Tomada de la edición impresa del 30 de noviembre del 2008

Un teatro joven que nace en las aulas

Durante la inauguración del XII Entupe, el Teatro Arawa presentó Sancho Panza en el país de la balanza perdida, en el obelisco de la Universidad de Guayaquil. | FOTO: PILAR VERA / El Telégrafo

FOTO: PILAR VERA / El Telégrafo

Durante la inauguración del XII Entupe, el Teatro Arawa presentó Sancho Panza en el país de la balanza perdida, en el obelisco de la Universidad de Guayaquil.

Durante cinco días, nueve grupos universitarios, uno colegial y una actriz se reunieron.

Antecedentes

El Encuentro Nacional de Teatro Universitario y Politécnico del Ecuador (Entupe) surgió en 1996 con seis participantes.


Se realiza como celebración del aniversario de la Universidad de Guayaquil, coordinado por el Teatro Arawa de la entidad.


El propósito de tener un encuentro en noviembre es evaluar el trabajo realizado durante el año por los grupos universitarios del país.


 
“Durante estos doce años de recorrido, el Encuentro Nacional de Teatro Universitario y Politécnico del Ecuador (Entupe), se ha convertido en un referente teatral, tanto local como nacional, que permite intercambiar inquietudes...”. Así se lee en el tríptico del XII Entupe, en un breve texto firmado por Juan Coba. Él es el director del Teatro Arawa de la Universidad de Guayaquil, colectivo que realiza el programa, en noviembre de cada año, como una vitrina para las nuevas propuestas del teatro nacional.


Por ello, no fue extraño que en su presente edición, realizada del 24 al 28 de noviembre, el miércoles por la mañana se dedicaran al taller-debate “El Teatro que yo hago” con la intervención de Susana Nicolalde y Daniela Pabón, del colectivo profesional Mandrágora Artes Escénicas y los actores de 9 grupos universitarios que participaron del encuentro. Allí se estableció que el membrete de “universitario”, en ningún momento implica que las propuestas escénicas de los jóvenes y docentes universitarios sean de menor calidad.


El martes, Pabón presentó la que constituye su tesis, luego de cuatro años de estudios en la escuela de actuación de Mandrágora, Una Mujer cualquiera... artilugios de la soledad (adaptación libre sobre el texto de Darío Fo y Franca Rame). La actriz refirió que la obra se ha preparado desde hace casi un año involucrando un momento caótico de su vida, cuando no sabía cómo continuar con la dramaturgia, porque la concepción de un personaje psicótico la llevaba a dudar quién era  ella.


Añadió que hace 3 semanas realizó el estreno y la primera temporada en Quito, por lo que traer su propuesta  a Guayaquil indagaría en cómo reaccionaría el público ante un tema fuerte como es el de una joven al borde de la locura, criticando la modernidad y grabando un “spot” de su vida antes de suicidarse. Quienes acudieron esa noche al auditorio del Banco Central (Pichincha y 9 de Octubre) no la defraudaron, sufrieron con la locura de Julia (el personaje) y aplaudieron la intensidad con que Daniela puso en escena los trastornos de la sociedad moderna.


“Me parece muy importante que haya un espacio para la nueva generación de actores, no sé a nivel universitario cómo se trabaja, pero es importante saber si en las universidades el teatro también es una profesión”, comentó Pabón. Susana Nicolalde, directora de Mandrágora, indicó que la especialidad de su grupo es el teatro experimental fortalecido por la creación de una escuela experimental de teatro-danza, en el 2002. Desde entonces, según la directora, Pabón encabeza la primera generación de actores formados por Mandrágora, cuya filosofía es que todos aprendan de todo y se enfrenten a los elementos relacionados con un trabajo de escena, incluido lo técnico, como lenguajes sensibles.


Para la obra de Pabón Nicolalde siguió su metodología de trabajo usual, la de directora que se comporta como una compañera más, que sufre, que se enfrenta, que se da contra las paredes y que se explora permanentemente. “Me pongo a explorarme y a experimentar y de ahí van saliendo tantos materiales sensibles que los ponemos en un gran baúl... se pone todo en un gran cedazo que aunque nos cueste y nos duela hay escenas maravillosas, preciosas que son bellas, pero que no entran en un montaje y generosamente las guardamos en otro baúl hasta el momento en que salgan”, agregó.


Marcelo Leyton, integrante de Arawa y director del taller de teatro del Instituto Particular Abdón Calderón, también participante del XII Entupe, mencionó que lo positivo de este programa es darles un espacio para que los actores maduren sus propuestas. Otro colectivo participante fue Carasvemos, de la Universidad Politécnica Salesiana de Guayaquil, dirigido por Gabriel Gallardo, para quien los grupos universitarios deben formar a los futuros actores, directores, dramaturgos y público amante del teatro.


Los demás participantes fueron el Teatro Arawa, La Huella (Universidad Técnica Equinoccial), XQ (Universidad Tecnológica América), Taller de teatro de la UTA, Vanguardia (docentes de la Universidad Tecnológica de Cotopaxi), Aquelarre (Universidad Tecnológica de Cotopaxi), Caricato Fantochepais (Escuela Superior Politécnica del Chimborazo) y Los de la Mancha (Universidad Cristiana Latinoamericana). Todos con montajes muy diferentes entre sí, pero muy sólidos en la ejecución.


Tal vez el punto fuerte fue Mandrágora y su crítica a la posmodernidad o la obra al aire libre de Arawa, sobre la justicia y la falta de ella o su ejecución a manos de alguien del “pueblo” (Sancho Panza interpretado por un espectador seleccionado al azar).

Pasión por el teatro en varios sitios

El XII Entupe reunió a grupos de Guayaquil, Quito, Ibarra, Ambato y las provincias de Cotopaxi y Chimborazo, permitiéndoles a los actores conocer las propuestas de cada uno y compartir su experiencia sobre qué significa la puesta en escena, en el marco del taller “El teatro que yo hago”. El obelisco de la Universidad de Guayaquil fue el punto de partida, donde Arawa dio inició a una fiesta para el teatro, mientras los demás grupos estuvieron en las tablas del auditorio del Banco Central y la Alianza Francesa.


Daniela Pabón, egresada de la escuela de artes escénicas del grupo profesional quiteño Mandrágora, comentó que este encuentro era un espacio ideal para que los nuevos actores reivindicaran el oficio del teatro. Su profesora y directora de la obra que presentó a manera de tesis, Susana Nicolalde, añadió que el XII Entupe serviría para que los jóvenes practiquen, y darle al teatro el mismo respeto que a un trabajo profesional, empezando su recorrido por un largo camino con una actitud de absoluta certeza y creyéndoselo en serio.

Walter Franco
wfranco@telegrafo.com.ec
Reportero - Cultura
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