Tomada de la edición impresa del 23 de noviembre del 2008

Objetos que cobran vida propia en el teatro infantil

 La gráfica muestra una de las escenas de la obra “Francisco de Cariamanga”, ejecutada por miembros de La Casa de Teatro Malayerba con sede en Quito.  La pieza teatral se estrenó en 1990.   | FOTO: PAÚL NAVARRETE / El Telégrafo

FOTO: PAÚL NAVARRETE / El Telégrafo

La gráfica muestra una de las escenas de la obra “Francisco de Cariamanga”, ejecutada por miembros de La Casa de Teatro Malayerba con sede en Quito. La pieza teatral se estrenó en 1990.

Datos

Grupos:

Brasil
Compañía Pia Fraus.

España
Los titiriteros de Binefar.

Bolivia
Teatro La Cueva.

Colombia
Teatro Comunidad.

Ecuador
La Espada De Madera
La Rana Sabia.
Lunasol.
La Pluma.
Mano 3 (CUENCA)
La Muralla.
El Arrebato.
Tentempié.
Sin Ton Ni Son (TULCÁN).
El Teatro del Barrio.
Cactus Azul.

Funciones para hoy
Pia Fraus, de Brasil
Lugar: Peatonización
del Centro.
Hora: 11:00

Teatro La Cueva, de Bolivia
Lugar: OchoyMedio
(La Floresta).
Hora: 11:30

Mañana
La Cueva de Bolivia y Pia Fraus de Brasil
Lugar: Cumbayá y Tumbaco
Hora: 10:30

Martes 25
Teatro Humanidad,
de Colombia
Lugar: Tumbaco
Hora: 10:30

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¿Un montón de botellas de agua pueden transformarse en una laguna? ¿Un par de cucharas en una cigüeña? ¿Un xilófono y una pandereta en un niño? Sí. 

Los Titiriteros de Binéfar logran que los desechos, los utensilios de cocina y los instrumentos musicales cobren vida y se transformen en personajes.

“Cualquier cosa podría ser un títere siempre y cuando cumpla una función dramática”, comenta Paco Paricio, director del grupo de teatro aragonés, que se presentó en Quito como parte del Cuarto Encuentro de Teatro para Niños y Niñas, Guaguas de Maíz.

La obra no tiene la factura del espectáculo de títeres tradicional. Es una puesta en escena ingeniosa e inteligente, en la que el público debe decodificar la historia a partir de la construcción visual y estética. El grupo, que tiene una trayectoria de 30 años, en esta historia utilizó las bases de las vanguardias artísticas para la elaboración de la escenografía y los personajes.

Trabajan desde el hallazgo artístico, a partir de objetos cotidianos. “Usamos el simbolismo de los objetos, como lo hicieran Picasso o Duchamp. Los adultos, por ejemplo, llevan las cosas más duras como teclados de computadora, teléfonos como orejas, objetos de consumo, mientras que los niños llevan pedazos de juguetes y de instrumentos musicales. Los animales casi todos están construidos con objetos del campo, pedazos de madera, cucharas de palo, panderetas”, explica Paco.

El resultado es una obra de alta creatividad que sorprende al espectador niño y adulto y genera una alta empatía y participación. El Hombre Cigüeña se cree una cigüeña, y mientras narra la historia del animalito y su entorno, los niños sorprendidos no le quitan los ojos de encima. En escena son dos titiriteros, Paco y Eva, su hija. Ambos funden su labor mecánica con la gestual. No están escondidos, sino que forman parte activa de la narración, además de ser ellos mismos un componente dramático, que alternan con la manipulación de los inusuales títeres.

“Los niños merecen mucho respeto, son capaces de leer cosas complejas y abstractas. No hay que negarles la educación estética”.  Paco no se equivoca.

Durante toda la función la interacción con los niños fue única. Ninguna distracción y una conexión absoluta con la historia. Al terminar la obra, los cien niños asistentes aplauden y se muestran curiosos. Empieza una ronda de cuestionarios en la que el gran interés de los infantes se pone de manifiesto en preguntas como: ¿Por qué el niño tiene un xilófono?

Paco responde a las inquietudes y más tarde comenta que las reacciones de los niños son iguales en todas partes. “Los niños no tienen los prejuicios que tenemos los adultos”. Ellos, haciendo honor al oficio del titiritero, han viajado por todo el mundo. Antes de llegar al Ecuador estuvieron en Brasil, y luego irían para Colombia.

En sus espectáculos tienen más de treinta- no siempre utilizan este tipo de técnicas, pero en todos trabajan con diseñadores con la finalidad de proponer una doble lectura. Una para los niños y otra para los adultos.

 “Aunque en su totalidad se trata de una obra que hace una crítica sobre la destrucción de la naturaleza, también incluimos la autocrítica desde el adulto: el personaje del padre autoritario que dice aquí se hace lo que yo digo, y la madre que hace un chantaje afectivo: le llena de mimos a su hijo pero no le hace caso”.

Así, la historia se va entretejiendo desde lo simbólico y desde el movimiento. La intención de las técnicas utilizadas, como el juego de sombras, es envolver al espectador. Aunque se trata de una obra dura e incluso triste, Paco considera que no se debería menospreciar al infante al ofrecerle obras edulcoradas y simplonas. Finalmente, la historia del hombre cigüeña deja un último sabor dulce. Hay un halo de esperanza que se deja entrever desde la selva de cemento...

Teatro para niños durante todo el mes

El Encuentro de Teatro para Niños y Niñas “Guaguas de Maíz”, que arrancó el 17 de noviembre, llega a su cuarta edición. Hasta el 5 de diciembre, durante 19 días, obras de 15 compañías teatrales y 20 espectáculos infantiles estarán en varios escenarios de Quito.

En Chimborazo, Esmeraldas, Napo e Imbabura, el festival ha realizado funciones itinerantes y gratuitas, que continuarán hasta diciembre.

La  Fundación Cactus Azul ha organizado este encuentro que contará con más de 50 funciones, las cuales, según Paloma Dávila, coordinadora del evento, “buscan propiciar la práctica real de los derechos de los niños y niñas promulgada en el Código de la Niñez y la Adolescencia”. En esta edición contará con la presencia de grupos de Brasil, España, Bolivia, y Colombia, así como once delegaciones nacionales.
Rocío Carpio
mcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito
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