La fábrica Punto Ecuador se constituyó con la ayuda de dos ministerios que invirtieron 285.000 dólares.
Punto Ecuador es el nombre que 60 mujeres le dieron a su nuevo proyecto laboral, una fábrica textil, en la cual desde hace una semana iniciaron las labores que ellas ya conocen: cortar telas, coser y armar prendas de vestir.
Las mujeres son parte del grupo de trabajadores de la fábrica Pinto que fue despedido cuando aún se tramitaba, en Montecristi, el Mandato Constituyente 8.
Pese a que la norma establece que las empresas que tercerizaban e intermediaban personal deben contratarlo de forma directa, la fábrica textilera incumplió el Mandato y despidió a este grupo de trabajadores.
Ellas prefieren “no volver a mirar atrás”, dice una de las obreras que no se identificó, pues no insistieron en la recuperación de sus puestos de trabajo en Pinto.
Más aún cuando el Gobierno les ofreció su apoyo para conseguir un nuevo trabajo.
Quieren mirar hacia el futuro, hacia la realización de este nuevo proyecto que les ha permitido recuperar su capacidad de trabajar, su forma de vida y la forma de subsistencia de su familia.
63 personas (60 mujeres y 3 hombres) que estaban en Pinto, trabajan en la fábrica
Entre el amplio grupo femenino están incluidos tres trabajadores que también pertenecieron a textiles Pinto. Aquí cumplen sus actividades en bodega, mantenimiento y como ayudante de contabilidad, respectivamente.
El martes pasado esperaban al presidente de la República, Rafael Correa, para inaugurar oficialmente la fábrica, ubicada en la urbanización Mena del Hierro, al norte de Quito.
Sin embargo, el Primer Mandatario debió suspender su presencia para asistir a las fiestas de independencia de Esmeraldas.
Una semana después, los 63 trabajadores y ahora dueños de esta empresa parecían llevar años trabajando en la textilera, por la destreza que evidenciaban al cumplir con sus tareas en cada parte del proceso. Al mismo tiempo se los veía entusiasmados, viviendo los primeros días de su nuevo trabajo.
Cada una cuenta con su uniforme y su maquinaria.
Esa época difícil que siguió a la pérdida de sus empleos marcó sus vidas y las de muchos de ex compañeros que aún siguen desempleados, comenta Norma Yapo, presidenta de la cooperativa de producción textil artesanal Punto Ecuador.
“Fue muy duro”, recuerda la trabajadora, pero ahora, al igual que sus compañeros, se siente lista para asumir esta responsabilidad.
Miriam Hidalgo y Sonia Tito, que trabajaron 5 y 18 años en Pinto, respectivamente, ahora están contentas por esta nueva oportunidad. Hidalgo labora en el área de remate de prendas, y Sonia en confección.
También están agradecidas Sonia Guanuña, que ahora cose elásticos; y Guadalupe Digüay, que es instructora de cadena.
La empresa fue montada con el apoyo económico de los ministerios de Trabajo y de Inclusión Económica y Social, que aportaron con 185.000 dólares y 100.000 dólares, respectivamente.
Con esos recursos, los nuevos empresarios compraron 15 máquinas overlock, 15 máquinas rectas, dos cortadoras grandes y una circular y una botonera, entre otros equipos, además de materia prima como tela, hilos, botones, elásticos y etiquetas.