Tomada de la edición impresa del 12 de octubre del 2008

Apología del hombre e reflexión, un cúmulo de barbaridades y los caminos que andan

    | ILUSTRACIÓN: KLÉBER FLORES / El Telégrafo

ILUSTRACIÓN: KLÉBER FLORES / El Telégrafo

Este encabezado aludía a la doble imagen paterna del “cándido infante y sus modelos imposibles”.



En La tercera es la vencida: última (y exagerada) tergiversación del memorioso, libro mío que anda –diría el montuvio (con ve de vida, a pesar de la Academia)- en edad de merecer, rindo un homenaje a Alfredo Pareja a través de El muerto –personaje protagónico de dicho libraco- en un breve item que titulé “Apología del hombre de reflexión”.

Este encabezado aludía a la doble imagen paterna del “cándido infante y sus modelos imposibles”: el padre propiamente dicho, marino y hombre de acción, y el tío materno, escritor.  Ninguna de las dos condiciones tuvo, en realidad, el inocente.  Y punto.

Lo cierto es que admiré siempre (ahora hablo yo) a Alfredo Pareja (este es el mentado tío materno), tanto como persona que era a todo dar, que como escritor, que es igual.

En el segundo aspecto lo admiré (y admiro) sobre todo como contador de historias, específicamente por sus siguientes títulos: La casa de los locos: novela escrita para agotar la paciencia de cualquier lector i dedicada a los niños i a los viejos de mi Patria infantil (1929), cuyo título evidencia su tesitura narrativa: el vanguardismo, tan grato a Pablo Palacio y al primer Humberto Salvador; El muelle (1932), en el mejor realismo social; Hechos y hazañas de don Balón de Baba y de su amigo Inocencio Cruz (1939), primera novela esperpéntica escrita en el país; Hombres sin tiempo (1941), notable por el trazo psicológico de su protagonista; Los nuevos años (La advertencia, 1954, El aire y los recuerdos, 1958 y Los poderes omnímodos,1964), novela río y del realismo crítico; y Las pequeñas estaturas (1971), la más audaz y moderna de sus narraciones, un enorme logro en la modernización de nuestro relato.  Y también, por supuesto, su Historia del Ecuador, sus biografías Vida y leyenda de Miguel de Santiago y La hoguera bárbara/Vida de Eloy Alfaro, así como su ensayo Thomas Mann y el nuevo humanismo.

Un escritor al que debemos mucho, sin duda (y con duda, ¿por qué no? Pero aquí me detengo, no vaya algún retrasado (mental, of course) a acusarme de nepotismo, aunque sea al revés (you knows?).

Sobre el cúmulo de barbaridades, comenzaré por la mayor de éstas: que un libro editado por un núcleo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana las traiga en tanta cantidad y de tanta calaña.

Cómo saber de qué núcleo, qué libro, qué autor y qué prologuista se trata correspondería a una chismografía inútil y perversa, me niego a identificarlos: lo importante es que ellos se reconozcan  y reconozcan sus barbaridades para ser más responsables y no volver a cometerlas.

Aclaro que las que consigno corresponden solo a las 29 primeras páginas de un libro de 239.  Si las hubiera considerado todas, no me habría alcanzado el espacio de esta nota y sus  temas incluidos.

Ahí les van: 1. “(…) su pensamiento, expresado en forma sencilla, sincera y profunda.  Sin inventiva ni audacia, porque si verdaderamente se estudia Historia y Sociología; Economía y Estadística; Filosofía y Literatura, es dentro de este ámbito que puede desenvolverse el escritor” (¿qué coño quiso decir?); 2 “(…) y lo hace con solvencia, con donaire, con soltura y empleando su talento” ( un remate in-te-li-gen-tí-si-mo); 3. “(…) un hombre no muy alto, más bien de pequeña estatura”; 4. “(…) una completa y falaz burla”; 5. “(…) fue elevado a Puerto Menor de la República”; 6. “(…) mi persona no encontró documentos que avalicen el año de llegada de este ciudadano”; 7. “(…) nuevas nupcias matrimoniales”; 8. “(…) y si no vivió en matrimonio los primeros años fue porque doña Natividad tenía una hija ‘Tomasita’, y que cuyo padre era desconocido”; 9. “(…) era un hombre medio filósofo, guerrillero y comerciante”; 10. “Fue el doctor Gabriel García Moreno, el que contribuyó a la formación moral y política de don Eloy Alfaro, atrayéndolo y llevándolo a su lado”; (increíble, pero está escrito, pag 22); 11. “(…) se ilustró con las lecturas montalvinas.  (nombre que se les da a aquellas obras de Juan Montalvo)” (bri-llan-tí-si-ma explicación); 12.  “Uno de los pilares de la ideología de Alfaro, era sobre todo aquello concerniente a los derechos del hombre y de las libertades civiles inculcadas por el clericalismo imperante” (¿qué creerá el autor que significa inculcadas?); y 13 (la docena del fraile): “(…) se iba adentrando a un cierto misticismo casi patológico” (¿será posible?).

Respecto a los caminos que andan, de Carlos Núñez Calderón de la Barca, solo elogios.  Se trata de un trabajo erudito (la sola revisión de la bibliografía lo evidencia), amena y amorosamente escrito, en el que el autor profundiza y amplía, desde una nueva perspectiva, una importante y enriquecedora querencia temática.  En palabras de Jorge Marcos, este autor mexicano (y ecuatoriano honorario), publicó antes “su síntesis sobre el tema en Los Pueblos Navegantes del Ecuador Prehispánico (2005) “y ahora con un “nuevo enfoque (…) ha sabido entender el sincretismo, comparar la simbología y los significados que nacieron de las relaciones cada vez unificadoras del México occidental con el noroccidente sudamericano” con un texto que se constituye en “una bienvenida adición a la bibliografía sobre las relaciones antropológicas andino-mesoamericanas y en especial sobre el estudio bivalbo Spondylus pronceps y su importancia para las gentes de nuestras costas y del occidente de México”.

En definitiva, solo nos queda agradecerle al autor por este libro y aplaudir que la biblioteca de la Municipalidad de Guayaquil lo haya editado.
Miguel Donoso Pareja

Escritor
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