Danza revivió durante festival Sin regiones
Fue una noche de camaradería, jolgorio, música y sobre todo danza costumbrista.
Para muchos la danza tradicional, sobre todo si hablamos de la del Litoral (montubia, chola o ancestral), está en proceso de extinción o ya no existe. Sin embargo, la noche de gala, correspondiente a la clausura del XXI Festival Folclórico y Popular Sin Regiones ni Rencores, que se realizó el viernes pasado en el Teatro José Martínez Queirolo, de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas, demuestra lo contrario.
Fueron más de dos horas en los que ocho grupos se alternaron en el tablado para presentar coreografías y una teatralidad muy acordes a pasillos, pasacalles y ritmos montubios, cholos, andinos y del Oriente ecuatoriano. La alegría y la energía de los grupos Ilusión, del Colegio Alejandro Internacional, del Colegio Juan Montalvo, Zafreros, Altadanza, y Dayarte eran su homenaje al formador de los directores de estos grupos, Fernando Rebutty, por sus 30 años de vida artística y al punto de partida de todos, el grupo anfitrión Corporación de Danzas Iberoamericano, que celebraba veintidós años de existencia. Era una fiesta para todos los folcloristas, investigadores y cultores de las danzas tradicionales del Ecuador, en el que tanto Rebutty recibió reconocimientos de sus alumnos, amigos y familiares, como ellos de él.
Puntos fuertes de una noche de danzas montubias, cholas, andinas y ancestrales ejecutadas de forma impecable fueron la intervención del director artístico de la Corporación de Arte Iberoamericano (Corpdaib), Antonio Santos, cantando pasillos y pasacalles, mientras bailarines de la Corporación de Danzas Iberoamericano ejecutaban coreografías especialmente concebidas para sus interpretaciones; asunto que se repitió con Juanita Córdoba y sus ahijados de Altadanza.
Las danzas típicas internacionales estuvieron a cargo del grupo milagrero Zafreros, que trajeron ritmos de Argentina y México antes de bailar un tema andino. Niños, jóvenes, adultos profesionales y personas de la tercera edad subieron al escenario para dejar una estela de colores con cada paso que daban al unísono, además de presentar algunas de las coreografías más pulidas y vistosas que se hayan visto de estos ritmos, en algún tiempo.
Los aplausos de los asistentes al teatro no dejaron de sonar. Fue una noche de camaradería, jolgorio, música y sobre todo danza para quienes de verdad entienden que un pueblo no es nada si no preserva sus costumbres y tradiciones. Sin embargo, esta velada fue solo la última arista de un programa de 3 días de discusión, clases prácticas y la elaboración de un tríptico informativo sobre el folclor y las danzas tradicionales y ancestrales del país.
Walter Franco
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Reportero - Cultura