Tomada de la edición impresa del 29 de enero del 2010

Programa capacita y emplea a ciegos

En el call center de Sí cobra trabajan al menos 14 personas no videntes que recibieron capacitación.  | FOTO: PAÚL NAVARRETE / El Telégrafo

FOTO: PAÚL NAVARRETE / El Telégrafo

En el call center de Sí cobra trabajan al menos 14 personas no videntes que recibieron capacitación.

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Para acceder al proyecto Ágora no es necesario estar afiliado a ninguna federación o asociación de personas no videntes.  Debe acercarse a las oficinas del programa, ubicadas en 10 de Agosto, entre Villalengua y Barón de Carondelet, en Quito.  O  llamar al teléfono 02 3316301.

El call center es el área donde labora mayor número de personas con discapacidades visuales.



Ayudado por su bastón, Marco Sevilla sube a uno de los buses  públicos.  Canta una que otra canción y luego empieza el largo camino de ofrecer caramelos a los pasajeros que viajan en el transporte.  Es su rutina diaria, la que le permite llegar a casa con dinero para “lo básico”.

Él perdió la vista cuando tenía veinte años.  Su rostro ahora delata más de cinco décadas.  Sin embargo, su deseo de “cambiar el ritmo agitado de las calles” lo llevó a inscribirse en el programa de Fundación Ágora, el cual desde 2006 procura capacitar y emplear a personas que tienen algún tipo de  discapacidad visual. 

Llevado por la expectativa de días mejores, Sevilla asiste a las clases de computación que -como parte del programa de inserción laboral- toma todas las tardes, de lunes a viernes.

Fany Paz, técnica de la fundación, explica que la etapa de formación académica que atraviesa Sevilla es parte del proceso previo a la  ubicación en un puesto de trabajo.  “Una vez que la persona interesada nos contacta,  recibimos su hoja de vida y la ingresamos a una base de datos.  Posteriormente me entrevisto con el interesado y detecto qué área necesita reforzar  de acuerdo con sus aspiraciones laborales”, manifiesta.

Y agrega que una vez que la empresa  solicita a  una persona, acude a la base de datos y se selecciona a los posibles aspirantes.  “Yo los acompaño a la entrevista y   luego, si la entidad así lo decide, se procede la contratación formal”, explica.

“La capacitación les
permite obtener
las herramientas
para salir de la calle...”


Gran parte  de los casos que recibe Ágora se trata de personas que, si bien han recibido rehabilitación integral (cómo desplazarse usando el bastón, técnicas de aseo y de independencia), les hace falta capacitarse en un área profesional específica.  Dentro del plan, una de las ramas que más alumnos tiene es la de computación. 

Cerca de 40 personas no videntes reciben cursos  sobre cómo  usar el Jaws -herramienta informática  para no videntes- en las aulas del Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (Secap), debido a un convenio entre esta institución y Ágora.

Rita Villagómez, maestra de computación, señala que en el camino a la obtención de un trabajo sus alumnos  están siendo alfabetizados digitalmente.  “Lo cual les permite obtener  herramientas para salir de la calle   y encontrar un empleo en el que cuenten con beneficios, como la seguridad social.  Y consecuentemente la sociedad aprenderá a verlos y a tratarlos mejor”, augura. 

Hasta el momento, el programa de inserción laboral  ha logrado emplear alrededor de  170 personas en áreas como el call center, secretaría, mensajería, empaquetado.  “Ahora estamos en una segunda fase en la cual tenemos 600 personas diagnosticadas, entrevistadas y con planes de empleo.     Nuestro objetivo es  insertar 80 personas en los próximos dos años”, señala.

Desde su estrecho cubículo, Jaime Andagana realiza llamadas a clientes que tienen alguna deuda por cobrar.  En  esa suerte de pesquisa asegura haberse encontrado con más de un malhumorado.  “Pero uno usa la imaginación y  los persuade para lograr el objetivo, que es que ellos se acerquen a pagar lo que deben”,  menciona.

