El filme La Dolce Vita tuvo sus detractores y gente que lo apoyó al tiempo de su estreno. Hoy se repiensa.
El 5 de febrero de 1960, las salas de cine italianas fueron testigo del sueño felliniano que marcaría un antes y un después en la historia del cine y que se convirtió en símbolo de un estilo de vida, de una "Dolce Vita" romana de decadencia y excesos.
Sus paradojas encontraron ya su expresión desde la primera oleada de reacciones y críticas, con elogios, admiración, insultos y ataques que arremetían contra la supuesta "inmoralidad" de la película o su clima corrupto y que no fueron más que la confirmación del inicio de un mito.
El Centro Católico Cinematográfico colgó al film la etiqueta de "escluso per tutti" -"excluido para todos"- y algunos críticos que dieron opiniones favorables a la película fueron despedidos.
La huella imborrable que dejó el director de "Otto e mezzo" trazó un fresco lleno de símbolos, un mosaico de estereotipos y un universo onírico que muchos buscan aún al perderse por Roma.
De algún modo Roma es aquella ciudad imaginada por Fellini. Pero "la 'Dolce Vita' se acabó", sentencia Cavicchia
La diva interpretada por Anita Ekberg, que repite hasta la saciedad su llegada al aeropuerto para posar ante los fotógrafos, el intelectual atormentado o el cazador de imágenes comprometidas, bautizado "paparazzo", desfilan por esa fantasía hecha realidad, fragmentada en escenas paradigma de una agridulce "noche romana".
Poco queda ya de aquellas reuniones de los "paparazzi" en la Via Veneto de Roma, pero la magia con que el maestro de los sueños dotó a "La Dolce Vita", con sus más sorprendentes contradicciones, conserva algunos rincones, como el famoso Café de París, que Fellini retrató y convirtió en uno de los centros del glamour del cine europeo.
Ese histórico local, icono de un mundo tan extravagante como vacío, corrupto y abocado al naufragio, es hoy de la mafia de Calabria, la Ndrangheta, que lo adquirió hace un año por 6 millones de euros.
Tampoco ha sido estelar el destino de discotecas como Jackie O', símbolo de la vida nocturna romana, frecuentada por Grace Kelly, Jacqueline Bisset, Marcello Mastroianni o Vittorio Gassman y, en los noventa, punto de encuentro de criminales.
Pero si uno se aleja de Via Veneto encontrará uno de los lugares más vivos de esa "Belle Époque" italiana, que hizo de la Ciudad Eterna un centro de celebridades durante los rodajes de "Ben Hur" o "Quo Vadis": la Taverna Flavia, un restaurante que el tiempo ha convertido en museo fotográfico, dirigido por Mimmo Cavicchia desde hace cuatro décadas.
Las paredes del establecimiento, entre los favoritos de las estrellas también en la actualidad, son un mural en el que lucen centenares de firmas y rostros conocidos, desde Sofia Loren y Audrey Hepburn hasta Woody Allen o Pedro Almodóvar.
Testigo de historias de cine como el romance entre Richard Burton y Elizabeth Taylor, máxima protagonista del local con una sala con su nombre. Ahí están enmarcadas sus sandalias de "Cleopatra" que "Liz" regaló a Cavicchia cuando rodó la película.
"Los protagonistas de la 'Dolce Vita' eran los actores, y los espectadores salieron a la calle para vivir y actuar como ellos. Cada uno se sentía protagonista a su manera", afirma Cavicchia en una entrevista con EFE.
Así nacieron las ganas de recuperar el tiempo perdido, de vivir una locura que Fellini inmortalizó con la mítica escena en la Fontana di Trevi, cuyas aguas tienen aún la huella de Anita Ekberg.
De algún modo Roma es aquella ciudad imaginada por Fellini. Pero "la 'Dolce Vita' se acabó", sentencia Cavicchia. "Ya no existen esos grandes personajes, ahora los actores sólo están un día para presentar su película y están condicionados por sus agentes publicitarios. Además, la gente está invadida por la televisión. Si Gran Hermano bate récord de audiencia, ¿qué "Dolce Vita" es? ¡Es la amarga vida!".
Por Via Veneto desfilan ejecutivos, se erigen sedes de grandes bancos y hoteles de 5 estrellas. Solo placas conmemorativas, fotografías y algunos bares como el emblemático Harry's Bar, que aún conserva su luz, son un reclamo para nostálgicos que quieran respirar los resquicios de aquella "Dolce Vita".