Tomada de la edición impresa del 12 de marzo del 2010

Sobre la verdad como un arma de destrucción

Roberto Sánchez y María Elena López protagonizan La Prueba.  | FOTO: CARLOS  POZO/ El Telégrafo

FOTO: CARLOS POZO/ El Telégrafo

Roberto Sánchez y María Elena López protagonizan La Prueba.

IMÁGENES

Datos

Ficha técnica

Guión: Lucas Bärfuss
Dirección: Roberto Sánchez
Vestuario: María Elena López
Elenco: Roberto Sánchez, María Elena López, Marilú Vaca, Diego Bolaños, Marco Bustos

El conflicto que plantea el guión del alemán se sostiene en la premisa de que “Todo el mundo miente”.


 
La vida de las personas se construye sobre una base de mentiras. Y cuando alguien confronta al mundo con la verdad, se produce una serie de conflictos que llegarán a cuestionar las bases de todo orden establecido.

Esta es la premisa sobre la que se sostiene el argumento de La Prueba, obra teatral que se estrenó ayer en la sala de teatro de la Asociación Humboldt, en Quito, y que estará en cartelera hasta el sábado 3 de abril.

El conflicto surge al interior de la familia Korach. Simon Korach (Roberto Sánchez), es el patriarca de la familia; un hombre cuya vida ha estado dedicada al ejercicio de la política, y a la conservación del status quo de la familia.

Su hijo, Peter, se ha rehusado a heredar la vida política. Se ha casado con Agnes, con quien tiene un bebé.

El problema parte de la duda, hacia la que ha sido inducido Peter, acerca de la paternidad del niño, y la consecuente prueba genética que aquel exige a su esposa.

“Todos tenemos al menos un secreto en la familia”, asegura Roberto Sánchez, quien además de llevar a cabo el papel de Simon Korach es el director de la obra: “las personas sostienen su vida en mentiras, o en cosas que no se dicen”. De ahí que el guión de La Prueba se constituya en una especie de discusión cuyo tema central es “la verdad”, y sus consecuencias, que el espectador irá descubriendo mientras la obra avanza.

“De alguna manera, la obra cuestiona el valor de la verdad”, explica Sánchez; “¿Qué pasa cuando nos arriesgamos a decir la verdad? ¿Para qué sirve?”.
Pero por otro lado, la obra también trabaja con los temas del status y el poder.

Agnes ha ido a casa de Simon, requerida por éste. Al entrar en la sala (el centro del escenario, dotado de dos sillas, y una alfombra en el centro), encuentra al secretario del patriarca, con quien inicia un diálogo a través del cual éste intenta seducirla.

En ese momento entra Simon Korach, quien ordena a su secretario que salga. Mientras entre Simon y su nuera se inicia una discusión en torno a Peter y su hijo, el político se dirige a su nuera: “¿te molesta si me lavo los pies?”; antes de lo cual ya se ha sacado los zapatos y las medias.

Ella lo mira sorprendida durante pocos segundos, para luego ir en busca de lo necesario para la limpieza: una tina y un jarrón con agua. La discusión continúa mientras ella, de rodillas, lava los pies de su suegro.

La puesta en escena de La Prueba, es el resultado de una convocatoria llevada a cabo hace algunos meses en la Asociación Humboldt. Según explica la actriz María Elena López, se realizó un concurso para escoger una obra que pudiera ser traducida del alemán y montada por una compañía teatral ecuatoriana.
El guión ganador fue el del Suizo/alemán Lucas Bärfuss; y el grupo escogido para interpretarlo, Teatro Ojo de Agua.

El grupo, fundado por roberto Sánchez y María Elena López hace once años, ha desarrollado una línea de trabajo acorde con lo requerido para la interpretación de esta obra, según explica Sánchez.

“Nos hemos dedicado a explorar en el teatro contemporáneo; por lo general trabajamos temas muy contemporáneos, que siempre corresponden a obras de autores vivos, y jóvenes. Por eso, no es la primera vez que trabajamos un texto de Lucas Bärfuss”, cuenta el director, quien además se refiere al trabajo de Ojo de Agua como “un teatro más psicológico, en donde todo está al servicio de la actuación antes que al de la puesta en escena”.

De ahí la sobriedad de la escenografía; pues de acuerdo con María Elena López, lo más importante para el grupo es que “la actuación vaya surgiendo de la manera más orgánica, a partir de la comprensión de los personajes”.

Sánchez explica esto de otra forma: “lo importante es que la actuación pueda sostenerse por sí sola. Cuando estás actuando, los actores que lo hacen están construyendo un andamio que se sostiene sin tornillos. Si algo de esa actuación falla, todo se viene abajo”.

Y en este caso, ese andamio es la duda que permanece latente durante toda la función: si la verdad es sólo un cabo suelto de la mentira.
Javier López Narváez
xlopez@telegrafo.com.ec
Reportero