerca a los locales donde las creaciones van cobrando forma. Elaboran, por ejemplo, piletas, pilares para casas y animales.

Javier Loyola tiene 18 comunidades y 9.500 habitantes, de acuerdo con el censo del año 2010.  Limita al norte con Azogues y con la parroquia Antonio Borrero; al sur con San Cristóbal y Llacao; al este con San Miguel de Porotos, y al oeste con Déleg y Cojitambo.

Su población es muy devota de san Judas Tadeo, mejor conocido por los fieles como el “santo de las causas desesperadas”.

La fiesta de su patrono se realiza en octubre con eventos en la plaza mayor. (I)

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