El paso de este autor por la Fiesta de la Cultura, el libro 2008, en Quito, fue casi inadvertido .
La visión de Taibo II (el I es su padre, también escritor) sobre la realidad latinoamericana y mexicana, parte de una regeneración de conceptos, ruptura de paradigmas y revisión histórica. Taibo II nació en Asturias, España, pero su familia se exilió en México cuando él tenía 10 años, huyendo del franquismo.
Entre sus múltiples actividades están la política, el sindicalismo, el periodismo, la historia y la antropología. Su obra escrita abarca más de 50 títulos publicados.
Se dedicó a la novela negra porque, según ha dicho, qué otra cosa podría escribir en América Latina ¿A qué se refiere con esto?
A la realidad. Tenía un amigo que decía que la realidad se está poniendo muy rara (ríe). ¿De qué vamos a escribir? Vivimos en sociedades castigadas con el abuso del poder, la mentira, la doble moral, el discurso fraudulento. Sociedades llenas de pillastres casi de fotonovela venezolana. Estamos perseguidos por estructuras mafiosas, con unas fuerzas de ley y de orden que representan el desorden. Con una tradición de tortura política, de dictaduras militares. Vivimos en sociedades donde los banqueros son una de las grandes fuentes de corrupción. En donde el crimen, ¿qué es? Es el asesinato pasional de alguien que termina matando a sus esposa, porque es incapaz de convivir en términos sociales con un igual a él, y necesita que sea inferior. Otro problema social, por cierto. Entonces, ¿qué te queda?. Te queda meterte en las entrañas del monstruo y contarlo.
¿Qué tiene la novela policial que no tenga el resto de géneros literarios
La posibilidad de contar las nueve décimas partes de las historias de las que no te enteras. El periodismo con la mejor de sus voluntades, la sociología con las intenciones más sanas, están tocando la puntita del iceberg. No te cuentan los entramados, ni las relaciones del crimen con el poder y con el dinero. Te dejan ver elementos puntuales que de vez en cuando saltan a manera de escándalo, pero no te revelan la estructura sistemática de lo criminal. Hice hace poco una investigación del robo de coches en México. Al final, la reflexión era evidente: El crimen es una industria, y está íntimamente vinculado al poder y al estado.
Esto tiene relación con algo que también sostiene: que la novela negra en los EE.UU. refleja la confianza de la gente en el sistema, cosa que no pasa en América Latina. ¿Cuál es la particularidad de este género en nuestra región?
Creo que la mejor novela negra que se ha producido en A.L., en los últimos veinte años -y que hay unos cuarenta libros para avalar lo que estoy diciendo- tiene una gran virtud que es la de haber sido una novela social. A más de tener las virtudes de la literatura, de la pequeña trama, de la creación de personajes, de la atmósfera, de la recreación de las ciudades, de la tensión dramática, de tener un elemento experimental, de pasada, tiene una reflexión de literatura social.
Todo el bagaje de activismo político que posee, empezando por la herencia familiar, ¿cómo se manifestó en su obra de ficción?
Esta es la continuación de la revolución por otros medios. Von Clausewitz puro. Es la reflexión de si quieres escribir tienes que contar la sociedad en la que vives. Puede ser de una manera muy indirecta, elíptica o metafórica. Puedes estar enfadado con el Tratado de Libre Comercio entre EE.UU., México y Canadá y escribir una novela anti-imperialista del S.XIX, contra el imperio de Maximiliano y los franceses. Sin embargo, estos efectos de ola de choque del mundo en el que vives, y que tu literatura recoge de alguna manera, tienen un sentido. Yo llegué a la novela negra por dos razones: la necesidad de contar el país que me había tocado vivir, y la de dar a mis lectores -y a mí mismo como escritor- un poco de oxígeno. No todo va a salir mal. Aquí se logra de vez en cuando la justicia.
Más allá de la lucha política antifascista y antifranquista de sus abuelos y parientes, ¿qué queda en usted de España?
Quedan cosas raras. Yo nací en una ciudad al borde del mar, y me queda su sonido en los oídos. Ahora vivo en una ciudad -maldita sea- que ni a río llega, como la Ciudad de México. Extraño este sonido del mar. Me queda la habilidad para cantar en coro -mal-, muy asturiana. Me queda un amor por las ciudades -como Quito- que tienen una relación entrañable con la montaña. Cuando llego, digo: esto es como mi casa. Me quedan paisajes y gentes. Y además, durante 21 años he hecho en Gijón, el lugar donde nací, un festival de literatura negra. Nunca he acabado de separarme. Sigo siendo un hombre de dos mundos. Y si fuera justo, diría que soy un hombre de muchos mundos, porque cultivo el universalismo. Me siento en casa en lugares extraños como Venecia.
Escribió, de hecho, una Historia General de Asturias, la región donde nació, ¿hubo revisionismo histórico?
Totalmente. Revisionismo, relecturas, reinterpretaciones todas. Era la historia de las revoluciones desde los años treinta en Asturias que fueron muy potentes. Tuve la suerte de hacerla cuando los testigos estaban vivos. Entrevisté a 400 personajes que vivieron la historia y que luego se fueron muriendo lentamente. Tuve la fortuna de pescarlos como testigos.
Ha tocado bastante también la historia de México, sobre todo desde la biografía...
Sí, he escrito la biografía del Cura Hidalgo, de Mariano Escobedo, de Pancho Villa... la historia de México me apasiona, sobre todo porque cada vez descubres que el pasado no es algo remoto, sino que es una referencia del presente. Estamos en un momento clave en América Latina, un momento de viraje pendular hacia la izquierda, después de haber salido del horror del neoliberalismo. Ahí está de frente la celebración del bicentenario de las independencias. ¿Cómo las vamos a celebrar? ¿Como pasado muerto, nombres de calles, estatuas horribles con personajes alambicados, tiesos, que no dicen nada? ¿O vamos a hacer un verdadero esfuerzo por recobrar la independencia?. Tenemos que independizarnos del Banco Mundial, de la asesoría permanente del Big Brother Norteamericano. Hoy la palabra independencia sigue teniendo contenido y sentido.
¿De dónde sale ese México melodramático que se expresa audiovisualmente?
Eso pasa porque no teníamos el tango (ríe). Si lo hubiésemos tenido, esos problemas no habrían sucedido. No nos quedó otra que el melodrama.