Niños, en el camino hacia la narración oral
Con un taller que durará seis meses se prepara a los protagonistas del II Cerrito de Cuentos.
Antecedentes
En 2008 se llevó a cabo el primer Cerrito de Cuentos.
En esta ocasión los niños fueron incluidos en el programa del encuentro
de narración oral organizado por Corporación Imaginario.
La preparación de los niños cuenta cuentos se realizó a través de talleres que duraron tres meses.
Una sala amplia y despoblada alberga a una maestra que, aprovechando el espacio desierto, incita a sus alumnos a desarmarse, a correr.... El sonido de la pandereta marca el inicio y el fin de los ejercicios. Son clases, sí, pero en estas no cuentan los ‘buenos modos’. El llamado es a la algarabía, a multiplicar por mil ese niño que los recorre...
Es el primer día del segundo taller, organizado por Corporación Imaginario, con miras a formar narradores orales infantiles.
Los contactos iniciales les recuerdan que hace un año se sometieron a una práctica similar que duró tres meses. Esta vez el proceso será más largo, pero el resultado, el mismo. En seis meses subirán al escenario del segundo Cerrito de Cuentos.
El grupo lo integran 11 niños -de entre 9 y 12 años- que quieren ser cuenteros, aquí y ahora. Si son médicos o abogados, más adelante se verá.
El deseo de los menores será encaminado por siete maestros: Ángela Arboleda, Raquel Rodríguez, la bailarina Fanny Herrera, el músico Manual Larrea, la actriz Lorena Toro, la licenciada en letras Paulina Briones y el improvisador argentino Omar Galván. Cada uno será responsable de un segmento del proceso de enseñanza que se desarrollará dos días a la semana.
Los aprendices de cuenta cuentos se mueven guiados por el dedo “mágico” de su pareja. Son los primeros contactos, a los que precederá una jornada de 106 horas en las que aprenderán a manejar su ritmo natural, se iniciarán en la poesía, en el teatro, en el manejo de la voz... Su formación culminará con el montaje de un espectáculo de narración oral.
Por ahora y hasta que pasen a la siguiente etapa, la maestra, que para este primer encuentro es Raquel Rodríguez, busca que sus pupilos “se suelten”. Entre saltos y correrías transcurre la primera de las dos horas diarias que contempla el programa. Los niños han estado en constante movimiento, sin embargo, su disposición parece intacta.
Hay una pausa para recibir instrucciones. Rodríguez los incita a pasarse por alto las reglas de gramática para inventarse un idioma.
Shirley Ribadeneira, una de las noveles cuenteras que el año pasado tuvo su primer acercamiento a esta actividad, no se complica. Cambia el español por ‘su’ inglés. “Si no sabes tienes que improvisar”, comenta.
No importa si están tristes, contentos o arrugados, hay que contar. Los pequeños echan mano de la fantasía y a de sus experiencias.
“Había una vez un niño que se creía muy guapo, pero muy guapo...”, narra Josua Castro con una voz que se oye ronca. Jordie Proaño lo observa mientras aguarda su turno. “Triste, alegre, nervioso, asustado, arrugado”, le ordena Rodríguez marcando con los adjetivos la expresión con la que el pequeño debe relatar su historia.
Micke Simisterra cierra la ronda de improvisaciones con la historia de un padre que regala ositos a un hijo dormilón.
Han transcurrido los minutos pautados y es tiempo de descansar para luego volver al ‘entrenamiento’. Hasta que estén listos para subir al cerro a codearse con narradores profesionales internacionales.
Fátima Cárdenas
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Reportera - Quito