Segundo Eleuterio Mayorga Flores
Transportista Presidente de la cooperativa de buses urbanos Hermano Miguel
Para este transportista urbano, nacido hace 53 años en la provincia del Tungurahua, emigrar a Guayaquil en busca de un crecimiento económico fue un desafío que le dio muy buenos resultados. Ahora se siente orgulloso de vivir en una ciudad que le ha permitido convertirse en un empresario exitoso.
Segundo Mayorga forjó su éxito desde la juventud. Aprendió el oficio de zapatero en su pueblo natal, Totoras (parroquia rural de Ambato), lo cual le permitió que un primo lo invite a viajar a Guayaquil, a los 17 años de edad, para que trabajara en un almacén de calzado.
Sin embargo, el propietario del negocio cambió de actividad y decidió incursionar en la venta de materiales de construcción. Por ese motivo, Mayorga aprendió a manejar un camión.
Luego, con el apoyo de su familia, logró comprar su primer taxi, en 350 mil sucres, con el que laboró durante 5 años.
En 1982 consiguió un crédito bancario para comprar una buseta para el transporte de pasajeros, y junto a otros 55 socios, fundó la cooperativa de buses urbanos Hermano Miguel, de la que ha sido presidente por 9 años (en diferentes períodos).
Actualmente, la cooperativa tiene 130 socios, con 5 líneas de recorrido, constituyéndose en una de las más importantes de la urbe porteña. “Somos la cooperativa más admirada, y el éxito lo hemos conseguido con mucho esfuerzo propio y de la familia”, asegura Mayorga.
Gracias a la iniciativa del ahorro diario de los socios, lograron capitalizar un fondo importante con el que modernizaron sus unidades, y les permitió, además, ser socios de las empresas Metroquil y Metrobastión, que brindan el servicio de transporte del sistema Metrovía.
Su mayor satisfacción es haber apoyado a muchas personas para que puedan salir adelante en esta actividad. “A todos los que me pidieron ayuda se la brindé sin mirar la cara, a todos por igual”, asegura el transportista.
Casado con Clara Luz Sánchez, está orgulloso de sus hijos, Fabián (24), Nathaly (20) y Ricardo (18). Dice extrañar mucho su pueblo natal, donde viven su padres, Imelda y Victoriano, por lo que constantemente viaja para visitarlos.
Asegura ser un impulsor de la renovación del transporte urbano en Guayaquil y afirma que “los tiempos cambian y las cosas cambian, por lo tanto tenemos que prepararnos para enfrentarnos a esos cambios, caso contrario tendríamos que quedarnos fuera de la transportación”, explica.
Recuerda también los momentos difíciles vividos durante sus tres décadas al frente del volante. “En una ocasión estuve preso 5 días por el capricho de un vigilante, junto a otros 130 choferes”, comenta. Además, dice que la lucha constante le ha enseñado a valorar mucho lo que ha conseguido.
Leonardo Flores
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Periodista - Economía