¿Qué tan serio es el trabajo del Conartel? ¿Las objeciones sobre las series animadas en qué se fundamentan? Los estudios sobre la relación directa entre comportamiento violento y contenidos mediáticos, no establecen resultados concluyentes. En otros se anota que las historias familiares, condiciones educativas y sociales, los contextos en suma, más que la exposición a la televisión, tienen un rol protagónico en los síntomas sociales e individuales.
Parte de la formación de una ciudadanía implica asumir la discusión pública, seria e informada sobre las diversas responsabilidades en torno a los contenidos. Los medios son responsables en parte pues producen o contratan contenidos… pero los consumimos. En algún lugar hay un empate. Las actitudes y posiciones que criticamos en los productos mediáticos, están presentes en la sociedad. No podemos negarlo, una buena parte de la población gusta de Mi Recinto, aunque no lo admita públicamente; a otra seguro le importa un comino, pero lo condena como parte de un discurso moral; mientras una minoría lo critica y condena, tal vez desde una reflexión basada en parámetros políticos y académicos. Sin embargo, surge la pregunta relativa a la audiencia que mantiene ese y otros programas: ¿se la ha estudiado? ¿Es ese público capaz de pronunciarse sobre algo que le afecta?
Los ciudadanos no hemos generado procesos que permitan dilucidar nuestros intereses y posteriormente impulsarlos más o menos organizadamente, reconociendo la precariedad de todo esfuerzo colectivo. Más bien ha sido el Estado, en complicidad con las burocracias corporativas, empresariales y políticas de todo signo, las que comandan los procesos. En el camino, nos quedamos viendo y aceptando.
Los Simpsom y Dragon Ball Z, y otros entretenimientos nos hablan de la época que vivimos, de cómo una parte de la sociedad mira a la otra. Claro, para quienes puedan leer algo más allá del goce momentáneo de la imagen y las sensaciones que despiertan.
Cambiar de horarios, suprimir programación o cualquier otra medida que no involucre una discusión racional y abierta de la ciudadanía, sólo induce a una buena parte de la población a aceptar las razones de la autoridad y por consiguiente a reforzar en unos la propensión al autoritarismo, uniformemente distribuida en la sociedad ecuatoriana, mientras en otros contribuye a su victimización.