La captura del cangrejo requiere pericia

- 04 de febrero de 2017 - 00:00
En medio del mangle, los cangrejeros ‘tantean’ los crustáceos con un gancho y los capturan con las manos. Repiten el proceso por 3 o 4 horas al día.
Foto: Fabricio Cruz/ El Telégrafo

Apenas sale el sol, la embarcación llamada Niño Stalin ya está en el muelle del estero Huaylá, en Puerto Bolívar, provincia de El Oro. Espera a los 12 recolectores de cangrejos que, desde muy temprano, inician su travesía hacia los alejados manglares del Archipiélago de Jambelí.

Con sus particulares vestimentas y bien equipados para atrapar cangrejos rojos toman rumbo a los manglares. Llevan un gancho de hierro y un repelente para los ‘aniñados’, así les llaman a los mosquitos.

Al mando de la embarcación va René Carrasco, quien, desde que tiene uso de razón, se introdujo en el oficio de la recolección de cangrejos. Lo hizo por su padre, Felipe.  El resto de la tripulación está compuesto por sus parientes, hijo, hermanos, sobrinos y esposas.

Mientras la endeble embarcación zarpa a todo motor, ellos aprovechan la oportunidad para probar el desayuno-almuerzo que llevan en tarrinas. Llaman así  a su comida porque no regresarán hasta la tarde.

El viaje hasta el sitio conocido como ‘Chupador’ es algo distante, pero ya están acostumbrados y saben exactamente dónde desembarcar.

Desde que llegan se puede percibir el olor a lodo. Tienen que esquivar las ramas de los mangles para evitar que les rasguñen la piel. Amarran la embarcación a una de esas ramas y empiezan a equiparse. Se colocan botas de caucho, y, para protegerse del sol, envuelven a manera de capucha una camiseta que ajustan a su cabeza con una gorra. Carrasco ha pasado más de 40 años (actualmente tiene 49) buscando cangrejos en los manglares de la provincia de El Oro y en Balao (Guayas). “Son lugares peligrosos, bellos, fangosos y con gran variedad de fauna”.

Los 12 cangrejeros están listos, guardan sus pequeños equipajes para emprender la tarea. Lentamente se van introduciendo en el mangle. De 2 en 2 se van quedando en diferentes tramos.

Orlando Bernabé es el primero que se mete al lodo. Tiene 43 años y a los 12 sus padres ya le enseñaron el oficio. “Antes me cogía más cangrejos (2 sacos), después de que se empezó a cortar el mangle, el crustáceo dejó de reproducirse y teníamos que dedicarnos a otra actividad. Sin embargo ahora, con la reforestación (desde hace 6 años), ya recolectamos más cangrejos, lo cual nos sirve para mantener a nuestras familias”.

Mientras escarba en medio del lodo, aparecen los crustáceos. Con un gancho los ‘tantea’ y con sus manos los coge. Ese proceso se repite sin pausa durante 3 o 4 horas al día, hasta que obtiene más de medio saco.

“Casi toda mi vida me he dedicado a esto, desde muy chico mi padre me introdujo al mangle y me gustó. Al día me gano de $ 10 a $ 30. Actualmente el trabajo está malo, los comerciantes no pagan lo que es, pero en los mercados lo venden a un precio elevado”.  Advierte que hay que tener cuidado con el chalaco. “A usted le pica ese animal y le manda al hospital. Ese pez es venenoso, causa un dolor tremendo”.

Al tiempo que captura su último cangrejo, escucha una señal: es el grito del conductor del bote que indica que la jornada terminó y que todos tienen que reunirse. Al pie del bote los artesanos empiezan a amarrar los cangrejos. En menos de 10 minutos los cuatro atados ya están listos. (I)

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