Al igual que él, otras doce personas con discapacidad visual trabajan en el centro telefónico  de Sí cobra, una de las empresas que  solicita personal  a Ágora.

Andagana vive solo en Quito. Él y su familia son oriundos de Guaranda.  “Decidí venir acá para estudiar y aprender a valerme por mí mismo.  Con lo que gano en este empleo (salario básico más comisiones) cubro mis gastos y, además, pago mis estudios.  Estoy por terminar el bachillerato y  mi aspiración es  ir a la universidad para ascender laboralmente”, cuenta.

A un costado de Andagama está Diego Rodríguez. Él dejó su puesto de venta de confites y entró al plan de capacitación e inserción laboral.  Ya lleva diez meses en Sí cobra y cursa el segundo semestre de Sicología en una universidad a distancia.  “Con este empleo he logrado sentirme útil,  subir mi autoestima y mejorar mis expectivas de un futuro mejor”, recalca.

Tanto Andagana como Rodríguez  están uniformados de pies a cabeza. El gerente de recursos humanos de Sí cobra, Paúl León, menciona que “son muy cumplidos con su vestimenta y con sus horarios”.  Y cita un informe de control de calidad interno, según el cual 26 llamadas del servicio registraron problemas. “Solo una de ellas fue hecha por una persona no vidente”, afirma.

Y hay más cifras que demuestran que los no videntes son responsables en sus labores.  Rodríguez menciona que el índice de ausentismo de las personas con algún tipo de ceguera que laboran en la institución  es del 0,90 al 1,05 por ciento,  mientras que las personas sin ningún tipo de discapacidad presentan niveles  de 1,47 a 1,62.  “Esto demuestra que no estamos hablando de ningunos enfermitos, como suele pensarse.  Se trata de profesionales que saben cumplir lo que se les encomienda y que son muy responsables cuando deben llegar a metas planteadas por la empresa”, acota.

El supervisor de una de las áreas de call center de la institución de cobranza destaca la puntualidad de los no videntes que laboran con él.  “Cualquiera podría pensar que por su discapacidad tienen más obstáculos para llegar al sitio de trabajo; sin embargo, son los primeros en estar aquí”, enfatiza.

Para el director de Ágora, Julio Barba, en el camino de la inserción laboral de este colectivo han debido luchar con las empresas que “aún piensan que los invidentes no podemos responder a sus expectativas”.

Agrega que otro de los aspectos que deben superar es la falta de capacitación de quienes padecen ceguera total o parcial. 

“Si bien es cierto que existe un cuerpo de leyes   que nos garantiza un trabajo digno, este no debe entenderse como una beca.  De ahí que es importante que quienes tienen ceguera se preocupen por ir a un centro y rehabilitarse funcionalmente, aprendan a leer y a escribir en braille”, reflexiona.

Más allá de lo que le asegure la Constitución, Édison Dávila está convencido de que la forma más eficaz de vencer el discrimen es “demostrar que tenemos capacidades iguales a las de quien tiene todos sus sentidos”.  Para concretar sus anhelos, Édison estudia desde que tiene uso de razón. 

Ahora, a sus 24 años, comparte su tiempo entre su trabajo  como cobrador telefónico y sus estudios de Jurisprudencia.  Cursa el tercer semestre de Derecho en la Universidad Central.  “El trabajo es un impulso para sentirte útil y subir  tu autoestima.  Es una forma de contribuir, desde cualquier condición física, a que el país surja”, dice.

Jaime Andagana

Persona con discapacidad visual que trabaja en call center

“Con lo que gano acá (salario básico más comisiones) cubro mis gastos y pago mis estudios”

Julio Barba

Persona no vidente y director de la Fundación Ágora

“El cuerpo de  leyes que nos garantiza un trabajo digno a los invidentes no debe entenderse como
una beca”
Fátima Cárdenas
fcardenas@telegrafo.com.ec
Reportera - Quito